Rubén Manso, Víctor Sánchez del Real, Espinosa de los Monteros, Macarena Olona, Juan García Gallardo, Rocío Monasterio y Mazaly Aguilar son sólo algunos de los nombres de primeras espadas de VOX que venían del sector privado, creando una pluralidad que le permitía apelar a muchos perfiles y sectores profesionales. Por desgracia, ahora el VOX que tenemos ante nuestros ojos es monolítico y en lugar de sumar, resta, estando manejados por una cúpula de personas sin formación que es la que a día de hoy marca el paso al partido.
Resulta paradójico que la cúpula que actualmente dirige VOX, tal es el caso de Abascal, Buxadé y Garriga, venga del PP, abandonando el partido al criticar las prácticas del mismo que ahora perpetren en la formación que se creó, precisamente, para denunciar y corregir la deriva del PP.
Cuando Abascal abandonó las filas populares en 2013 escribió una intachable carta a Rajoy en la que decía que un partido no puede ser un rebaño flanqueado por mastines. ¿Qué queda ahora de ese Abascal que pedía a los militantes que fuesen críticos? ¿Queda algún resquicio de aquel VOX que, bajo el lema “Habla”, celebraba primarias, practicaba la democracia interna y hacía públicas sus cuentas, que eran votadas por sus militantes? Desafortunadamente, ya no queda rastro de ese ejemplar modelo de hacer las cosas, que ha mutado en un partido que funciona con una disciplina férreamente militar en la que los afiliados sólo son tenidos en cuenta para pagar las cuotas y ser objeto pasivo de las decisiones de un número reducido de personas sin margen alguno de discrepancia. Esta fórmula podrá ser aceptable para aquellos que aspiran a vivir de la política, dispuestos a lo que sea a cambio de un suculento sueldo, sin oficio ni beneficio al margen de ella, pero, desde luego, no es admisible para quienes tienen principios y no vienen a sumarse a una vorágine de degeneración sino a combatirla.
VOX se ha convertido en una olla a presión que está estallando, siendo curioso y a la vez lamentable que un partido de derechas funcione a través de métodos estalinistas, atacando a los que se marchan por medio de perfiles falsos en las redes sociales, lo cual no deja de ser paradójico en aquellos que criticaban a la “derechita cobarde”, ¿acaso la valiente es aquella que no da la cara para insultar, lanzar acusaciones burdas y en no pocos casos, falsas, igual que Podemos? El último episodio de estas prácticas matoniles ha sido sufrido por el general Rosety, que se ha dado de baja de VOX y ha abandonado las redes sociales ante los constantes insultos que recibía por parte de esta banda de la porra a sueldo del que ha sido su partido. Es repugnante que sujetos sin apenas currículum se atrevan a faltar al respeto de esa manera a una persona mayor que, además, desde el Ejército, ha servido a España como el patriota que es. ¿Este es el partido que pretende recuperar los valores?
El peor ejemplo de esta deriva de VOX lo vemos en una decisión con la que ya me mostré crítico en el pasado, como es el caso del abandono del grupo de los Conservadores y Reformistas en el Parlamento Europeo para engrosar las filas de Patriotas por Europa (que más bien podría llamarse Patriotas por Rusia), un grupo del que forman parte aquellos que han apoyado abiertamente al separatismo catalán como la Liga de Salvini, así como los que respaldan el aborto y lo quieren convertir en un derecho fundamental en los Tratados de la Unión Europea como Le Pen, y todos ellos respaldan al principal patrocinador del proceso secesionista de Cataluña como es el autócrata Putin.
El grupo Patriotas por Europa está liderado por Orban, que tiene como principales socios a China y Rusia, tratándose de un pequeño país de diez millones de habitantes que, por su cercanía geográfica a la nación rusa tiene intereses geoestratégicos muy distintos a los de España, que estaría más en consonancia con los de Italia, ya que tenemos que afrontar problemas similares como es el caso de la inmigración ilegal que viene por el Mediterráneo. Por dicho motivo, el socio prioritario de VOX, en aras de los intereses de España debe ser Meloni y no Orban.
De un día para otro y sin debate interno alguno, tan sólo por la decisión unilateral de Abascal y su reducida camarilla, VOX cambió de grupo en el Parlamento Europeo, incluso cuando ya Buxadé había sido designado para una de las vicepresidencias del grupo, una traición en toda regla a una aliada que siempre ha sido leal como Meloni, por mucho que traten de camuflarlo.
