Toros en Sevilla: Serios toros de Victoriano del Río y una tarde hasta con amago de Puerta del Príncipe
Roca Rey cortó dos orejas al tercero aunque no pudo con él y falló con la espada en el sexto
Victoriano del Río mandó a Sevilla para la décimosegunda de abono de esta Feria de Sevilla 2025 una corrida tremendamente seria, con impresionantes cornamentas y que propició una buena tarde de toros. No todos sirvieron, lógicamente, pero la estampa de cada animal fue una loa a la presentación digna de ser resaltada. El mejor, y uno de los mejores de la feria junto a Profesor, de Alcurrucén -lidiado el miércoles, día 30 de abril y que tuvo la desgracia de que lo torease El Fandi-, fue el tercero, Manisero de nombre. Bravo, pronto, con fijeza, calidad en la embestida, viaje largo, repetición, fuerza… Todo.
Sus hermanos tuvieron un comportamiento desigual, incluso individualmente, como el quinto, imposible de controlar y de entender, ya que no dio dos embestidas iguales seguidas. Sí tuvieron esos otros cinco un característica común: cómo se iban diluyendo, se iban desfondando, conforme las faenas de muleta avanzaban, aunque no llegaban al último tercio reventados ni mucho menos.
Manisero fue el nombre de la tarde y tuvo enfrente a Roca Rey. El quite por gaoneras de Perera acabó de confirmar el sensacional pitón izquierdo del toro y por ahí empezó el peruano, que hilvanó una vibrante serie con estatuarios, pase cambiado por la espalda, trincherilla, molinete y uno de pecho que pareció no tener fin. Sorprendentemente, se cambió la muleta de mano y, aunque respondía, no mostraba la profundidad que por la zurda. Fue momentáneo. Un pase de pecho circular, pero circular de círculo completo, de 360º, fue el culmen de la faena, porque a partir de ahí Roca dio la impresión de verse superado. No es lógico que el final de la exigente faena a semejante torazo, que no deja de embestir, sean pases en los que el torero se tropieza con el costillar una y otra vez. Le dio una estocada que cayó trasera y desprendida, pero fue efectiva. Roca Rey se llevó las dos orejas de Manisero, pero nunca estuvo a su altura. Ni mucho menos. Tampoco estuvo a la altura la presidenta, Macarena de Pablo Romero, al no sacar el pañuelo azul que merecía el extraordinario toro.
Como es lógico, todo el público pensaba ya en la Puerta del Príncipe. Y el sexto hizo más cosas buenas que malas antes de llegar a la muleta. Embestía muy muy bien, incluso haciendo el avión, aunque con un puntito soso. Roca Rey le dio la primera serie, al hilo de las tablas, por la derecha y fue desarmado. A partir de ahí, todo muy académico: una buena serie por el mismo lado, otras más, subiendo el nivel, por el otro, con los pies clavados y emulando el toreo de quietud de Paco Ojeda… Pero el toro se fue desfondando y dejó de pelear. Roca pinchó dos veces antes de escuchar un aviso y acabar matando de estocada desprendida y paralela. La oreja tan ansiada por buena parte del público se quedó en ovación y la Puerta del Príncipe sigue cerrada esperando que alguien la merezca de verdad.
Perera estuvo bien con el primero. Aunque ni en el recibo ni en el quite puedo torear, sí se vio que, aun con poca fuerza, embestía. Una buena serie, con mucha suavidad, dejó al toro en los medios. Y allí, a media altura porque perdía las manos cuando se le bajaba la muleta, pudo ligar buenas series. Sin embargo, la gran clase del de Victoriano quedó más patente en dos magníficas tandas de naturales. La última, con el toro rajado y queriendo las tablas, aprovechando sabiamente la querencia. La estocada fue traserilla y desprendida y el extremeño fue ovacionado tras una insuficiente petición. El cuarto fue un toro extraño. Mostró un buen pitón derecho, pero conforme avanzaba la faena iba yendo a menos y cambiaba su comportamiento en cada embestida. Empieza a tardear cuando era pronto, a quedarse a mitad de embestida cuando su viaje era largo, a revolverse cuando antes apuraba la muleta… Algún pase suelto y estocada.
Juan Ortega no pudo lucirse con el capote. En ninguno de sus dos toros, sin lugar a duda alguna, el peor lote del festejo. El segundo, de espectacular cabeza, mostró su mansedumbre desde el principio, cuando tras un remate de media verónica se fue al burladero del 3 sin que nadie lo llamara. En la muleta, el trianero intentó taparle la salida a las tablas en cada pase, pero fue imposible. Mató de estocada trasera. Y el quinto llegó a la muleta sin ser visto, pero había un motivo: un comportamiento tan irregular que no dio dos embestidas iguales seguidas en ningún momento. Mató de estocada caída.
Algunas cosas más.
Fue una alegría volver a ver torear a Jorge Fuentes, de la cuadrilla de Juan Ortega, después del percance que sufrió el 1 de mayo ante un toro de Domingo Hernández.
La lección de toreo de Antonio Chacón y el Viruta, peones de Roca Rey, tanto en la brega con con los palos, a sus dos toros fue de las de enseñar en las escuelas, por eficacia, saber hacer y estar y torería.
Como curiosidad, el quinto cayó coincidiendo con la primera fumata en el Vaticano. Los dos fueron de color negro, aunque el de Victoriano, además, era burraco.
En unas horas, los de Juan Pedro. Que Dios nos coja confesados…






