4.544. Repito: 4.544. Recuerden esta cifra numérica, que expreso ahora en palabras como hacen los bancos, para que no quede un atisbo de duda: cuatro mil quinientos cuarenta y cuatro.
Para los sevillanos que amamos los elementales derechos que deben amparar al ser humano, tal cifra esconde una inmensa dignidad a la vez que un drama de incalculables dimensiones, al corresponderse con el número de los inocentes brotes embrionarios a los que se les ha negado el derecho al océano de la vida en la provincia de Sevilla, en el último año computado por el Ministerio de Sanidad.
Hablando en plata: a uno de cada cinco de nuestros vecinos no lo veremos jugando en el recreo de la guardería ni correteando alegremente por parques y plazas. ¡¡ Uno de cada cinco!!
Este porcentaje consolida una vertiginosa tendencia, impidiendo el relevo generacional y abocando a nuestra civilización a un fin de ciclo, como sucedió con el desmoronamiento del imperio romano, por unas circunstancias de envenenamiento de la moralidad pública y de negación de la humanidad, asombrosamente parecidas a las que hoy nos asfixian.
El 3 de Diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, veremos a mogollón de representantes progres haciéndose selfies junto a usuarios de silla de ruedas, afirmando lo mucho que les importa su bienestar, bla, bla, bla… , sin recordar siquiera que son precisamente las personas con discapacidad las que cuentan con más papeletas para el matarile de interrupción de embarazo antes de llegar al mundo, cuando se detecte en un reconocimiento médico previo que el niño viene con algún condicionante o alteración genética.
La doble moral y el ancho del embudo, arrasando nuestra bellísima cultura del asombro ante la bondad del impulso vital en forma de recién nacido, en la unicidad e irrepetibilidad de cada humano que debería ser bienvenido a ver la luz por vez primera y a aventurarse en su propia biografía. Si es que le dejan.
Pobres progres de pitiminí, a quienes su atrevida ignorancia les hace festejar el hallazgo de una molécula con un soplo de vida en Marte, mientras que niegan el derecho a nacer en aras de una supuesta liberación reproductiva de la mujer, coronando al egoísmo como al dios de la cultura de la muerte. Que ya dice un proverbio chino que «Únicamente existe una causa de todos los males del mundo: pensar que algo me pertenece». Como las señoras de «mi cuerpo es mío», ¿les suena?
Pobres progres de buen rollito tolerante y gaitas, vacilando del ejemplo de Islandia porque allí ya no nacen niños con síndrome de Down, cuando lo cierto es que ello no se debe a avances médicos, sino a que, sencilla y cruelmente, se les deja fuera del juego de la vida, eliminándolos antes del nacimiento, como se arroja a la basura un refresco de cola agotado.
Ancha es la Castilla de los progres para hacerse la foto con niños con discapacidad intelectual o con espina bífida, aplicando todo el rigor para estas mismas criaturas en la fase previa a estar con nosotros, exterminándolos como hacía con ellos el III Reich de Hitler.
4.544 y solo en Sevilla. Quienes creemos en la Vida, con mayúsculas, estamos en franca minoría. Pero estamos, que es lo que cuenta.
Porque ahí tenemos a la Hermandad de la O, con su equipo de acción social rascándose el bolsillo para hacerse cargo de mujeres embarazadas sin recursos, para pagar pañales, colegios e hipotecas.
Y en el ámbito político nos encontramos con nuestros Concejales Cristina Peláez y Gonzalo García de Polavieja, del grupo municipal de VOX, batiéndose el cobre a pie de calle, predicando y dando trigo, apostando de veras por la inclusión real de las personas con discapacidad y defendiendo el derecho a la vida. Actuando así un día sí y otro también. Todo el año y, por supuesto y con plena legitimidad, el 3 de Diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Para que no se arrebate a ningún ser humano, venga o no con discapacidad, su tesoro más valioso y la antesala de todos sus derechos: LA VIDA.





