No, no les voy a hablar de las conclusiones que de forma recurrente elaboran los señores que redactan el informe PISA sobre el nivel escolar de nuestro país, en las que se nos insiste que nuestros alumnos no alcanzan los niveles medios de la muestra en Matemáticas o en comprensión lectora. Tampoco vayan a pensar que se trata de una reposición de la ópera prima de José Luis Garci rodada en plena transición (1977) con José Sacristán y Fiorella Faltoyano, no.
Quería invitarles a reflexionar sobre por qué los esfuerzos por mejorar las nociones financieras de los españoles, un factor clave en la estabilidad y bienestar social, aún no han logrado avances significativos a pesar de los recursos destinados a ello por muchas instituciones oficiales y Fundaciones sin ánimo de lucro.
Periódicamente se publican encuestas sobre el nivel de conocimientos financieros de los españoles, y nos sorprende ver cómo en la realizada por el Banco de España en noviembre pasado, 8 de cada 10 personas entrevistadas desconocen el verdadero significado de términos tan básicos como “inflación”, “interés compuesto” o “diversificación del riesgo a la hora de invertir”, ¡no les hablo ya sobre la tan mencionada “prima de riesgo”, concepto que sólo alcanza a comprender una minoría!
No nos puede servir de excusa el hecho de que estemos por encima de la media entre los países de la OCDE (informe de diciembre pasado), en cuanto a conocimientos financieros, por dos razones: una, porque aproximadamente un 60 % de los encuestados españoles no llegan a alcanzar un objetivo mínimo de educación financiera, y otra, porque recibimos peor puntuación que la media europea en cuanto a comportamientos adoptados.
La formación económica ya está empezando a impartirse en cuarto de ESO, y existe una optativa de Economía en primero de bachillerato, pero sólo la pueden elegir los alumnos de Sociales o de Humanidades. En Formación Profesional sólo se ve en los grados relacionado con Economía (Administración y Finanzas, Comercio Exterior, …) pero no en los demás. Además, la política educativa parece más preocupada por la ideología que por la excelencia. A pesar de ello, me consta como muchos profesores de secundaria dedican de motu proprio parte de su tiempo libre a fomentar la participación de sus alumnos en las Olimpiadas de Economía (organizadas por la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales), en concursos de debates sobre temas económicos (impulsados por el Colegio de Economistas) y en Concursos de Bolsa, promovidos por el aula de Bolsa de la citada Facultad.
Si partimos de que la Educación fundamental se recibe en la familia, cabría preguntarse: ¿se habla con normalidad de las cuestiones económicas en el hogar? ¿qué conductas ven nuestros hijos en sus padres: gestión del presupuesto familiar, alternativas de inversión a los ahorros (en su caso), previsión de la jubilación, derroche, endeudamiento, recibos de la comunidad impagados que conviven con plataformas premium en TV, …? He de decir que el hecho de que mi padre llevara un dietario donde apuntaba todos los gastos de cada mes (los previstos a lápiz y los reales a bolígrafo), así como eludir cualquier impago aunque nos supusiera privarnos de algo, y la disciplina de mi madre de no salirse de la dotación mensual, y en ocasiones poder “ahorrar” algo, me marcaron de por vida.
Quizás una de las claves de la situación actual estribe en la diferencia existente entre la oferta de educación financiera y el uso que hacemos de ella, porque nunca como ahora ha habido mayor facilidad de acceso a esta formación: grados universitarios, páginas webs con preguntas y respuestas, charlas impartidas por voluntarios de fundaciones,… pero el rendimiento obtenido de este esfuerzo ha sido bajo, por lo que quizás debemos encontrar cauces que faciliten una mayor eficiencia a estos recursos.
El VIII barómetro del ahorro elaborado por INVERCO (Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones) repasa las características de los inversores españoles según la edad: Los centennials (entre 20 y 29 años), tienen un perfil conservador, ahorran en depósitos casi siempre, pero menos de la mitad acuden a una oficina bancaria a asesorarse. Los millennials (entre 30 y 42 años) ya destinan parte de sus ahorros a planes de pensiones y un tercio de ellos se asesora en páginas webs o plataformas de internet.
La generación X (de 43 a 55 años) piensa en ahorrar a medio y largo plazo: han vivido imprevistos para los que no contaban con un remanente de reserva y son conscientes de que deben complementar su incierta pensión con ahorros destinados a tal fin. Los baby boomers, nacidos entre 1950 y 1970, son los más conservadores, alimentan o tiran de los planes de pensiones o fondos de inversión, y son los clientes habituales de las oficinas bancarias. Finalmente, la silent generation (más de 74 años) ahorra para cubrir imprevistos o por simple hábito, y aunque la mayoría de ellos siguen con sus depósitos, la mitad conocen los planes de pensiones y los fondos de inversión y empiezan a hablar de la hipoteca inversa.
Distintos segmentos de edad pero todos ellos potenciales destinatarios de un mismo mensaje: si transformamos nuestras finanzas, transformaremos nuestras vidas. Si sembramos hoy, recogeremos mañana.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





