Andalucía es la segunda comunidad con más paro en España, después de Extremadura, con casi el 21% de su población laboral en situación de desempleo. El paro juvenil es incluso superior, ya que se sitúa en el 25%. En el Canal Sur hay un bonito programa titulado Andaluces por el Mundo, en el que aparecen personas felices, la mayoría jóvenes, que viven en países exóticos y que están encantados de residir allí. La función de este programa es maquillar la triste realidad de que nuestra gente, incluidas personas muy preparadas, se tienen que ir de nuestra tierra para poder desarrollar una vida laboral digna. Hablamos de médicos, enfermeros, ingenieros, biólogos, empresarios y simples empleados… que no encuentran oportunidades aquí. En Andalucía había un drama con la emigración a mediados del siglo XX y mira que nos dieron la tabarra con eso. Pero hoy, medio siglo después, con autonomía y gobierno propio, lo sigue habiendo, y a todos les parece de perlas.
La agricultura andaluza conserva algunos de sus problemas tradicionales, como son la estacionalidad o la escasez de agua para regadío. En cambio, una de sus taras más denunciadas antiguamente, como era la concentración latifundista de la propiedad de la tierra, ahora se ha descubierto que realmente no tenía nada de problemática. Pero nuestros políticos, desde que llegó la democracia, no solo no han tenido ocasión de hacer más infraestructuras hidráulicas, sino que ahora están empeñados en destruir las que tenemos para “dejar los ríos fluir”.
La vida rural en Andalucía está en gran medida estrangulada por las imposiciones ecologistas de Bruselas y por la competencia desleal de productos que vienen de Marruecos y de otros países tercermundistas, que carecen de normativa sanitaria y que tienen costes laborales ridículos. Además, aunque tenemos grandes contingentes de personas que viven de subsidios públicos, los empresarios se las ven y se las desean para encontrar mano de obra en muchísimos cultivos. Pero lo más grave es que no hay relevo generacional y que muchos agricultores se plantean poner paneles solares y abandonar la producción agraria. Una realidad verdaderamente dramática a la que no se le está prestando atención.
El peso de nuestra industria continúa estancado en torno al 12% del PIB y comparativamente seguimos entre las regiones de España más desindustrializadas. La energía cara, los altos impuestos, la burocracia asfixiante y la falta de competitividad siguen lastrando un sector que nunca ha acabado de arrancar en nuestra tierra. Y que no va a despegar mientras se mantengan esas condiciones.
El comercio a gran escala tampoco está remontando y últimamente hemos conocido la preocupante noticia de que el puerto de Tánger ha superado al de Algeciras en operaciones y volumen de contenedores.
Realmente, vivimos del turismo y tenemos claro que hay que seguir apostando por él. Aunque también todos somos conscientes de las limitaciones que tiene este sector: “turistificación” del centro de las ciudades, escaso valor añadido, esquilmación de los recursos… Habría que exigir de nuestros agentes económicos un poco de creatividad para diversificar la receta turística, no sea que acabemos con la gallina de los huevos de oro. Pero para muchos, el problema de Andalucía es que hay demasiados turistas y muy pocos inmigrantes ilegales, a los que debemos importar masivamente para empezar a parecernos a París, Berlín y Londres. ¡Antes europeos que sencillos!
La natalidad en Andalucía, aunque está ligeramente mejor que en otras zonas de España, está muy por debajo del índice de reemplazo generacional, lo que anuncia un irremediable invierno demográfico a corto plazo. El desmesurado peso de las pensiones y del coste sanitario de una sociedad envejecida será una losa insoportable para las magras generaciones de jóvenes, a los que les vamos a dejar unas infraestructuras obsoletas y una deuda pública impagable. Un panorama muy negro, si queremos ser sinceros.
Mientras tanto, tenemos listas de espera en Sanidad de las más altas de España, problemas de vivienda incluso en ciudades menores y pueblos, una educación ideologizada y de escasísima calidad y una universidad absolutamente irrelevante, muy lejos de los estándares de valoración de las más avanzadas del mundo.
Los políticos que nos gobiernan siguen engordando la Administración y están encantados de gestionar este lento naufragio con una pizca de salero, según nos inspiran desde los informativos de la tele andaluza. Ese arte y ese duende que tiene Don Juanma y que lo convierten en una mezcla de Churchill y el cardenal Cisneros, sobre todo si lo comparamos a la plaga bíblica corrupta y antiespañola que campea en la Moncloa, con Koldos, Ábalos, Yolandas, Puigdemones y Oteguis.
Ahora, en las noticias del Canal Sur nos anuncian alborozados la maravillosa noticia de que Juanma Moreno va a ser presidente del Comité Europeo de las Regiones, turnándose con una señora socialista. Y que, a partir de ahora, una de sus prioridades va a ser meter en la escuela el “habla andaluza”, para que nuestros niños aprendan a hablar como la Antonia y Paco el de los Morancos, gran objetivo educativo.
Como en el Titanic, la orquesta debe seguir tocando hasta el final.





