Me he topado en Sanlúcar de Barrameda con varios carteles anunciando un acto flamenco dedicado a Rafael Alberti, en el Teatro Muñoz-Seca, del Puerto de Santa María. ¿El día? Hoy mismo. A las ocho y media de la tarde. El espectáculo se titula “Alberti. Flamenco entre versos” y está dirigido por el bailaor José Leiva.
Para mí ha sido una sorpresa encontrarme esos dos nombres juntos, tan cerca, sin que aparezca lo que el primero hizo con el segundo, cuando la guerra incivil. Y me ha dado alegría ver los nombres tan juntitos con el flamenco de por medio. Que los dos estudiaron en “el colegio de los poetas”, el San Luis Gonzaga del Puerto. Y es que lo que separa el hombre y sus debilidades lo une el mundo del arte. Qué alegría más grande.
A ver si de una vez se hacen las paces entre los muchos albertis que andan por ahí pidiendo “guerra, guerra, guerra” y el dramaturgo portuense, “padre de nueve hijos, acusado de ser católico, monárquico y antirrepublicano” y autor de “El roble de la Jarosa”, “La venganza de don Mendo” o “Las hazañas de un pícaro”, por ejemplo.
Los muros se tiran, que trizas quedó hecho el de Berlín. Se pueden derribar, claro que sí. A fuerza de compás y de arte todo se puede. No hay que acudir a firmas y sombras del árbol que más cobije. Que seguro que don Pedro habrá perdonado a Rafael Alberti tanta checa y tanto Paracuellos del Jarama. Que el poeta de “Marinero en tierra” le dijo a su hermano Vicente, que le pidió que intercediera por el paisano Muñoz-Seca, para que no lo fusilaran: “Vicentito, deja de darme la lata con Perico Muñoz-Seca. Lo fusilamos ayer”. Luego diría en una de aquellas fiestas de lujos y canapés de los caros, ante las que se reveló Miguel Hernández: “Señoras y señores, compañeros, camaradas. Mi joven amigo, Santiago Carrillo, me acaba de comunicar que hoy ha muerto uno de nuestros mayores enemigos, el católico, monárquico y fascista Pedro Muñoz-Seca. ¡Gajes de la guerra!”.
Por eso, cuando he visto los dos nombres uno junto al otro, he sentido alegría. Una alegría contenida pero sincera. Que lo que separa la guerra lo une el flamenco. Que ya lo dijo Valle Inclán, con la manga de la chaquete hueca: “Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro”. Por eso, es la hora de galopar, “hasta enterrarlos en el mar”. Hasta enterrar tanto odio y tanta mala leche.