¿A qué obedeció tan drástico cambio? Tal y como es de dominio público, a menos que se disponga de más información al respecto, todo obedece a la financiación de nueve millones de euros que VOX recibió para las elecciones de 2023 de un banco húngaro del que, además, el gobierno de Orban es su principal accionista al manejar el 30 % del capital del mismo, de igual modo que ha sucedido con otros partidos como la Agrupación Nacional de Le Pen en Francia.
Dicho préstamo que VOX recibió es completamente legal y aparece reflejado en sus cuentas anuales, fiscalizadas por el Tribunal de Cuentas, y por mucho que algunos se hayan apresurado a acusarlos de financiación ilegal alegando que la Ley de Financiación de Partidos Políticos prohíbe la financiación por parte de gobiernos y entidades extranjeras, dicha restricción se refiere únicamente a entidades de Derecho Público y no Privado, prohibiendo las aportaciones, pero en este caso no se trata de una donación sino de un préstamo que están devolviendo con intereses. No pueden decir lo mismo PP y PSOE, que se nutren de manera sistemática de esa forma de financiación encubierta que es la condonación de deudas, mientras que VOX ha tenido que recurrir a un banco húngaro porque los bancos españoles se negaron a ayudarles, algo que deja en entredicho a aquellos que, por otro lado, los acusan de ser “disidencia controlada”.
Lo preocupante de este préstamo es que hayan supeditado los intereses de España a sus intereses de partido al estar tutelados por el mayor aliado de Putin en Europa, motivo por el que han cambiado drásticamente su discurso sobre Ucrania, pasando de ser el partido que con mayor contundencia se oponía a Putin en España al ser el que ahora asume la narrativa rusa. No hay más que recordar recientemente a Abascal culpando a populares y socialistas de dar a Rusia los medios para hacer la guerra por crear dependencia del gas ruso, exculpando de toda responsabilidad a un criminal de guerra que ha invadido Ucrania.
VOX se ha presentado como soberanista por defender la soberanía nacional de España frente a la amenaza globalista, así como una Europa de naciones soberanas frente a aquellos que quieren construir un megaestado europeo en el que todas las naciones se disuelvan. ¿Cómo casa eso con asumir acríticamente las consignas de Trump? El presidente norteamericano, en lugar de actuar como tal, se ha comportado como un embajador de Rusia, y Ortega Smith (otra figura valiosa relegada en VOX), ha puesto la voz de alarma al señalar que el partido debe criticar aquellas decisiones de Trump que sean negativas para España.
Como dijo Elentir, si el globalismo se basa en la destrucción de la soberanía de las naciones, Putin representa la versión más violenta del globalismo al destruir la soberanía nacional de Ucrania, y Trump ha demostrado el respeto que tiene hacia las naciones soberanas, al repartirse Ucrania con el dictador ruso sin tener en cuenta al propio país, convirtiendo a los ucranianos en moneda de cambio, y para colmo, tachando de “dictador” a Zelenski, calificativo que nunca ha dirigido a Putin, un tirano que no duda en asesinar a sus opositores con Polonio 210 y que en Ucrania se ha mostrado como el criminal de guerra que es, asesinando indiscriminada e intencionadamente a población civil.
VOX siempre se ha opuesto de manera admirable a toda negociación con terroristas porque, de admitirse, supondría premiar los atentados de una banda de asesinos, reconociéndolo como un medio lícito para conseguir sus propósitos e incentivándolos para seguir ese camino, mientras que, desde el otro lado, y con una actitud derrotista, se sostenía que era imposible acabar con ETA y que, si no se cedía ante ellos, seguirían matando. Paradójicamente, VOX asume ahora ese discurso que combatía respecto a la Rusia de Putin, lo que supone la consagración de la ley del más fuerte en las relaciones internacionales.
Como ha señalado brillantemente Elentir, aquellos que loan a los Tercios y las gestas españolas, piden para el pueblo ucraniano lo contrario de lo que hicieron los españoles frente a la invasión napoleónica. Vemos a Abascal diciendo que la Unión Europea está “dispuesta a que sigan muriendo ucranianos”, ¿aceptaría lo mismo que pide a Zelenski si Marruecos invadiera Ceuta y Melilla? ¿Qué haría Trump si Putin, en lugar de invadir Ucrania, hubiese hecho lo propio con Alaska? ¿Se habrían rendido desde el primer día como propugnan para Ucrania?
