Cuando pensamos en todo lo que se podía haber hecho y no se hizo, y sabiendo ya el resultado de la DANA, nos vienen a la cabeza las vidas que se podrían haber salvado y se fueron con las aguas para siempre. La tormenta apocalíptica no se pudo evitar, pero de haber actuado las autoridades con responsabilidad, con honradez, con sentido común, y con la intuición que toda la información técnica era capaz de dar, no estaríamos hablando de 220 muertos y más de 70 desaparecidos. Una cifra similar a la de la gran riada del Turia de 1957. Catástrofe que tuvo como consecuencia la construcción de una gran infraestructura: El Plan Sur. Desde entonces no se ha hecho ninguna importante en esa zona. La pregunta es, ¿en qué hemos mejorado en la lucha contra la gota fría persistente desde los años cincuenta del pasado siglo? Sabemos de la amenaza endémica de la gota fría en el levante español, sabemos de sus devastadores efectos, recurrentes año tras año, tenemos medios técnicos avanzados capaces de pronosticar el avance peligroso de las circunstancias atmosféricas previas a la descarga colosal de agua. Lo tenemos todo para prever estas catástrofes, nada para evitarlas. Y aún así, hemos dejado que las aguas, que ya sabíamos que son salvajes, se hayan llevado a traición a tantas criaturas, tantos sueños, tantos proyectos, tantos negocios (lo menos importante).
Para luchar contra una catástrofe no hace falta tener competencias. ¡Pero de qué estamos hablando! Si hay un hoyo en la calle y se acerca una persona mayor y no se da cuenta, yo le aviso para que no sufra ningún daño. No importa que yo no sea su hijo, ni su nieto, ni su vecino. He visto venir el peligro y la posibilidad de que alguien tuviera un tropiezo: es de persona normal y bien nacida, avisarle.
Las razones a favor de tener que avisar en el caso de la DANA son mucho más poderosas que en el ejemplo del bache, porque las diferencias en las consecuencias en un caso y otro son abismales, como hemos comprobado.
¿Qué interés puede tener nadie en que tropiece una pobre vieja? Ninguno, creo. ¿Qué interés puede tener un político en que llegando (porque había medios para saberlo) un devastador diluvio, y sabiéndolo, no avisara? No lo sé, pero así ha ocurrido. ¿Competencias? ¿Es que hay que ser legalmente competentes para salvar vidas? ¿Es que quizá hay alguien legalmente competente para quitarlas? Los mismos animales, por salvajes que sean, tienen sus propios códigos y mensajes para avisar de los peligros. Es increíble que ellos, los animales, nos retraten.
Sabemos los problemas del cielo y la orografía del levante español y nada hemos hecho en más de 50 años. Tenemos la tecnología que nos permite adelantarnos a los acontecimientos en horas, incluso días, y o ignoramos que existe o no la utilizamos. ¿Discutimos de las competencias? Si Valencia hubiese sido atacada bélicamente ¿tendría que haber pedido Mazón ayuda? ¿El estado hubiese tardado en reaccionar e intervenir cuatro días como ha ocurrido con la DANA? La consejera que desconocía el sistema de alertas a través de los móviles tiene que irse a su casa, está claro, pero el presidente del gobierno, el traidor Sánchez, debe irse a la suya, pero no a la Moncloa, que es de todos los españoles, sino a la suya. Todos los dires y diretes, los pelotazos de barro, los palos, los gritos, los insultos, los cristales rotos no tienen la más mínima importancia después de lo ocurrido. ¿O es que esperaban los políticos que los iban a recibir con aplausos y besos? Según la barbaridad que ha sucedido, sobre todo en tantos pueblos de Valencia, y las posibilidades reales de haberlo prevenido, el pueblo se ha comportado ejemplarmente. Sobra añadir nada. Pero quiero recordarle al que dijo en pleno desastre que si la Generalitat quería algo más solo tenía que pedirlo, una cosa más: las 220 víctimas, más los 70 desaparecidos, todos y cada uno de ellos, Pedro Sánchez, son tus muertos.






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sin duda son sus muertos por mucho que se empeñe en echarlos afuera como sin fueran balones. y aun así, se sigue botando al psicópata este . o acabamos con Sánchez o el acaba con nosotros.