¡Buenos días! Si tengo una mínima idea de la primera vez que en mi vida asocié una canción al verano, esa fue «Cuando calienta el sol», composición en dos fases y varias autorías, de titularse originalmente «Cuando calienta el sol en Masachapa», de Gastón Pérez allá por 1950, a reducir ese título tal como se conoció mundialmente a partir de 1961 por los Hermanos Rigual, Carlos y Mario. Y ahí entro yo a escucharla siendo un niño. A escucharla y a cantarla formando un improvisado dúo con mi primo Emilio, cuando los Marvizón y los Fuertes veraneamos juntos algunos años en la Punta Umbría familiar de un tiempo en el que sólo se llegaba a su playa cogiendo la canoa, con el embarcadero (que aún sigue prestando ese servicio alternativo) junto a la ría. ¡Qué edad de cuatro o cinco años en la Punta Umbría sin asfalto, sin apartamentos Everluz ni Hotel Pato Amarillo, la de los toldos fijos en la arena junto a la orilla, y la de un local amplísimo llamado el Calypso, un adelantado a los futuros chiringuitos! Si estas no fueran las líneas de un buenos días, me daban las de madrugada con la indeleble memoria de tantas emociones infantiles, cuando ya sentía «tu cuerpo vibrar cerca de mí…». En un documental afirma una periodista -o lo que sea- que esa canción alcanzó fama internacional en 1987 al grabarla Luis Miguel. ¡Pues no llevas tú retraso, bonita, o trabajas para el departamento de publicidad del cantante! ¡Feliz martes!





