El 23 de enero de 1995, el terrorismo en España dejó una herida profunda en la sociedad con el asesinato de Gregorio Ordóñez, destacado político del Partido Popular y teniente alcalde de San Sebastián. Aquel fatídico día, Ordóñez se encontraba en el bar La Cepa, acompañado de la entonces diputada María San Gil, cuando un pistolero, vinculando su acción a la organización terrorista ETA, le propinó un disparo mortal en la nuca. Este violento atentado no solo segó la vida de un hombre comprometido con su ciudad y su partido, sino que también simbolizó el clima de terror y opresión que asolaba el País Vasco y España durante los años del terrorismo de ETA.
Gregorio Ordóñez se había distinguido por su valiente defensa de la democracia, la libertad y los derechos humanos en un contexto adverso, donde el miedo dominaba el discurso político. Su compromiso con la sociedad y sus ideales lo convirtieron en un objetivo para los terroristas, que veían en él una amenaza a su agenda violenta y separatista. Su muerte, cobrando la vida de un hombre que abogaba por la convivencia y el entendimiento en un territorio marcado por la división, suscitó una ola de repulsa que trascendió las fronteras de San Sebastián.
Este año se conmemora el 30 aniversario de su asesinato, un momento propicio para recordar no solo la figura de Gregorio Ordóñez, sino también la lucha constante de quienes se oponen a la violencia y la intolerancia. Su legado perdura en la memoria, recordándonos la importancia de construir una sociedad donde el diálogo y la paz sean los pilares fundamentales.





