Se cumplen diez años del caso de la Manada de Pamplona, en que el Tribunal Supremo acabó condenando a cinco sevillanos, visitantes de los sanfermines de 2016, a quince años de cárcel cada uno, por una violación múltiple cometida sobre una chica madrileña de 18 años. Quienes entonces tuvimos el interés jurídico de leernos las 370 páginas de la previa sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra, incluyendo el muy elaborado voto particular que cuestionaba fundadamente la falta de consentimiento de una víctima sin lesiones físicas, nos hicimos una idea bastante fidedigna de lo que pudo suceder realmente y que divergía del relato de los hechos probados declarados por la sentencia. (Y quienes además visionaron algún vídeo de los hechos, fueron aún más tajantes en esta divergencia).
Pero las movilizaciones del poderoso feminismo progresista que luego darían lugar al sólo sí es sí, dieron su fruto ante un caso tan estrella como aquel: una mujer muy joven víctima de cinco desalmados sevillanos, de los que uno era guardia civil y otro militar; (de haber incluido también a un terrateniente y a un torero, aquello hubiera merecido un premio Goya al mejor guion). Y para cargarlo más aún, no faltaron quienes lo presentaban como una especie de atentado forastero contra una sana y popular fiesta interclasista del sano pueblo navarro…
No cabe duda de que aquellos desgraciados se comportaron como unos cerdos, aprovechándose miserablemente de una joven; y que su infamia no merecía que se fueran de rositas. Pero de ahí a que les cayeran quince años de prisión, hay mucha tela del voto particular que ignorar. Y lo que resulta inadmisible es que desde entonces y tras el bombo mediático que se le dio al caso utilizando una durísima sentencia como ejemplarizante, se multiplicasen las violaciones en manada y con terribles daños físicos a las víctimas.
Pero sorprendentemente, comenzaron a ocultarnos la información sobre su número y sobre la identidad de sus nada sevillanos autores.






2 Comments
Desde que el mundo es «nuestro Mundo Occidental» todos supimos que «sólo sí es sí» para cualquier tipo de interacción, no solamente para las relaciones sexuales. Que el feminismo izquierdista haga «bombo mediático» no es de extrañar. El caso presentado se trata de delito y así debe ser considerado. Me pregunto, si no hubo padres o abuelos que desde entonces aconsejasen a los varones que a las mujeres no hay que forzarlas ni vencerlas. Alcanza con seducirlas. ¡Entonces satisfacción completa!
Felicito al sevillano abogado Miguel Ángel Loma por su perspicaz conclusión y le saludo cordialmente.
Muchas gracias, Claudio, por su fidelidad lectora a mis artículos.