
Dicen que fue allá por el siglo XIV cuando la Iglesia comenzó a celebrar San José el 19 de marzo; fecha que en el siglo XX también acogería en España y otros países, el Día del Padre. Fiesta con lógico arraigo infantil, pero en que los hijos de cualquier edad aprovechan para felicitar a sus padres… hasta que llegó el vendaval del progresismo woke, donde la condición masculina está sometida a continua revisión y condena, por uno de los dogmas ultrafeministas más queridos: que todos los hombres somos presuntos culpables y maltratadores en potencia, debido a nuestra infame condición machirula.
Como consecuencia de ello, lo del Día del Padre ha empezado a sonar mal a los castos oídos progresistas, y ya anuncian los turbios clarines de su gélido coro, que convendría sustituirlo por el «Día de la Persona Especial», sea ésta un primo, una tía, un amiguito de mamá o sabe Dios quién. El contundente argumento para el cambio, que significaría la desaparición de toda referencia a San José en este día, es que ahora hay niños cuyo padre ha fallecido, familias con dos mamás y sin papás, etcétera. ¿Otra chorrada más sin recorrido? No lo crean.
Cuando hasta el comunicador estrella de la emisora de los obispos ha calificado la idea como «llena de sentido común… y una buena alternativa», y dado el espíritu que impera en nuestra Conferencia Episcopal de no molestar al progresismo, sería aconsejable que el bueno de San José, al menos en España, fuera buscándose otra fecha para celebrar su merecida fiesta.





