Mientras algunos intentan instalar que VOX “colabora con Marruecos”, la hemeroteca cuenta una historia muy distinta, años reclamando reforzar la frontera, presencia militar, devoluciones y presión sobre Rabat. ¿Cómo se puede convertir al que denuncia el problema en parte del problema? La psicología política tiene una respuesta, framing y motivated reasoning.
¿Cómo es posible acusar a VOX de “colaborar con Marruecos” cuando su propia hemeroteca demuestra, durante años, precisamente lo contrario? La respuesta la encontramos en la psicología más que en la política.
El framing y motivated reasoning son dos conceptos que, sin ser términos nacidos en la política española, son conceptos estudiados durante décadas por la sociología, la psicología cognitiva y la comunicación política.
El framing tiene uno de sus principales antecedentes en el sociólogo Erving Goffman, que en 1974 explicó cómo las personas utilizamos “marcos” para organizar e interpretar la realidad. Posteriormente, el politólogo Robert Entman trasladó y sistematizó este concepto en el ámbito de la comunicación política, afirmando que un marco selecciona determinados aspectos de una realidad y los hace más visibles, favoreciendo una determinada interpretación.
El motivated reasoning, por su parte, fue desarrollado en la psicología cognitiva y social. En 1990, la psicóloga Ziva Kunda publicó The Case for Motivated Reasoning, mostrando cómo las personas podemos emplear procesos de razonamiento aparentemente racionales para llegar a conclusiones que protegen nuestras creencias o intereses previos.
Dicho de una manera mucho más sencilla, no siempre interpretamos los hechos para descubrir qué pensar. A veces interpretamos los hechos para poder seguir pensando lo que ya pensábamos. Y la política es uno de los terrenos donde este mecanismo adquiere mayor intensidad.
Si echamos un ojo al candente tablero de juego del social media, probablemente nos quedaríamos perplejos ante el cambio de rumbo de algunos relatos, concretamente, el de VOX y su posición respecto a Ceuta y Marruecos. Bendita hemeroteca, aquella que permite que los hechos desmonten el relato.
En un breve análisis cronológico, en 2018, VOX ya planteaba “fortalecer nuestras fronteras” y levantar un muro infranqueable en Ceuta y Melilla, además de exigir a Marruecos el reconocimiento de la soberanía española.
En 2019, Santiago Abascal defendía públicamente ese muro y planteaba que, mientras se construía, fuera el Ejército quien vigilase la frontera.
En 2020, VOX reclamaba más medios para Policía y Guardia Civil, devoluciones y una frontera “infranqueable”.
Y llegó mayo de 2021. Durante la crisis de Ceuta, Abascal se desplazó a la ciudad y reclamó la “militarización permanente de las fronteras de Ceuta y Melilla”. Días después, VOX pidió el cierre total de las fronteras con Marruecos. Dos meses después, el 23 de julio, la Asamblea de Ceuta declaró a Santiago Abascal persona non grata, precisamente por sus declaraciones durante aquella crisis. La iniciativa, promovida por MDyC, salió adelante con el apoyo del PSOE y la abstención de los nueve diputados de PP. Algo que debería formar parte de cualquier análisis serio sobre esta cuestión.
En 2022, Abascal resumió su posición con “Buenas vallas hacen buenos vecinos” y en 2023 incorporó a su programa electoral el despliegue militar en las fronteras de Ceuta y Melilla.
Y en 2026, cinco años después de aquella crisis, vuelve a reclamar el refuerzo y la militarización de la frontera.
Cuesta casar este episodio con la acusación que ahora pretende presentar a VOX como aliado de Marruecos. Los de Abascal no han cambiado su posición, lo que ha cambiado es el marco desde el que algunos pretenden que la interpretemos.
Aquí es donde aparece el framing, presentando una misma secuencia de hechos de dos maneras radicalmente diferentes.
La primera interpretación es bastante sencilla: muro, Ejército, militarización, cierre de la frontera, devoluciones y presión sobre Marruecos. Es decir, una trayectoria política sostenida durante años para reforzar la frontera española y contener la presión migratoria. La segunda interpretación, sin embargo, reduce todo ese recorrido a una acusación de apenas cuatro palabras: “VOX colabora con Marruecos”, cambiando el significado que se atribuye a esos hechos.
Y ahí entra el motivated reasoning. Si una persona tiene previamente construida la imagen de VOX como un partido radical, cualquier información ambigua puede ser interpretada de manera que confirme esa imagen. Y si una información contradice esa percepción, resulta cognitivamente más sencillo buscar una explicación alternativa que obligarse a modificarla.
Es decir, la evidencia deja de modificar el relato y el relato empieza a modificar la interpretación de la evidencia.
Aquí surge además una paradoja política. Durante años, muchas de las posiciones de VOX sobre inmigración fueron calificadas de radicales. Hoy algunas de ellas han entrado en el discurso de los populares. Concretamente, en la actual crisis de Ceuta, Alberto Núñez Feijóo ha reclamado que regresen a Marruecos tanto los mayores como los menores. La batalla, por tanto, ya no es únicamente sobre qué política migratoria es correcta. Es también una batalla por el marco desde el que el ciudadano interpreta esa política.
Lo que durante años se presentó como “extremismo” cuando lo decía VOX pretende aparecer ahora como “responsabilidad” cuando lo dice otro. Dejando de importar tanto qué dices, sino quién eres y qué etiqueta se consigue colocar sobre ti.
Por suerte, los hechos tienen memoria y demuestran que VOX no ha descubierto en 2026 que la presión migratoria procedente de Marruecos es un problema para España. Lleva años diciéndolo y lo sigue diciendo ahora.
En este punto, se produce un salto de lo político a lo moral, donde cabe preguntarse, si la posición de VOX no ha cambiado, ¿no será que la prioridad de cambio es la percepción que los españoles tengan de VOX? ¿qué propósito puede tener intentar convertir precisamente a VOX en enemigo de los españoles si lleva años siendo el único partido que ha defendido nuestras fronteras? ¿a quién beneficia realmente que los españoles crean que VOX está del lado de Marruecos?
Si para obtener un rédito electoral se está dispuesto a distorsionar deliberadamente la trayectoria de quien durante años ha defendido aquello que ahora todos dicen defender, el problema ya no es que exista un relato partidista, es que ha pasado por delante del interés general. Una cosa es combatir al adversario y otra muy distinta es convertirlo en enemigo de España para que el ciudadano no pueda reconocer quién ha defendido realmente a España cuando hacerlo tenía un coste político.
Jugar con la seguridad de Ceuta, con la soberanía nacional, con la protección de nuestras fronteras y anteponer el beneficio electoral al bien común no es una diferencia política, es una inmoralidad.





