En el Pleno del Ayuntamiento del 19 de noviembre de 2020, un micrófono abierto reprodujo las gruesas palabras dirigidas por nuestro Alcalde hacia una mujer, representante vecinal de la entidad ecologista “Ni un árbol menos”, así como hacia sus asociados:
“ESA está ahí”, “¿ÉSTA?… ESTA ES UN PELIGRO PÚBLICO”, “HABRÍA QUE HABERLOS MATADO”.
Todos los vecinos de bien consideramos que este hecho reviste una enorme gravedad, no solo por tratarse de expresiones intolerables pronunciadas por la mayor autoridad en el ámbito local de un municipio como Sevilla, cuya provincia ostenta la capitalidad de Andalucía, sino también por las circunstancias que acompañan a este penoso suceso y que a nadie se le escapan:
– La dignidad de cualquier mujer exige que su tratamiento hacia ella cumpla con un umbral mínimo de respeto. Las expresiones “ESA”, “ESTA”, denotan una actitud de supremacismo, de prepotencia, de arrogancia y de carácter machista (sí: de carácter machista) por parte de nuestro regidor.
Aunque tales expresiones se viertan en una conversación privada, la referencia a una ciudadana ha de ir acompañada, ineludiblemente, de la palabra «Mujer», “Doña” o “Señora”.
– La definición de dicha mujer como “UN PELIGRO PÚBLICO” evidencia la falta de empatía del Alcalde hacia los cientos de vecinos que participan en el tejido asociativo, en las Juntas Municipales de Distrito, en las Comisiones municipales, en los Consejos sectoriales, en los presupuestos participativos para dotar de equipamientos a los barrios sevillanos, en los Consejos escolares, etc, etc, etc … ; sencillamente porque sienten la honda necesidad de implicarse en el progreso de nuestra bellísima ciudad, para hacer de ella un ejemplo de convivencia y un modelo de buen hacer en la gestión local. Y todo esto de manera totalmente altruista, sin percibir un euro por su trabajo abnegado y anónimo, todo sea por Sevilla.
Este tono prepotente y despectivo hacia una mujer representante de una asociación comprometida y reivindicativa, supone que cualquier vecino que, al amparo de su libertad de expresión, critique respetuosa y abiertamente aquellas gestiones municipales que estime deficientes, va a pasar a ser considerado “persona non grata” para el Alcalde, que únicamente alabará a los cuatro pelotas y sumisos de siempre, incapaces de decirle al careto que este barrio también es mío, con la merma que ello conllevará en el bienestar social, tan necesitado de gente con redaños para largar las verdades del barquero ante quien se encarte.
– “HABRÍA QUE HABERLOS MATADO”. Da vergüenza incluso repetir esta expresión, que por sí sola ya refleja la actitud de ira de la persona que la pronuncia, camuflando malamente un trasfondo de odio y de violencia frontalmente incompatible con la democracia, con el alma, con el sentir y la identidad de Sevilla, en cuyos vecinos son rasgos sobresalientes la cercanía y la humanidad con cualquier persona.
En cualquier caso, no tenemos miedo. Los sevillanos Alberto y Ascen (¿los recuerda, señor Espadas?) nos dejaron un legado de valor ante el matonismo y la intolerancia. Adelante, mándanos matar. No tenemos miedo.
– En los anales de la historia del Ayuntamiento de Sevilla no encontramos ni una actuación similar de desprecio y de desafección hacia la ciudadanía por parte de uno solo de nuestros alcaldes. Claro que han tenido errores, muchos de ellos de bulto. Pero nunca, jamás, ninguno, ha sido sorprendido con expresiones tan burdas, minusvalorando a los vecinos que participan en hacer de nuestra ciudad un lugar mejor, más habitable, más justo y humano.
– Estas expresiones no fueron vertidas en el acaloramiento de un debate, en la batalla oratoria de un Pleno, sino que fueron proferidas por el Alcalde en un receso, hallándose totalmente tranquilo, justo tras haber finalizado la sesión plenaria y con carácter previo a la intervención de las entidades vecinales. No es de recibo, por tanto, alegar que a cualquiera se nos pueden escapar este tipo de descalificaciones.
– Es cierto que Don Juan Espadas ha pedido disculpas públicas por este hecho intolerable, pero las palabras milimétricamente medidas en tales excusas de chichinabo y de paripé, valiéndose de un lenguaje políticamente correcto y calculadamente ambiguo, ofenden a cualquier persona con dos dedos de inteligencia, como lo prueba el hecho de la lógica indignación que persiste en los miembros de la entidad ecologista y, en general, en todas las asociaciones vecinales.
Bien conoce el Alcalde que son los ciudadanos quienes realmente sostienen con sus impuestos el entramado administrativo local y quienes pagan a sus servidores públicos. Tenemos ejemplos de dimisión de representantes políticos por hechos menos relevantes. Y todos sabemos que en política no basta con pedir disculpas, sino que hay que dar un paso más allá, acorde al respeto que demanda la vecindad: renunciar a seguir ejerciendo como representante público. Dimitir.
No hay opción posible, señor Alcalde. No le ampara el pueblo ni puede esconderse en el silencio de los corderos de su equipo de gobierno municipal, que por la boca muere el pez y por un micrófono chivato también.
Presente su inmediata dimisión y abandone su cargo de Alcalde con la cabeza bien alta. De lo contrario, pasará a la historia de Sevilla, tirando alto, como regidor de una comparsa de carnaval. Haga pública ya su dimisión, salvaguardando así su honor y, de paso, la dignidad de Sevilla.





