“Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos”.
Cuentan las crónicas que el origen de este simpático dicho popular se remonta al siglo XIV. En el margen Norte de la ribera del Duero se asentaba una hilera de aldeas cristianas. Cuando la cosa se ponía fea y los almorávides se aprestaban a cruzar el río para perpetrar sus saqueos, tropelías y razzias, los alcaides de los poblados urgían a sus mozos a organizarse para plantar cara ante la inminente incursión.
Las refriegas las ganaba, generalmente, el bando más numeroso. Por ello el citado dicho, lejos de la ironía o de la fatalidad tan española que aparenta, venía a ser una arenga para espabilar a la peña. Si querían conservar haciendas, religión y costumbres, no les quedaba otra que renunciar a sus comodidades de granjeros para presentar batalla a un enemigo implacable y cruel.
Si los aldeanos respondían con convicción, empuñando sus hoces y guadañas como espadas y enarbolando a su Virgen como bandera, el invasor árabe se retiraría, probablemente escaldado y con el alfanje entre las piernas. Pero en caso contrario, si el miedo o la desidia achicaban el ánimo de nuestros paisanos, presentándose a pie de campo poquitos de los convocados, los sarracenos los molerían a palos. Seguro.
Se trataba, sencillamente, de un asunto numérico. Y el mencionado dicho popular tenía la virtud de sacudir conciencias, invitando a muchos a arriesgarse a pelear, aún sabiendo que la morisma podría rebanarles el pescuezo. Valía la pena morir en el intento, antes que permanecer en la pasividad para ser engullidos por el mismísimo diablo con turbante y media luna, con su cultura de esclavitud, terror y muerte.
Les confieso que este dicho asalta mi mente cada día. La historia nos enseña en cada una de sus repeticiones y carambolas. Ya no quedan cristianos y moros zumbándose estopa en los meandros del río Duero. Pero si uno presta atención es evidente que, en los tiempos que corren, hay dos bandos perfectamente diferenciados en nuestra amada ciudad de Sevilla.
Uno de ellos se halla conformado por gentes con valores, con principios y vergüenza. Los ve uno manifestándose por el Derecho a la Vida el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Te los encuentras en la Hermandad batiéndose el cobre en Cáritas. O en cuestiones de acción social del más variado pelaje en cualquier ámbito de nuestro entorno, ilusionados por construir un mundo más justo y humano.
La facción perversa la componen aquellos, aquellas y aquelles que, sin valores, ni principios, ni vergüenza, cruzan con descaro la antaño zona fronteriza del Duero, que hogaño vendría a ser el ineludible margen de respeto para convivir todos en paz.
Estos últimos se camuflan camaleónicamente, como taimados hijos de las tinieblas y falsos beatos de progresismo y pitiminí, tras palabras de buen rollito tolerante. Arrogándose el papel de protagonistas guays de la película y vacilando de molar mazo. Presumiendo de sus mascotas engalanadas de punta en blanco, como si el perrito fuera a celebrar la Primera Comunión, a la vez que abogan por interrupciones de embarazo y negación del océano de la vida a los seres humanos en estado embrionario: mi cuerpo es mío y demás soflamas de supremo egoísmo.
De veras que a uno le da vergüenza ajena, pero la gravedad del tema requiere expresarse sin doblez. Y es que ya vimos a los mercenarios de la oscuridad junto a la basílica de La Macarena, con absoluta desfachatez, procesionando en la cofradía del “sagrado coño insumiso”, burlándose del ámbito más íntimo y sagrado de los católicos, al amparo de la libertad de expresión.
Y ahora, en su penúltimo alarde de capullos, vuelven a mofarse de cualquier sevillano con un ápice de sensibilidad, con independencia de su afiliación espiritual.
En la céntrica calle Cuna, justo donde hace cuatrocientos años, allá por 1627, el Arzobispo Valdés fundó la “Casa Cuna para Niños Expósitos”, huérfanos o hijos de prostitutas, pobres entre los pobres, los mafiosos del bando facineroso instalaron el local de dulces eróticos “La Verguería”, exhibiéndose ahora en su escaparate, a la vista de nuestros niños, las figuras de San José, de la Virgen María y del Niño Jesús en forma de órganos sexuales.
