El debate del estado de la nación ha servido para constatar que la legislatura llegará hasta su final, cuatro años, sin más objetivo que detentar el poder. El traidor Sánchez, el suyo, y cada una de las demás formaciones minoritarias -auténtica casquería ideológica de la vieja piel de toro- el que sean capaces de conseguir a cambio de sostener la necesidad del primero. De este tinglado se desprende la situación desnortada del gobierno y por extensión, la de España.
Nuestros problemas se encierran en uno: Que este gobierno está basado en el apoyo de golpistas, independentistas, terroristas, comunistas antisistema y populistas de extrema izquierda. Tenemos otros como el paro, la inflación, el excesivo precio de los carburantes, la pandemia, la vivienda, la educación, los okupas, la unidad territorial, etc, algunos de los cuales son consecuencia directa del problema principal. Contra estos problemas cualquier gobierno lucha de la manera que mejor cree y puede, unos gobiernos tendrán más fortuna en los resultados y otros menos. La gestión, en definitiva, puede ser criticable pero siempre respetable porque la acción de gobierno, por su dificultad, debe tener el beneficio de la duda.
Lo que ocurre en España no es un problema solo de gestión, que también, sino un problema de constitución, no de Constitución sino de constitución del gobierno. El traidor Sánchez ha sido capaz de meterse en la cama -y eso que le quitaba el sueño- con partidos, por decir algo, que solo pretenden destruir, unos, nuestro estado, y, otros, cambiar la historia, leyes e instituciones al gusto de su ideología. Se puede gobernar y equivocarse, pero no se puede formar gobierno equivocadamente.
En un artículo anterior dije que la aportación de Podemos -digamos que hablo de Pablo Iglesias el joven- había sido la propaganda y la violencia. Y ahí siguen sus postulados arcaicos disfrazados de progres, ahora interpretados con las batutas de hueso de unicornio de Montero y Belarra. Eso no es nada al lado de la aportación del traidor Sánchez: El arte de mandar a la mayoría generosa obedeciendo a las minorías expoliadoras.
Es difícil comprender cómo en el partido socialista -Psoe- no haya habido un alzamiento contundente contra las patrañas y barbaridades que está cometiendo su secretario general. Hace unos días, los altos cargos del gobierno conservador de Boris Johnson (y los del partido Tory) se plantaron en la puerta de la residencia del primer ministro y provocaron su dimisión. No creo que si los socialistas españoles de la vieja escuela -la escuela socialista- hubiesen querido tumbar a este sátrapa no lo hubieran conseguido. Pero para eso hay que querer y hay que mojarse y, por todo lo que llevamos visto, aquí no hay voluntad verdadera y decidida para hacerlo. Sin duda lo van a pagar caro. Ya hay un ejemplo en el terreno práctico y no solo en el de las encuestas. Que el PP haya arrasado en Andalucía no solo tiene que ver con la gestión de Juanma Moreno, que también, porque es un político solvente y competente, tiene que ver con un voto de castigo contra las barrabasadas del atrincherado en La Moncloa. Por un simple principio de supervivencia el Psoe -el de la escuela socialista- debería tomar cartas en el asunto. ¿Se acuerdan del poderoso partido socialista francés? Un partido clave para la V República, gobernaba Francia bajo el liderazgo de François Hollande hace dos legislaturas y en 2022 ha obtenido en la primera vuelta el 1,74% de los votos. Esto demuestra que mientras un traidor está encantado de haberse conocido, cagando en el lujoso váter de La Moncloa y repartiendo “chuches” al pueblo, y los enemigos del estado garrapiñan lo que pueden, está socavando los cimientos centenarios de un partido que ha sido decisivo en la vida política de España.
La última infamia del traidor nos deja a todos montados en el tren de alta velocidad del estupor: el espíritu y el relato de los terroristas inspiran leyes que corrigen nuestra sagrada transición. Si alguien -nosotros- no lo impide esto se va, con perdón, a la “mierda”.





