A ningún “cagao” le huele su mierda
Es lo que le ocurre al traidor Sánchez, y por extensión al Partido Socialista y a Podemos (no ha podido) y a Sumar (léase restar) y a todos los que fueron a las urnas, como quien va al cuarto de baño, y los votaron.
La mierda que huele siempre es la de los otros. El PP olía mal, le salía la corrupción por las orejas —decían—, Rajoy fue “fuerte” y miró —por lo visto— para otro lado. Al traidor Sánchez y a su camarilla se les llenaba la boca, por aquel aciago entonces, con declaraciones como que el PP era el partido político más corrupto de Europa. Por eso vino él, el traidor Sánchez, con su ininteligible moción de censura, a acabar con aquella situación intolerable en la que el PP y muchos de sus dirigentes habían sido pillados con el carrito de los helados. ¡Gracias, Pedro!
El fétido olor de la mierda de los otros era por entonces insoportable. El poderoso jabón (con lejía incorporada) de las urnas lo limpiaría todo, y todo comenzaría a oler bien. ¡Gracias, Errejón! Fue como si hubiese venido una florida primavera con la intención de quedarse para siempre. ¡Gracias, Pablo Iglesias! (el joven).
En plena primavera —un decir—, al traidor Sánchez y a su camarilla se le empezó a descomponer el vientre, ya saben, un retorcijón por aquí, un pedo por allá, un apretón inoportuno, vaya, hasta que la mierda comenzó a asomar por el borde de las tazas de los váteres de la Moncloa, de Ferraz, del casoplón de Pegalajar, y del pisoplón de 443 metros cuadrados del Paseo de la Castellana. ¡Gracias, Yolanda Díaz! Pero, ojo, existe una diferencia con la época del gobierno nacional del PP, y es muy simple: ahora, la mierda de los que gobiernan el Estado no huele. Para conseguirlo, el traidor Sánchez y su camarilla, han utilizado un truco recurrente en ellos, usar papel higiénico perfumado. Al principio les funcionó, quizá por ello millones de votantes han metido la papeleta en la urna sin advertir que se llenaban la mano del viscoso elemento maloliente. Recuerden la época, bastante reciente, en la que los súper y los hiper se quedaron sin papel higiénico. No todo el que había en las estanterías estaba perfumado, pero Sánchez y su camarilla tuvieron el mérito —hay que reconocérselo— de convencer a millones de cagones de que todo el papel higiénico estaba perfumado.
Con ese falso buen olor se han ido disimulando muchas cagadas: excarcelación de delincuentes, amparo de los ocupas, indulto de sediciosos, amnistía de los prófugos, contaminación ideológica de las instituciones del Estado, excarcelación de terroristas sanguinarios, ¡a qué seguir! Bueno, una más: el perdón de los Eres. Sin embargo, otros millones de votantes, perplejos, incrédulos con el maravilloso olor de una presunta primavera, vendada con la hoja interminable de papel higiénico perfumado, aguantamos las mentiras como podemos (del verbo poder), resistiendo ante la ya evidente cagalera del traidor Sánchez y su camarilla. Todavía quieren convencer a Europa y a la sociedad española de que el mal olor no es de ellos, sino que aún perdura de la culera de Rajoy.
Los pacientes votantes debemos tener claras algunas cosas:
- Si hay una colilla, han fumado
- Si huele a mierda, es que alguien se ha cagado
- Si alguien niega el olor a mierda cuando vemos el peso del colgajo en su pantalón, él es el cagón
- Una última cosa. Atentos los de la oposición. Olvidaros del truco del papel higiénico perfumado y de las pastillas astringentes. Pero no olvidéis de comer rabitos de pasas, que luego se os olvidan las cosas.




