Suele ocurrir que las estaciones no se sucedan guardando sus turnos de ida y de llegada. El otoño comenzará oficialmente en la península el próximo martes 22 de septiembre a las 15 horas y 31 minutos, según los cálculos del Observatorio Astronómico Nacional, que depende del Instituto Geográfico Nacional, del Ministerio de Fomento. Pero el cambio climatológico, como si obedeciera a la impaciencia por instalarse cuanto antes, ha hecho que el otoño haya ocupado ya las calles sevillanas. Al menos su firma inconfundible ya está por aceras o senderos del Parque en las primeras hojas caídas de los árboles, los Ginkgos para los biólogos, la especie propia que desprende esa forma clásica y tan romántica de una gran variedad cromática desde lo amarillento.
El otoño le ha pisado los talones al verano de Sevilla. En la ciudad siempre ocurre así para los cambios de temperaturas: de golpe y sin avisar. Lo oficial importa poco y la nueva estación no ha sabido contenerse hasta el próximo martes 22, que es cuando debería haber comenzado. Pero las primeras alfombras de las hojas ya están extendidas para que nuestros pies se sientan sobre el otoño, que durará 89 días y 20 horas; terminará por lo tanto el 21 de diciembre, cuando en las vísperas de una nueva Nochebuena dé comienzo el invierno.
Los primeros pronósticos de lluvias para la capital hispalense no se han cumplido en los altos porcentajes que se le auguraban, sobre todo el 100% para ayer viernes. Los sevillanos capearon un temporal con intervalos nubosos, con descansos en las precipitaciones que, salvo una enérgica y puntual descarga y con fuerte viento de media mañana, permitió después vivir al aire libre todo el día.
Las temperaturas también han iniciado su descenso de aproximadamente 10 grados, por lo que nos situaremos en torno a los 27. Los cielos de hoy sábado se esperan parcialmente nubosos, con escasas lluvias. Llover, lo que se dice llover, ya entra en las predicciones del jueves de la próxima semana.

Parece que hemos dicho adiós a imágenes como la de la cruz verde de la farmacia que, próxima a la Giralda, databa con más de 30 grados el calor asfixiante de las noches del verano, el verano además de las mascarillas. Ojalá haya sido el último en el que nos faltó tantas veces oxígeno limpio.





