No es errata: es una evocación de las frases interrogativas tal como se escribían en España cuando los teclados de las máquinas no disponían del signo inicial de interrogación. La fórmula correcta en esos casos era emplear el signo final, que ese sí lo tenían todos los teclados, tanto al principio como al final de la pregunta.
Es bueno tener en casa, en el fondo del armario o en algún trastero, algunos recuerdos, papeles, apuntes, algo de los antepasados. No es que haya que perderse en nostalgias enfermizas, eso todos podemos estar de acuerdo en que no es oportuno; debemos vivir en el presente. Pero la tabla rasa que parece que se nos ha impuesto como obligatoria en nuestras casas (espacios abiertos, diáfanos, con mucha luz –como si a nosotros la luz nos escaseara-, sin puertas por dentro, sin paredes… como prohibiendo la existencia de cualquier objeto privado o sentimental), pues esto es peligroso. Podemos olvidar hasta nuestro lenguaje.
Pues a quien tenga guardado, por ejemplo, cualquier trabajo académico escrito a máquina por un padre o un abuelo, o tal vez un cuento o relato corto obra de un aficionado, no muy a finales del siglo XX, le enternecerá probablemente el leer esas frases admirativas o interrogativas, empleando el mismo signo, con el puntito abajo, tanto al principio como al final. (“!Oh!- exclamó el huésped- ?qué me traes aquí?”). El ingenio remediaba la deficiencia material de ciertas máquinas de escribir. Lo que no entraba en cabeza humana era omitir el signo inicial, esa bellísima particularidad de nuestro idioma.
Una puñalada emocional supone, para cualquiera que ame el español, el llegar al aeropuerto de Sevilla, el volver a España después de un viaje, y encontrarse lo primero de todo un gigantesco cartel, totalmente invasivo ahí a todo color en medio del frío blanco de las paredes, que dice: “Sorpréndete!”.
Sin signo de interrogación inicial. Es un bofetón, un chorro de agua fría. Ya habíamos visto el vergonzoso servilismo que invade el aeropuerto: Un “Welcome to Sevilla” así a secas; un “Airport Bus” también a secas… no se molestan en ponerlo en castellano. ¿Y si alguien viene de Santiago o de Tenerife, es que tiene que sentirse extranjero? ¿O un sevillano que regresa? ¿O un alemán o un francés que sabe español y le hace ilusión practicarlo, y enseguida ve que bueno, no tenía que haberse molestado? (“¿Por qué está todo en inglés?”, preguntaba una chica polaca, que hablaba español muy bien, recorriendo con asombro las calles de Sevilla). Ya habíamos constatado ese servilismo (que no se traduce por cierto en facilidades de transporte al centro urbano, siendo el aeropuerto de Sevilla simultáneamente uno de los más cercanos a su urbe en kilómetros, y uno de los más distantes a ella en coste y tiempo). Pero lo del signo de interrogación mutilado es peor.
Es peor porque atenta directamente a nuestra lengua. Insisto: poner las cosas en inglés es servil y absurdo. Pero poner un español mutilado y deformado, eso es peor.
Todavía se puede perdonar la omisión de signos en el lenguaje rápido de nuestros mensajes privados al teléfono. Pero el diseño de un cartel es algo deliberado. Eliminar el signo inicial constituye un atentado absoluto… en fin, algunos lo sentimos como insulto personal.
No es que esto sea enteramente nuevo. En Madrid hace años ya que hiere la vista una terrible publicidad institucional, que reza: “MADRID!”, ahí esas letras, sin signo exclamativo inicial, con su fondo azul. Es una contradicción en sí misma. Un ataque al casticismo, una rendición, un anti-Dos de Mayo.
Y los que usamos vehículos VTC hemos de padecer el mensaje prefabricado, establecido, de “Hola! Voy en camino”. Si se tratara de un verdadero mensaje tecleado a mano por el conductor, podía pasar. Pero es prefabricado, oficial. La omisión es intencionada. ¿Por qué?
Los alemanes decidieron, hace ya multitud de años, que cuando por defecto material (de teclado o de letreros típicos de estaciones y aeropuertos) no se pudiera poner su característica Ü con dos puntitos, o la Ö, pues dichos puntitos se sustituirían por una E detrás de la vocal correspondiente (si no se puede escribir Köln, vale KOELN). Todo menos abdicar de su peculiaridad. En España podíamos haber hecho algo similar con la Ñ (¡una peculiaridad que está hasta en el mismo nombre de nuestro país). Pero no, ¡qué rápidamente nos rendimos, aceptamos el usar, en correos electrónicos, etc, simplemente la N sin más! Incluso a veces, casi presumiendo de esa mutilación, como si la misma nos hiciera “más modernos” (con tono orgulloso informaba un locutor: “Nuestra dirección es lamanana”. ¡Oh, no sean tan catetos de escribir mañana con eñe, que no les va a funcionar!).
Podemos aventurar que muchos de los que suprimen el signo inicial admirativo español, y que si hace falta escriben “Espana” sin más… automutilándose sin necesidad, pues seguramente si en su móvil tienen que teclear un nombre croata o polaco, emplearán su buen ratito en darle bien a las teclas para que quede en perfecto polaco su zeta con acento o su ese con acento también, y todas las peculiaridades de los demás. “Si habla mal de España es español”, ya lo sabíamos, y ahora, “Si desprecia la lengua española, es español”. Lo sabíamos pero no deja de deprimirnos.
Qué ganas de ver un letrero, en cualquier pueblo o aldea, que exclame: ¡BIENVENIDOS! En plural, incluyendo a todos, y bien escrito…






1 Comment
Sra. Cruz:
Su artículo no puede ser mejor; yo soy sevillano y resido en Puerto Rico bajo la influencia gringa. He tenido la suerte de que en mi trabajo como profesor de Matemáticas y Física, en el Colegio San Ignacio y en la Universidad de Puerto Rico, nunca me exigieron expresarme en inglés, aún estando en este ámbito colonial estadounidense. El poco inglés que uso es por las relaciones en la vida ordinaria; sin embargo, aquí, como los puertorriqueños tiene como primer idioma el español, y no hay forma de que llegue a serlo el inglés, cada vez que voy a nuestra tierra, da arriba a abajo, como muy bien usted indica, me repugna tanto inglés metido hasta en la sopa. ¿Es que acaso nuestro idioma español no es infinitamente más rico que el inglés por muy tecnológico y cientifico que sea éste?.
Perdone Sra. Cruz; me he extendido demasiado. Tiene usted mi admiración y respetos, J.L. Garrido