Un león que se escapó
del Zoo, con buen criterio,
como vivía en España
se escondió en un ministerio.
Se zampó veinte asesores,
cien secretarias y en serio,
jamás hubo quien quisiera
resolver aquel misterio
pues nunca echaron de menos
(cual muertos de un cementerio)
a los desaparecidos
monjes de aquel «monasterio».
Y en un descuido, el león ,
en un acto de adulterio
convencido como estaba
de la suerte y de su imperio,
fue y se tragó de un bocado
a ese pobre megaterio
que traía los bocatas,
churros, café y refrigerio.
Entonces sí se notó
y viendo su vituperio,
al Zoológico volvió,
tras rejas, al cautiverio.





