Para llegar a ser Papa, hay que ser elegido en una reunión llamada Cónclave entre el clero o los laicos católicos, si bien es necesario tener al menos treinta y cinco años y haber estudiado en la Universidad los cursos de Sagrada Escritura, Teología o Derecho canónico. Normalmente estamos habituados a que sea un cardenal el elegido, pero puede serlo también un obispo, sacerdote o diácono, como representantes del clero.
Es curioso que los dos últimos Papas hayan pertenecido al clero regular y no al clero secular, términos parónimos entre los que hay diferencias. A ver, el secular es el que vive en el ‘siglo’ -del latín saecolum-, con el significado de estar en medio del mundo, con obediencia a su Obispo, mientras que el regular es el que comprende a los miembros de una comunidad religiosa que se rige por una ‘Regla’, de ahí su nombre, que profesan los votos de pobreza, castidad y obediencia, reconduciendo esta a quien hace cabeza en su congregación.
A lo largo de la Historia, han sido treinta y cuatro cardenales pertenecientes a veinte órdenes religiosas los elegidos entre el clero regular, siendo los benedictinos con diecisiete, los más numerosos, seguidos de los franciscanos y dominicos, seguidores de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán respectivamente, con cuatro, cistercienses con dos y, finalmente, jesuitas y agustinos, seguidores de San Ignacio de Loyola y San Agustín de Hipona, con uno.
Cada una de estas órdenes encarna un carisma -derivado del latín charis que significa gracia- fruto de la acción del Espíritu Santo cuya entrega a la iglesia acabamos de conmemorar en Pentecostés. El Pontífice no puede dejar atrás su vocación a la pertenencia a una orden, y es por ello por lo que no está de más profundizar en el espíritu que mueve a la congregación a la que pertenece nuestro nuevo Papa. En Sevilla, sin ir más lejos, todos recordamos como Monseñor Carlos Amigo, último cardenal con el que contó la sede de San Isidoro, en ningún momento dejó atrás su condición de franciscano.
Llegados a este punto, está claro que al asumir el ministerio petrino, se transforma en Pastor Universal de toda la iglesia, es decir, del Cuerpo Místico de Cristo, y debe actuar guiando a una grey plural en su composición pero unida por un mismo Espíritu (“Creo en la Iglesia que es Una, …”).
Venimos de un Papa jesuita, la mayor orden del mundo, con más de 14.000 miembros distribuidos en más de 110 países, orden que se caracteriza desde su fundación por poseer un extraordinario sentido organizativo, adaptarse a los cambios, y haber dado pasos hacia la inculturación en todas sus misiones, adaptando el Evangelio a las culturas locales e incorporando elementos de esas culturas a la vida de la Iglesia. Para la Compañía de Jesús “todo el mundo le ha de ser casa”. El jesuita está llamado para discurrir y hacer vida… donde se espera más servicio de Dios y ayuda de las almas.
León XIV ha sido el primer Papa que leyó su alocución el día de su elección: los tres anteriores (Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco) la pronunciaron sin guion escrito, y en ella recordó que es hijo de san Agustín. Su orden cuenta hoy con cerca de 3.000 miembros presentes en 47 países, y su triada carismática principal es misionera, educativa y hospitalaria, frente a los jesuitas, caracterizados por sus carismas misionero, educativo e intelectual.
Es curioso que siendo San Agustín un santo a caballo entre los siglos cuarto y quinto, su orden no se fundara hasta ochocientos años después de su muerte, siglo XIII, mientras que la Orden jesuita se fundó en vida de San Ignacio en 1534. También resulta llamativo que a los tres votos corrientes, los seguidores del santo guipuzcoano unieran un cuarto de obediencia al Papa, que no lo tiene ninguna otra orden.
El santo español debe su transformación espiritual de soldado del ejército a soldado de Cristo, a una herida sufrida en batalla y a la lectura de vidas de santos en la convalecencia, mientras que en la del santo de Hipona jugaron un papel fundamental su controversia con San Ambrosio, obispo de Milán, y, sobre todo, las lágrimas derramadas por su madre, santa Mónica, para su conversión.
Echando la vista atrás, Francisco será recordado entre otras cuestiones, por su fuerte compromiso social y su afán por transformar las estructuras eclesiásticas. ¿Qué nos deparará el Pontificado de León XIV? Nunca mejor dicho: Dios dirá, y a nosotros, los católicos, nos toca orar por él, amarle y escucharle,
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Así sea Alberto, en este caso, más que comentar, tengo que agradecer la clase «exprés» recibida sobre tipos clericales y órdenes ( sólo sabía de San Ignacio por encima ). Sea cual sea la faceta en la que se enfoque Su Santidad, deseamos que sea para bien de todos que mucha falta hacen. Muchas gracias ¡¡¡
Maravilloso análisis histórico , desconocía tantos detalles , agradezco mucho que nos ilustres constantemente. Este tema me despierta mucho interés ya que como católica sigo de cerca al Papa y sus actividades . Este nuevo Papa nos trae una visión diferente y espero que nos guíe en la fe como sus antecesores , rezo por él .
Un cordial saludo