¡Buenos días, feliz Navidad! 25 de diciembre, fum, fum, fum… Hoy tengo el alma llena de villancicos que me dejó la pasada Nochebuena. Hoy es hoy, es ayer y es mañana. El tiempo sabe hacerse, más que nunca en estas fechas, un equipaje completo, una maleta con ropas de todas mis edades, mientras me miro y sé que ahora llevo puesto el mejor traje de todos los que tuve. Recuerdo todo, perfectamente, para agradecer la vida como la agradece la canción, «la vida que me ha dado tanto». En esta mañana me resuenan con alegría los cánticos de mi tierra, esos cantes de mi Andalucía de campanilleros por la madrugá, y las campanas sobre campanas que una vez llegué a escuchar y hasta a entonar, con un esfuerzo ímprobo de emoción, en la mismísima cueva de los pastores de Belén, allá en Israel. ¡Lo que lloré aquella noche cuando en la aldea donde nació el Salvador del mundo, donde los ángeles tocaron la nueva que nos trajeron, sentí que sonaban los cantos infantiles de mi Navidad española, de mi niñez sevillana en casa de mis padres y abuelos, cuando tuve la voz blanca de un niño en los Maristas! ¡Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres… a los de buena voluntad, no se olvide; esto no fue para todos, sólo para los de buena voluntad! Procuremos siempre contarnos entre ellos. Me reitero: ¡Feliz Navidad!





