Cada fin de semana aparecen plazas, paseos, calles…llenas de cristales rotos, productos de botellonas y peleas y enfrentamientos de una juventud que, ejerciendo de manera mal entendida su derecho a reunirse, lo que hacen es agredir, molestar y llenar las ciudades de grupos de adolescentes y jóvenes que se creen los dueños de todo y que arrasan con todo y todos los que se opongan a sus formas de «entender» la vida, exigiendo Derechos y obviando Obligaciones, sin educación, respeto ni valores…una juventud vacía, producto de unas madres que tiraron la toalla y decidieron hacerse independientes y tener su propia identidad, a costa de dejar a sus hijos en el desamparo y el vacío de un precipicio que separa dos generaciones. Y ya no hay marcha atrás…los cristales rotos inundan la sociedad y la sociedad está a merced de ellos…
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