Cuando hemos vuelto a tener contacto entendí tu desilusión por la sociedad, sus vicios, su corrupción y tus desengaños. Sin embargo noto unos cambios de carácter parcial, con las que no comulgo, pero que te respeto inmensamente, y que por supuesto no voy a intentar convencerte, sino exponer la versión que tengo de la Historia, y al que se ha llegado a desembocar, porque la Historia, pienso yo, no es elegir lo que una cultura sectorial margina en favor de sus propios intereses o conformismos.
Los colectivos humanos siempre han estado compuesto de una masa dúctil por un parte y otra, por un minoría, que por su osadía, su preparación u otras ventajas dominan el panorama de los acontecimientos y se alza con unas fuerzas, por supuesto, siempre en beneficios de sus intereses. No olvidemos que el egoísmo va implícito en nuestro carácter.
Desde la noche de los tiempos, el mortal para cobijarse del miedo que producen, lo que podríamos llamar, fenómenos naturales como pueden ser rayos, inundaciones, fuegos, animales, plantas venenosas y un amplio etcétera, ha re recurrido a entes abstractos que podía salvarlos de su impotencia, de su debilidad. Y aquí entran, con habilidad, los que aprovechan ese “caos” para llevarlos al cobijo de la salvación.
A medida que las generaciones se sucedían, la sociedad se va conformando de tal manera, que los osados se auto-determinan intercesores entre lo mundano, la masa, y en lo desconocido que comienzan llamarles dioses. Pero está claro que entre esos despabilados hay competencia y definiciones distintas, pero que al final, es lo mismo, porque al final todos pretenden, con su verdad, dominar el cotarro.
Abraham creó el judaísmo, y no tendría nada de particular que proyectó reforzar su pensamiento con la especulación económica, porque seguramente sabía, que con la potenciación especulativa la clientela no le iba a faltar (exactamente igual que ahora). Y comenzando en los bancos públicos (sus primeras oficinas) comenzaran a acumular riqueza de manera más o menos moral.
Pero como en todas partes, hay gente honesta o al menos con otra visión, apareció Sao Paulo que se puede catalogar como el fundador del cristianismo aunque no conociera a Jesucristo, lo que supuso una segregación de los judíos y que comúnmente se denomina secta. De aquí la lucha por defender el cristianismo fue tremenda con mártires en gran escala, como con todos los que pretenden defender unos intereses o unas ideologías.
Hasta aquí nadie habló de un Dios concreto, y fue en el Concilio de Nicea 325 años de la desaparición de Jesús, donde se determina que este judío, no reconvertido, era el Dios de los cristianos, y así darle un poder a los que lo habían acordado, reforzando su planteamiento, imitando a religiones más antiguas, como pueden ser los milagros, el altar, etc..
El distanciamiento entre Jesús, en algunas cuestiones, es bien conocida, pero aún más, cuando Jesús en la Cruz, dijo: “Dios mío no me abandones”, luego no es difícil deducir que Él también se hubiera encomendado a la ciencia, si no fuera porque los escasos conocimientos que existían, no se lo iban a aplicar a “un miserable” como así lo declaró el pueblo, después del triunfo en la Borriquita, por preferir la muerte de Jesús a la de Barrabás.
Luego el nombramiento de Jesucristo como Dios, fue invento de los que catapultaron uno de los negocios más grandes de la Historia, porque cabría preguntarse cómo a partir de Jesucristo, que murió por los pobres y junto a los pobres se llega a los oros desde el Vaticano hasta el último rincón de las sacristías, o como las grandes alfombras, los artísticos sillones, los sitios preferentes son para los poderosos, o como los Papas han apoyado en todos los sentidos las más atroces guerras ( como más vivo y reciente de nuestra Guerra Civil) con la bendición de Pio XII. Nada de eso tiene importancia con tal de que el patrimonio siga reforzándose: Un ser humano vale muy poco, con tal de defender lo que a mí me resulta indefendible.
Muchos hombres y mujeres con familias enteras fueron más perseguidos que el propio Jesucristo, y si nadie duda de la heroicidad de Jesús de Nazaret, nadie debería dudar de aquellos olvidados intencionadamente, en pos de la “Marca Registrada”.
Me gustaría que en este aspecto me aclararan las ideas sin el latiguillo de la fe, sino de la razón por la vía directa de Dios-persona, sin más negocios, miedos, tradiciones, sobre la que sustentamos un vivir escasamente analizado.
Gracias a esa generosidad. Sería una buena obra de caridad.





