¡Buenos días! Confieso que muchas mañanas intento hacerme de la lectura de los periódicos con alguna buena noticia que merezca la pena. Persigo llegar aquí descubriendo entre sus páginas un hallazgo humano con el que creer en el mundo y no caer en la desesperanza de que todo, o casi todo, está perdido, y sin remedio esta situación mundial muy grave, donde los poderosos juegan cada día con más fuego, nunca mejor dicho. Regreso sin nada, me vuelvo de vacío abandonando la tierra inerte de tantos titulares apesadumbrados, en un planeta que no levanta cabeza, pero sí corta y sesga la de los más inocentes. Llego a esta orilla de mis letras más o menos afortunadas tirando de mis recuerdos y escribiendo mis latidos de romántico empedernido. Y me veo como si hubiera pedido a quienes me rodean lo mismo que si estuviera metido en una pelea callejera, aquello que solicitan siempre, queriendo sin querer, los camorristas: «¡Sujetadme, que le doy!». ¡Feliz domingo!





