Dentro de los jugosos detalles que nos ofreció la reciente procesión Magna de Sevilla, hubo uno minúsculo e imperceptible a la vista, pero de trascendental significado. Como fue que todas las Vírgenes que procesionaron portaban el pin «Pies Preciosos», que representa en tamaño real los pies de un feto de 10 semanas y es símbolo de la defensa del derecho a la vida de los seres humanos más inocentes e inermes, cuya naturaleza humana hoy se niega gravemente.
Dicho pin, no sólo honra a las madres embarazadas y a sus bebés, sino que también busca resaltar la dignidad y el valor intrínseco de cada ser humano desde la concepción, recordándonos que cada vida es un don sagrado que merece ser amado y defendido, sensibilizándonos sobre la importancia de proteger y acompañar a quienes se encuentran en situaciones vulnerables.
Además de agradecer a las Hermandades cuyas imágenes llevaron dicho pin, también habría que hacerlo a los promotores de la iniciativa: la Asociación Pro-Vida de Mairena del Alcor (Sevilla) con su infatigable presidente, Manuel Fernández, a la cabeza, en una labor que tendría que ser reconocida públicamente por alguna importante institución.
Pero los vientos que soplan en este fundamental tema son letales y más favorables al derecho a matar, que al derecho a vivir; a criminalizar a los defensores de la vida, antes que a premiarlos. Muy triste.







