Yo pienso de que en el estado español diverso, federalizante y plurinacional que nos están construyendo para nosotros mismos, no somos conscientes aún del grado de culturización y desarrollo que vamos alcanzando, y sobretodo desde que comenzamos el nuevo milenio, pues como le gusta repetir a nuestros políticos, contamos con la generación de españoles mejor preparados de la historia (modestia aparte en lo que me toque), de modo que son muchas las metas que hemos conseguido y que no admiten controversia negativa al respecto.
Por ejemplo, a nivel de inglés… Ahora vemos anuncios en la tele que ya son mayoritariamente en inglés, y hasta podemos tener relaciones sexuales libres también con el mundo británico y anglosajón, cosa impensable hasta hace pocas fechas. El inglés es un idioma básico para encontrar un puesto de colocación laboral porque te lo piden para todo; clara muestra de que somos un país moderno, independiente, autónomo y desarrollado. Y aunque dicen que todavía tenemos mucho paro, eso es porque antes estaba prohibido el inglés y sólo se daba el francés, que es una lengua importante pero más a nivel diplomático para los grandes políticos como Clinton. Pero está claro que lo de no saber inglés nos cerraba muchas puertas. Además en esto los españoles contamos con la suerte de tener muy cerca Gibraltar, donde lo podemos practicar in situ, en vivo y en directo, así como también podemos desarrollar actividades lúdicas interactuando con los monos que hay por allí, cuando vamos a comprar solidariamente chocolate, tabaco y otras bonitas cosas, aunque no siempre dulces. Pero incluso teniendo todas estas ventajas, aún hay desagradecidos que siguen repitiendo que Gibraltar es español… ¡Hay que ser rancio y fachoso para decir cosas así, que ofenden tan gratuitamente a nuestros vecinos!
Otro paradigma ejemplar de nuestro profundo avance cultural es el mundo infantil y su acceso a las nuevas tecnologías, que da gloria ver a los niños, niñas y niñes lo espabilados que son y cómo manejan los juegos de ordenador, la táblet y la pleiestéichon en los parques. También es innegable que la onomástica de las nuevas generaciones ayuda mucho y nos pone a la altura de los países de nuestro contorno sociocultural. Y es que nombres como Crístofer, Kévin, Yónatan, Yóssua y otros de igual modernidad, son un soplo de aire fresco internacional para el registro civil y hasta para los registros parroquiales esos de los bautizos que no sé si seguirán existiendo. Algunos opinan que respecto a las estadísticas culturales de otros países nuestra juventud ha ido para atrás por no sé qué rancias estadísticas que solo miden los resultados escolares y tonterías como esas… Pero esas conclusiones tienen un tufillo a la fachosfera que echa para atrás (valga la reabundancia por lo de atrás).
Porque yo pienso de que ahora, siendo ciudadanos del mundo y miembros de una aldea globalizada, resulta obsoleto que a los niños, niñas y niñes les enseñen la vieja lista aquella de los reyes católicos, o el rollo ese de las humanidades y el latín, un idioma que seguramente ya no se habla ni en la propia latinoamérica y que ni siquiera le gusta al Papa Francisco y a Monseñor Tucho. Son ganas de fastidiar lo de usar el latín; como también lo es la enseñanza de la religión. ¿Para qué va a servirle a los niños saber que Papá Noé o Héctor fueron personajes bíblicos? Y esto no lo digo porque carezca de insensibilidad religiosa, que bien sabe la Virgen de mi pueblo (que ahora mismo no recuerdo cómo se llama, pero creo que es la Virgen María) que en su romería me peleo a puñetazos por sacarla por las calles. Porque yo por ella ¡mato!; pero ese sentido lúdico de la religión es una cosa, y otra muy diferente el oscurantismo y la conciencia judeocristiana de culpa que imbuyeron en la mente de nuestros padres y abuelos con sus traumas infantiles. Sinceramente, yo en estos temas me siento más cercano a las nuevas ciencias como la parasicología y las relaciones con los chamanes y la Pachamama, que explican mucho mejor lo qué es el hombre y también la mujer, ah, y también los gays, a los que antes despectivamente se les llamaba mariquitas y cosas mucho más fuertes, y los policías les mataba por las calles cuando los veían porque se habían escapado de los armarios donde les tenían metidos sus familiares (me refiero a los mariquitas, no a los policías).
Y ya que hablamos de sexo, pues precisamente otro parámetro social del gran avance que hemos dado es en la sexualidad o género (que también se llama así), que a veces no entiendo ni cómo hemos podido llegar a nacer con el oscurantismo que padecían nuestros ascendientes biológicos, que les prohibían hasta verse cuerpo a cuerpo en la intimidad del hogar familiar y hasta creo que las mujeres lo tenían que hacer con un camisón con un agujero y a oscuras. Sin encambio ahora podemos optar por nuestra identidad sexual, y una cosa muy bonita y avanzada que se llama ideología de género ha descubierto que tenemos hasta 38 clases diferentes de géneros humanos y que nadie nace con un sexo u otro según lo que le cuelgue o no groseramente entre las piernas, sino que se elige lo que a cada cual le guste más o le venga mejor; y si después la cosa no funciona, puedes volver a descambiar tu género por otro, e incluso meterte en los servicios y lavabos que más apaño te hagan si tienes un apretón.
¿Y qué decir de los avances que también hemos hecho en el deporte? El régimen fachoso utilizaba el fútbol para distraer al pueblo trabajador y que no pensara en traer la democracia (como vulgarmente se decía: ¡pan y al circo!, para olvidarte de la represión), mientras que ahora existe una cultura más libre y no padecemos tanto acoso mediático deportivo y el fútbol apenas se ve en la tele. Aunque la verdad es que en la tele yo sólo veo los documentales de animales no políticos en la segunda cadena, y a veces algún evento cultural de gran magnitud (esta bonita frase la he aprendido precisamente de la tele).
Continuará…





