Pues qué queréis que os diga. Desde hace unos años, pre y post pandemia, tengo la sensación de vivir constantemente en un desfile de Desigual, línea que por cierto me parece hortera, vulgar y efímera (nadie repite un abrigo de la marca de un año para otro, y si visitáis wallapop, está lleno de estas cansinas prendas lerendas). Pues como os iba diciendo, la España que en mi incipiente madurez de cincuentonas líneas me ha tocado vivir, me marea y a la vez me distrae. Nunca se vió tanto colorido y tanto parche de flores y rayas o estampados diversos en el abanico mediático y bailarín de estadísticas políticas cercanas a elecciones cuyo principal objetivo, al igual que Desigual, es crear confusión y convertirla en tendencia. La apropiación indebida por parte de un grupo humano del arcoiris me parece aberrante, ilegal y usurario teniendo en cuenta que ya se apropiaron en su momento del rosa y del lila. «Yo soy de los azules», «yo de los rojos», «yo de los morados»… y nadie se percata del encasillamiento al que esta policromía política nos lleva. No nos aunamos en un mismo color. No escarmentamos, no lo haremos ni lo hicimos el día que descubrimos que la sangre de Felipe VI es tan roja como la de Carrie, que de azul no tienen nada ni el Rey ni el gas. Si seguimos en este plan rebosante de adjudicaciones sin consenso llegará un día en que todo será gris o negro.
Por otro lado, viene la incongruencia que a según qué sector votante, les caracteriza. Hay que ser muy torpe para elegir el color rojo como señal de identidad. Rojo sangre, ojo ensangrentado, color de la violencia. Tan infame y chivato que hasta se inventó el Luminol para detectarlo en los escenarios más aterradores. Rojo vergüenza, rojo timidez, roja la ira… Roja empieza la gangrena. Todo el terror rojo oculto en una rosa. La tierra no es roja, sino marroncita, no me vengáis con monsergas de poeta en el exilio. Es tan surrealista como decir que Andalucia es patria y tiene padre.
O si no, morado, como el ojo del niño acosado. Morado de moratón, de comilona, de excesos. Morada continúa la gangrena…
Comprendo que nadie haya elegido el negro ni el carne, color de las mallas poligoneras. Pero, ¿y el blanco? Hay algo más limpio que ese color? Paz, inocencia, claridad. ¿Por qué nadie ha escogido el blanco? Color neutral que ha puesto fin a todas las contiendas, que protege y sana. Limpieza, pureza, pan. Azahar…
Yo, entre tanto y por si acaso, me decanto por la hierba, la esperanza, el trigo. Las hojas del olivo, la aceituna, las rejas de un cortijo. Verde Vega de Carmona, verde manto, ojos verdes con brillo de faca, verde que pega con todo, verde menta y color que le sigue al azahar, siempre verde….
PD: ¡¡Viva….el Betis también!!