Trump le está dando a Putin lo que no ha podido ganar en batalla. Aquellos que decían que Ucrania caería en pocos días porque no tenía nada que hacer frente al poderoso Ejército ruso, han quedado en evidencia, porque tras una contienda de tres años, Rusia ha sido incapaz de vencer, con 165.000 soldados muertos y una inflación desbocada del 10 %. Desde luego, Reagan y Roosevelt sentirían vergüenza de la actitud de Trump, pues de haber actuado del mismo modo que el actual inquilino de la Casa Blanca, hoy Europa sería un campo de concentración nazi o un gulag soviético.
Ante tan desolador panorama en el que Estados Unidos ha dejado de ser ese faro de libertad que suponía para el mundo, VOX actúa igual que los partidarios de Pedro Sánchez al justificar lo contrario de lo que defendieron en el pasado al hacer seguidismo de Trump, practicando un culto al líder propio del comunismo de Corea del Norte. ¿Estos son los firmes principios de VOX? ¿La soberanía nacional no era innegociable?
Si bien es cierto que Jiménez Losantos ha sido muy injusto en no pocas críticas que ha dirigido a VOX, no deja de tener razón cuando les califica como “partido húngaro”, ya que están actuando a efectos prácticos al servicio de los intereses de Hungría (que son los de Rusia) y no de los de España. Me permito parafrasear al locutor de EsRadio cuando dijo en cierta ocasión a Pablo Iglesias “yo critico la democracia para que funcione, no para que me monten una checa en las Cortes Generales”. En mi caso concreto, critico a VOX porque considero que ha sido y debe seguir siendo el mejor instrumento al servicio de España y de unos valores que se deben recuperar, pues con mi silencio, estaría haciendo mucho más daño a la causa en la que creo.
Un programa electoral es un contrato vinculante que obliga al partido con sus electores, del mismo modo que un ideario y un manifiesto fundacional. Sé que las consignas las repiten lo que Maura llamaba las “masas neutras”, aquellos que no tienen más postura que la que marca el partido en cada momento, pero votamos a una formación porque representa aquello en lo que creemos y no para que nos digan lo que tenemos que creer. En mi caso concreto, dejé de votar al PP en su día porque había traicionado los principios más básicos, aquellos que en su día me movieron a dar un paso al frente. Hoy, por desgracia, veo lo mismo en VOX, y sería una enorme hipocresía que actuase de manera distinta a como actué en el pasado.
VOX representa para mí los mejores recuerdos asociados a la política. Fue un motivo de esperanza, devolviéndome la ilusión política cuando creí que la había perdido ante el desolador panorama de no sentirme identificado por ninguna formación representada en el Congreso.
Cuando Juan García Gallardo ha alzado su voz para denunciar esta misma situación, le han acusado de desleal por hacer esas críticas en un momento que juzgan inapropiado, es decir, en un contexto de subida de VOX en las encuestas. No obstante, el otrora vicepresidente de Castilla y León respondió muy acertadamente al decir que para anunciar algo negativo nunca es un buen momento, y si lo hubiese hecho en una situación de retroceso electoral hubiese sido no sólo peor sino igualmente criticado.
Cuando Stalin perpetraba purgas en la Unión Soviética contra sus disidentes internos, éstos desaparecían de las fotografías pasadas, como le sucedió a Trotsky. En épocas mucho más recientes hemos visto lo mismo en Podemos, ya que, en la fotografía de los fundadores, sólo acabó quedando Pablo Iglesias. ¿Qué ha pasado en VOX para que en la fotografía de su fundación ya sólo quede el propio Abascal?
He votado a VOX desde el nacimiento del partido en 2014, sin importarme en los momentos más bajos los pocos votos que cosechaban, tan sólo que mis principios fuesen defendidos. Hoy, por desgracia, mi voto no está asegurado y desde luego, no volverá a un PP que hace seguidismo de la izquierda.
En un contexto en el que España sufre el peor gobierno, una reedición del Frente Popular de 1936, con un PSOE aliado con la ultraizquierda, los separatistas y filoetarras, me duele tener que dedicar tiempo a criticar a la única formación que combatía la agenda liberticida de la izquierda porque, por sus propios errores, corre el riesgo de malograrse.
Recuerdo que cuando María San Gil y José Antonio Ortega Lara abandonaron el PP en 2008, Esperanza Aguirre dijo con admirable claridad que algo no se estaba haciendo mal sino bastante mal desde la Dirección del partido. Eso mismo ahora es aplicable a la Dirección de VOX, un partido que representa un buen proyecto muy mal gestionado.





