En mis legendarias guerras púnicas con la RAE, me encuentro con que ha despreciado la castellana palabra “ciezo” que es la parte final del ano o culo del cerdo, donde se embuchaba debidamente limpio el salchichón. El salchichón carece del glamour de su primo el jamón ibérico, ni tan siquiera tiene el don de gentes del lomo, ni el sex appeal de su hermano el chorizo por supuesto carece de la fuerza racial de la morcilla. Podría decirse que es como un pariente pobre de los embutidos y sin embargo en la vieja Castilla, se picaba lo mejor de la carne a la que se alegraba con las consabidas bolas de pimienta negra, y que le conferían ese agradable sabor y aunque no tanta seducción como el Chorizo ibérico, la gente lo compra al final, y es uno de lo que más acaba gustando a pequeños y mayores. Pero el ciezo fue y será siempre la tripa del culo del cochino matancero en la vieja Castilla, cuna de sabores patrios, de buen hacer chacinero y de experimentada solvencia en el ensayo de sabores derivados del adobo matancero.
A cambio, la RAE, con ese eslogan de Míster Popper, Fairy o Viakal , de «Fija, Limpia y da Esplendor», compra la versión más económica, que es la gaditana “Sieso”, que vendría a ser un localismo más económico y vulgarizado, como si de KIRIKO se tratara, que es, digamos, una marca más económica. Y con ello, además de la primera definición, que es igual que «ciezo», usa la gaditana “sieso” para definir al tipo antipático y desagradable.
Sieso, viene a ser sin duda un robo lingüístico a la vieja Castilla, para invertirlo en la Andalucía siempre olvidada, algo así como el pago de la deuda histórica y como ya como pasó con la palabra Gilipollas, que se la dio a la madrileña capital, cuando la etimológica raíz del mismo fue “jilipoyas”, referido al tonto que regentaba las tahonas comunales de los pueblos.
A Extremadura no nos acaba esta gente de incorporar a los diccionarios de palabras vivas ni moribundas; así, las palabras talandango, santiscario o calapatrisco morirán en la memoria de mi generación, que con tanta veneración nos decían nuestras abuelas para que fuéramos personas mesuradas y racionales. Pero, al parecer, para la RAE, unos vulgarismos son válidos y otros localismos vulgarizan la lengua y conviene perderlos.
Bueno, pues teniendo en cuenta que Sieso, ya tiene visos de legalidad académica, y por lo tanto ha dejado de ser un vulgarismo y se le ha otorgado la cualidad de palabra legal y usable en los cultismos de los poetas o periodistas de gacetillas políticas, ya se podrá emplear para definir a un político, sin necesidad de que el mismo sea calificativo, al haber transformado por arte de los académicos en un sustantivo en toda regla. Por lo tanto, hoy podemos decir de un político que es un “Sieso” en su segunda acepción, como persona desagradable y antipática, después de limpiar los ñordos de la primera acepción o parte final del recto. Así cierta clase política puede ser cochino, culo, ñordo, tripa y al mismo tiempo desagradable y todo en una misma palabra. Yo creo que el día que se discutió hablaban más de política que de lengua e idioma, mientras se entrepetaban unas lonchas de salchichón ibérico. Así ya no erraremos cuando digamos que el señor ministro Marlaska es un sieso, teniendo en cuenta que en propio entripado y debido a la dilatación “siesal” hay que sujetarle los supositorios con un clip o que no es conveniente para él una dieta rica en berzas o judías del barco para no irritarle el sieso.
Igual pasa con el Sr. Pablo Iglesias, que además de ser un sieso, quería irritar el sieso a Mariló Montero, hasta dejárselo infecundo para un entripado de salchichón. Aquí echo yo de menos y vuelvo a criticar a la RAE, porque ya puestos, deberían haber incluido el calificativo “manío”, tan gaditano él, para encumbrar culturalmente a Don Pablo Iglesias y haber dicho que es un “sieso manío”. Pero la expresión no está debidamente autorizada y por lo tanto no puede legalmente aplicarse al candidato madrileño sin ser ofensa o ilegal su uso.
Es “sieso” porque es desagradable y vomita bellotas contra todos sus adversarios, al mismo tiempo que él, tan aficionado a petarle el sieso a las mujeres, es incapaz de mantener un cara a cara con las “chisperas” madrileñas señora Ayuso y sobre todo la señora Monasterio, que se ha podido comprobar que es una mujer que no se asusta y aprieta el sieso, cada vez que el sieso candidato quiere meterla en el salchichón. Y claro, no hay fortaleza de chacina para empujar a la chulapa de Vox, ni a la chulapa del PP. Y ahí le tenemos, como a La Zarzamora, llora que llora por los rincones de las mancebías afines, justificando su impotencia cogundis, en que esto va de fascistas y milicianos, y todo ello porque las “Manolas” madrileñas han enviado al sieso a tomar por sieso, aunque no sea Marlaska.
Yo, como extremeño, como con el AVE, sigo esperando que los señores académicos me incluyan las palabras “Talandango”, “Santiscario”, “Calapatrisco” y “Turuntuntún” para poder decir, como decía mi señora abuela, que el señor Iglesias «no tiene ni tanlandango, santiscario ni calapatrisco y que suelta las cosas al turuntuntún».
Mientras, para no parecer muy rural, tal vez es mejor callarme, no sea que la RAE y los periodistas de gacetillas políticas me señalen por rural y paleto extremeño en la que mi opinión no cuenta y pueda parecer ofensiva o frívola.





