Una de las plantas más abundantes en toda la cuenca mediterránea es la que le da nombre a este artículo, cuya flor es similar a la conocida lavanda; de hecho, ambas pertenecen a la misma familia. También denominada espliego, la alhucema es popular por sus propiedades antisépticas, ya que ayuda a combatir infecciones.
Debían de haber muchas en el Rif, porque ese fue el nombre que se le dio a un peñón y también a una ciudad costera del norte de Marruecos fundada en 1926 por España como Villa Sanjurjo, donde aún se puede apreciar una notable huella hispánica, sobre todo en el Instituto Miguel de Jovellanos, edificio de estilo neonazarí, y en el cementerio español, con sus mausoleos de azulejos blancos
Pues bien, allí tuvo lugar una gesta militar histórica de la que este año se va a cumplir un siglo, y que, ojalá me equivoque, pasará desapercibida para muchos españoles: unos por mera ignorancia y falta de atractivo, y otros por intereses espurios que les llevan a omitir la celebración de cualquier efemérides que se salga de lo políticamente correcto, no se vayan a molestar al otro lado del Estrecho de Gibraltar.
Situémonos en el contexto: años veinte del pasado siglo. El líder rifeño Abd-el-Krim ha infligido severas derrotas a las tropas españolas en el norte de África (mucho está tardando mi admirado Pérez Reverte en escribir una novela sobre el desastre de Annual, en julio de 1921), y no sólo a España, también Francia vio como sus batallones sufrieron aproximadamente 6.000 bajas en la defensa de Fez, la capital de su protectorado entre 1912 y 1925.
La situación obligó a un encuentro de alto nivel entre los dos grandes países europeos, y por ello el mariscal francés Petain se reunió con Miguel Primo de Rivera, quien le convenció de llevar a cabo una operación anfibia que desembarcaría una fuerza española de 18.000 militares (una división) en la bahía de Alhucemas, concretamente en la playa de Ixdain, el 8 de septiembre de 1925, bajo bandera roja y gualda en una operación terrestre, naval y aérea, al mando de los generales Sanjurjo, Fernández Pérez y Saro.
El éxito de esta operación trajo varias consecuencias importantes que paso a detallarles: la primera, la derrota final de Abd-el-Krim y la proclamación del final de la guerra de Marruecos (en España se hablaba de la guerra de África) el 8 de julio de 1927; en segundo lugar, la contribución al tránsito hacia el nuevo Estado de Marruecos en 1956, zanjando de raíz la posible fragmentación de lo que luego sería su territorio, pues incluyó el Rif como una provincia y no como un pequeño Estado independiente; por último, esta victoria facilitó el asentamiento de Francia en su protectorado, cuando sólo había colaborado al desembarco con un pequeño apoyo naval.
Hay otro aspecto que no podemos omitir: cualquier español debería sentirse orgulloso de que este desembarco se estudiara en las academias militares de todo el mundo y sirviera como referencia a los Estados Unidos en el desembarco de Normandía el 6 de junio de 1944, o en los sucesivos desembarcos realizados en las islas del Pacífico en su contienda contra Japón durante la Segunda Guerra Mundial.
Es una pena que no contemos en nuestro país con un productor como Steven Spielberg o un actor como Tom Hanks, que dirijan y protagonicen respectivamente una súper producción como la de “Salvar al soldado Ryan”, para relatar este episodio, pero más triste aún es contemplar el desinterés por nuestra Historia, con sus luces y sus sombras, en esta ocasión en el para muchos “ominoso” periodo de la dictadura de Primo de Rivera, y más tratándose de una guerra como la de África, donde encontraron la muerte tantos jóvenes españoles de toda clase y condición. La redención en metálico (librarse del servicio militar pagando dinero) había sido suprimida en España, mediante la ley de Reclutamiento y Reemplazo de 1912, una década antes.
Volviendo a nuestros días, observamos varios condicionantes en nuestras relaciones con el vecino del norte de África: la recurrente reclamación de la soberanía de Melilla y Ceuta, que, como sabemos, pertenecen al Reino de España desde 1497 y 1580 respectivamente, con la duda de si el paraguas de la OTAN las cubre o no, ya que, según sus estatutos, defenderá “los territorios que formen parte de Europa (¿física o política?), Norteamérica o las islas bajo jurisdicción de cualquiera de las partes en la zona del Atlántico Norte por encima del Trópico de Cáncer”. Una mayor cercanía del gobierno de los Estados Unidos con Marruecos, que no ha parado de rearmarse en lo que va de siglo por sus difíciles relaciones con Argelia, que con España. Finalmente, una preocupante falta de cultura militar en nuestro país, donde todavía se sigue identificando al ejército con los “fachas”, y que ha dado lugar a un pacifismo buenista en gran parte de la población española (mientras que varios países europeos se plantean la vuelta del servicio militar), y a una juventud de entre 20 y 35 años que afirma que estaría dispuesta a coger las armas para defender su país en un porcentaje del 21 % (en Marruecos un 94 %), según un informe reciente de Gallup. El cóctel de la celebración está servido. Les invito a reflexionar sobre el nuevo escenario mientras lo disfrutan.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Queridisimo Alberto:
Como todos los anteriores (y los que han venir), este articulo sobre Alhucemas me llega hondo porque me parece que mi padre estuvo alli porque eran sus años de su mili.
Abrazos para todos y esperemos los primeros compases de tambores y cornetas, de los que me despego en toda la Semena Santa.
Pepe
Perdona Alberto, me pasá por alto el adverbio de negacion «no me despego…»
Más abrazos, Pepe