Reconozcámoslo, por favor: nos están moliendo a palos. Los malos nos están dando la del pulpete. Fuerte, flojo y regular. Desconozco si son más o menos numerosos que los buenos. Pero lo cierto es que, como aquel que dijo, los hijos de la oscuridad nos llevan la delantera, en marketing y propaganda propia, a los hijos de la luz. Nos van ganando por goleada. Admitámoslo.
Resulta complicado combatir a un enemigo sibilino y diabólico cuando ni siquiera se presentan a la pelea la mitad de los buenos convocados, guardándose un vomitivo y cómplice silencio por parte de muchos que deberían dar esta ineludible batalla cultural. Y es que ya advirtió alguien que “Para que el mal triunfe, solo se necesita que los buenos no hagan nada”.
Ya nos alertaba El Pali: “Hemos cruzado los brazos y Sevilla se nos va”. Vamos perdiendo, amigos. Pero quiero lanzar un guiño a la esperanza, porque la remontada claro que es posible. Al maestre Rodrigo Manrique, que anduvo por la frontera del Duero en el siglo XIV (y cuyo hijo fue el famoso Jorge Manrique, autor de las coplas a la muerte de su padre), se le atribuye esta frase: “No suelen vencer los sarracenos al esfuerzo de los cristianos, cuando estos son buenos, aunque no sean tantos”.
Por ello, ante la indolencia de tantísimos de nuestros representantes públicos y el ji, ji, ja, ja de los meapilas de ciertas Hermandades (de cuyos nombres no quiero acordarme), haciéndose un selfie ante el obsceno portal, quiero traer aquí a colación el ejemplo de Cristina Peláez, portavoz de VOX en el Ayuntamiento, presta a luchar para que Sevilla no pierda su bellísima identidad ni su gloriosa alma, conformada por el engarce amable de lo divino y lo humano, plantándole una demanda judicial a “La Verguería” en todo su careto, por el delito de ofensa a los sentimientos religiosos.
Acompañada en su empeño por el aplauso de millares de sevillanos de bien y por los Abogados Fernando Rodríguez Galisteo y Rafael León Suárez. Con el Código Penal bajo el brazo y un par de ellos bien puestos.
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com






3 Comments
Viva España,fuera toda la escoria golpista terrorista…..
Desconozco de donde has sacado esas «crónicas», pero desde luego, los que la escribieron sabían poco de historia y geografía. En el siglo XIV, los sarracenos estaban muy por debajo del Tajo y hacia siglos que no veían el Duero. El poema es claro y no necesita malas explicaciones.
Primero a lo que nos interesa: la historia:
Cai en esta pagina con el animo de ampliar o confirmar mi conocimiento sobre la famosa frase «Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos,…», creyendo que podria obtener mas informacion para profundizar en el tema, pero lamentablemente, me he encontrado con un mitin de VOX.
Efectivamente como bien dice Alvaro, 5 de junio de 2025, da risa leer que los sarracenos ocupaban el Duero.
Esta parafrasis, sin autor conocido, no es de origen medieval, sino contemporanea, aunque hace referencia a la batalla de Guadalete en 711, donde el rey visigodo Rodrigo fue vencido por los musulmanes. Tiene Vd un error de unos 700 años y por lo que sigue en su escrito, entiendo que todavia continua en aquella epoca.
«… Y estos diez mandamientos se encierran en dos: amaras a Dios sobre todas las cosas y al projimo como a ti mismo».
Seguramente le suene esta frase. ¿ Tiene idea a quien se refiere cuando nombra al projimo ?
¿ Que educacion ha recibido Vd. para estar tan lleno de odio ?
Ese odio es un pecado que debe confesar con su parroco o nunca alcanzara el Reino de los Cielos.
Solo le ha faltado decir que la tierra es plana por culpa de los enemigos de la patria.
En fin…, tiene que haber de todo….