Hace veinticinco años tomé posesión, rebosante de ilusión, como Funcionario de la Junta de Andalucía. En mis informes consta el anagrama de la Junta de Andalucía. Mi ordenador, el almanaque del despacho y todo el material me recuerdan que uno es servidor público de la Junta de Andalucía.
Pero he dejado de creer en la Junta de Andalucía. Y, en general, en el mastodóntico entramado autonómico, presupuestariamente insostenible.
Lo digo abierta y francamente, sabiendo que no es la mejor carta de presentación de un funcionario andaluz. Pero se asombrarían mis lectores si constataran que esto que comento lo comparten la gran mayoría de mis compañeros.
Basta con tener dos dedos de frente…
Diecisiete autonomías, diecisiete. Diecisiete reinos de taifas, diecisiete, celosos de sus competencias, prestos a enfrentarse con la Comunidad Autónoma vecina si se sienten levemente invadidos o solapados en su ejercicio. Penoso el conflicto entre Andalucía y Extremadura por el cauce del río Guadalquivir. Una pesadilla la fricción de Andalucía y Murcia a cuenta de unas hectáreas de terreno en su entorno fronterizo. ¿Sigo…?
Diecisiete Parlamentos, diecisiete. Diecisiete Consejos Consultivos, diecisiete. Diecisiete Cámaras de Cuentas, diecisiete. Diecisiete Defensores del Pueblo, diecisiete. Diecisiete Servicios Centrales de Gabinetes Jurídicos, diecisiete… y un sinfín de Consejerías con sus correspondientes Delegaciones Provinciales, un sinfín. Engrosado todo ello por la patética «administración paralela», trufada de agencias y organismos de todo pelaje, en la cual la Junta de Andalucía gana por goleada. Sírvanos de consuelo que, al menos, no tenemos el dislate de las embajadas, como sucede en la Generalidad de Cataluña. Menos mal. Lo que nos faltaría ya.
Adobemos lo anterior con los chiringuitos creados al albur de la perversa ideología de género, con sus portavoces y portavozas, y sus miembros y miembras, qué guay el 8 de marzo y háganme ustedes, señores/as funcionarios/as informes de género/génera para vestir el muñeco y que nos endosen lo más grande en forma de subvenciones y prebendas, que somos colegas y colegos.
Un servidor, aunque indignado, ya está curado de espanto, sabiendo que la administración sigue igual que dos siglos atrás, considerada como un botín de guerra por el ganador de las elecciones.
Ahí tenemos los cargos de Directores Generales, Secretarios Generales Técnicos y puestos de libre designación, copados por amigotes ajenos a la administración pero serviles al Gobierno autonómico de turno, metiendo sus zarpas en asuntos cuya resolución requeriría de la profesionalidad que sólo puede aportar el personal funcionario.
Enchufados del ámbito político en puestos directivos de estructura, que atenderán a la voz de su amo aunque ello suponga meterse en contramano de la legalidad, conservando así su sillón e impidiendo, de paso, la promoción profesional de los funcionarios de carrera, los más legitimados para ejercer los cargos que les birlan los que tanto hablan de democracia e igualdad.
Uno ha sido testigo de encuentros de Consejeros andaluces con sus homólogos de Madrid y de Castilla y León, todos con ínfulas de Ministros, como si fueran reuniones de alto estado.
Un menda ha hablado con empleados de la Unión Europea, que insisten en la dificultad que les supone relacionarse con España, por la amalgama de diecisiete reinos autonómicos ¿A quién se dirigen?, ¿Cuál es el interlocutor fiable?
Somos muchos los funcionarios convencidos de que deben realizarse las modificaciones legales pertinentes para que la administración del Estado centralice progresivamente todas las competencias constitucionales, asegurando la igualdad de los españoles, sin agravios comparativos en función de la región en la que residan, con el inmenso ahorro presupuestario que ello conllevaría.
Soy Funcionario de la Junta de Andalucía. Soy andaluz y amo a Andalucía y a su legado cultural e histórico. Pero el 28 de Febrero no me calzo una bandera blanca y verde ni celebro el día de Andalucía.
Y me trae al pairo el injusto sambenito de fachas que nos cuelgan alegremente los pelotas del poder. Los que se dejan llevar por el pensamiento aborregado y políticamente correcto de un falsario país andaluz.
Cada vez somos más los que enarbolamos en el alma la única bandera. La bandera roja y gualda. La bandera de nuestra patria y madre. La bandera de España.
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com





