¡Buenos días! En Sevilla no tenemos Seguridad. Tenemos suerte. Tenemos a la Providencia, al Ángel de la Guarda, a todo eso por lo que acabamos diciendo que no pasan más cosas porque Dios no quiere. Sólo para vigilar el centro hay un único coche patrulla. Se encarga de nosotros la mera casualidad de que no nos crucemos con atracadores. A los peatones y transeúntes, nos salvan de ser arrollados en aceras los milagrosos centímetros que nos separan de veloces patinetes, bicicletas y hasta motos que las invaden. Con un mal porrazo en la cabeza podríamos perder la vida justo allí donde la educación vial nos enseñó a salvarla. Cuando empieza la noche, todo se vuelve aún más peligroso en cuanto una empresa de comidas a domicilio, con nombre de hinchable, lanza a sus encargados en bici para entregarlas a tiempo. No es Sevilla ni su postal. Es un descampado del Oeste en una ciudad sin ley. Pero tengo los trucos para reclamar de inmediato la presencia policial o ver en persona al alcalde y comprobar que lo tenemos. Ya hablaremos. ¡Feliz jueves!





