La historia del Pregón de la Semana Santa de Sevilla está llena de buenas intenciones, de loables esfuerzos literarios y respetables entregas para pronunciarlo. Pero esa misma historia, con inolvidables excepciones, está repleta de incapacidades para afrontar un reto bien difícil. Este año ha ocurrido.
Hemos vuelto al pregón de la Audiencia Provincial, al de los abogados, al de los jueces… pero no a la continuidad del pregón de los artistas, como Rafa Serna y Alberto García Reyes; el pregón de la maestría de la palabra escrita y hablada, como con José Luis Garrido Bustamante, Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp o Carlos Herrera.
El Maestranza no es una sala de los juzgados, el Maestranza es un teatro y lo que pisa el pregonero es un escenario. Repito, un escenario. Y la escena tiene sus reglas de obligado cumplimiento para el triunfo. Se han ignorado. Si ahora me dijeran que es un pregón para leer, no es de recibo; porque un pregón es para ser pregonado.
Sobre un texto endeble y una voz demasiado común, el pregón de José Ignacio del Rey Tirado se ha sostenido siquiera en las muletas de algunos poemas, como el dedicado a la Esperanza de Triana -incongruente de bonito con la prosa-, y el de La Macarena, con fondo instrumental de “Suspiros de España”, evocando y remedando los versos del genial pasodoble. Buena idea la de proseguir el camino abierto con Rafa Serna para que los pregones vayan incluyendo pasajes y dibujos musicales. También, como si no fuera familia de la prosa, el sentido poema a la Hermandad de Los Estudiantes, esgrimiendo un lirio en las manos.
Por lo demás, gestualmente corto, sin largura, sin torería. Y monótono en la declamación. Rubricado casi siempre por los aplausos de la educación, con los que el público impide el silencio desolado del pregonero.
Por último, y aunque fuera lo primero, la presentación del Delegado de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera, que fue tan sorprendente en el año de su estreno en el cargo, se ha metido por calles sin cofradías, con alusiones a la violencia de género, la independencia de Cataluña y hasta el asesinato de Gabriel.
La Banda Municipal, impecable en la ejecución de las marchas, ceñida fielmente a las partituras originales. Y en resumen, un día memorable para la vida de quien ya tiene en sus fechas más significativas la de este 18 de marzo en que fue pregonero de la Semana Santa. Una hora y cuarenta minutos de su gloria personal. Pero una fecha que será una más de los olvidos de Sevilla.





