Donald Trump ha metido irresponsablemente a EEUU en el callejón iraní y ahora no sabe cómo salir de él porque ha perdido el Norte… y el Este. Más de dos meses después de lanzarse a una loca aventura de la mano de su amigo y protegido Bejanmin Netanyahu, se encuentra ahora dando tumbos sumido en sus bravatas y contradicciones, y tratando de salir de un callejón del que no tiene fácil salida.
Inicio y objetivos de la guerra lanzada por EEUU e Israel contra Irán
Con su habitual clarividencia, Jorge Dezcallar ha manifestado que Trump no tenía claro lo que quería cuando atacó a Irán, salvo su seguridad en un éxito rápido de los que a él le gustan, como en Venezuela. Transcurridas varias semanas de una guerra que ha puesto en cuestión a la economía mundial, Trump sabe que tiene que salir cuanto antes del lío en que lo ha metido su amigo Bibi, que ése sí sabía lo que quería. Lo que pasa es que hacerlo y luego salirte de rositas no es fácil, porque hay que contar con los demás de la partida, que tienen sus propias agendas incompatibles entre sí. Con vistas a sus elecciones de noviembre, Trump necesita volver a sus soldados a casa y parar la subida del petróleo y de la inflación, y no puede hacerlo si no obtiene un éxito que le permita decir que ha ganado y que lo que ha hecho -que ha costado un dineral y ha vaciado sus arsenales- ha valido la pena, como que ha acabado con el programa nuclear iraní, aunque sea volviendo a un Acuerdo parecido al que hizo Obama en 2015 y que él torpedeó, y se encuentra con que Teherán no le quiere facilitar ese éxito y remolonea en las negociaciones que auspicia Pakistán. La agenda de Israel es muy clara: remodelar toda la geopolítica de Oriente Medio de acuerdo con sus intereses de seguridad, y lo está consiguiendo. Por eso no quiere parar la guerra mientras no derribe al régimen iraní y acabe con Hizbollah o, al menos, lo tenga tan sometido como a Hamas en Gaza, mientras gana territorios en Cisjordania y en Líbano. La agenda de Irán es sencilla pues considerará una victoria sobrevivir, que no es poco. Que el país quede destruido es secundario para sus dirigentes. Lo importante es salvar el régimen y la revolución. Lo demás es negociable y si consigue cobrar peaje por el paso del estrecho de Ormuz, miel sobre hojuelas. La ocupación israelita de una franja del territorio libanés, con destrucción de vidas y aldeas le da a Hizbollah un buen motivo para seguir en la lucha, sin que el Estado libanés tenga capacidad para desarmar a la guerrilla. A estas alturas, todos se han dado cuenta de que esta guerra no tiene solución militar y el verdadero problema es ver quién cede primero y cómo se las ingenian para decir que han ganado. “Será interesante ver cómo unos y otros tratan de atar esa mosca por el rabo”.
Según ha declarado a “La Razón” Angel Losada -que fue embajador en Teherán-, se desarrollan tres guerras en Irán y no todas persiguen el mismo objetivo. Trump quiso una guerra rápida, casi quirúrgica, confiando en que los ataques de EEUU e Israel provocarían el colapso del régimen iraní, pero tal cosa no ha sucedido y ahora quiere salir cuanto antes del embrollo porque el coste interno en su país es muy elevado. Netanyahu libra una guerra mucho más estratégica y también más personal. Busca debilitar de forma duradera a Irán y, al mismo tiempo, le interesa prolongar el conflicto para eludir los juicios a los que está abocado por prevaricación. Los dirigentes iraníes han entendido la guerra como una agresión híbrida y han respondido ampliando el terreno de juego, no solo en el ámbito militar, sino también en el económico y en el regional, tratando de que el coste de la operación sea sentido por todos. Yo añadiría que hay una cuarta guerra, que sufre pasivamente la comunidad internacional, que -sin comerlo ni beberlo- se ha visto adversamente afectada por el conflicto como consecuencia del cierre del estrecho de Ormuz, la disminución del suministro del petróleo y del gas procedente del Golfo arábigo-pérsico, y el consiguiente encarecimiento de su precio y el aumento de la inflación. A la cabeza de los terceros damnificados están los Estados ribereños del Golfo, que, además de los perjuicios económicos sufridos, han visto como sus bases militares y sus instalaciones energéticas han sido objeto de bombardeos por misiles y drones iraníes.
Cierre del estrecho de Ormuz
Irán ha encontrado el factor nuclear para su defensa frente a los ataques israelo-
estadounidenses, no en el enriquecimiento de uranio y la producción de bombas nucleares, sino en algo tan sencillo como el cierre a la navegación por el estrecho por donde transita el 20% del petróleo y gas que se exporta en el mundo -lo que tenía al alcance de la mano y a bajo coste-, ya que es el instrumento que puede alterar el equilibrio económico global, aunque también implique un alto coste para él. Sus efectos disuasorios han sido contundentes e inmediatos, pese a la aplastante superioridad militar del dúo agresor, por su letal incidencia en la economía mundial. El posterior bloqueo naval estadounidense del estrecho a su salida no ha hecho más que agravar la situación. En plan suicida a lo Sansón, los iraníes han optado por hacer que se desplome el templo y perezcan todos los que en él se encuentren, sean filisteos buenos o judíos malos.
Como ha observado Lluís Basets en “El País”, el mundo está pendiente de Ormuz, porque el doble bloqueo del tráfico marítimo declarado por Irán y por EEUU mantiene interrumpido un 20% de los suministros de energía y un 10% del comercio mundial, daña directamente a los opulentos Emiratos petroleros, y lastra la economía global, aunque también someta a Irán a una crisis comercial que le priva de indispensables ingresos del petróleo y dificulta las importaciones de bienes de primera necesidad. Es, por tanto, una arma de doble filo que pone a prueba la resistencia al dolor de quienes la usan y a la vez la sufren. “Si no se llega pronto a un acuerdo aceptable por ambas partes, ganará quien tenga más capacidad de aguantar”. En Irán afecta a la población sacrificada sin escrúpulos por la dictadura teocrática, mientras que en EEUU es Trump quien puede ver arruinada su presidencia por la inflamación de los precios del petróleo, la inflación y la amenaza de una recesión mundial, tanto mayor cuanto más se alargue el conflicto. A pesar del verbalismo agresivo y de las bravuconadas de ambos contendientes, hay una alternativa rápida a esta crisis, aunque tenga el serio inconveniente de que comporte una ruptura del status quo y vulnere el Derecho del Mar.
Las Partes barajan la idea de imponer peajes o alguna forma de fiscalidad al paso por el estrecho, bajo un sistema de gestión conjunta por Irán y EEUU. Trump -en su errático proceder- lo ha defendido en público, pues podría presentar tal solución como una victoria de su peculiar diplomacia de los negocios, tras la aplicación infructuosa de la fuerza militar. Para el régimen iraní sería una buena salida política, incluso una victoria, pues saldría consolidado con el final de la guerra, contaría con una importante fuente de ingresos y vería legitimado su control sobre el estrecho. Supondría, en cambio, un serio revés para el orden internacional basado en las reglas al servir de estímulo a otras potencias que controlan puntos estratégicos del globo.
Como ha declarado el ministro de Asuntos Exteriores de Singapur, Vivian Balakrishnln, la libertad de navegación de buques y aeronaves por el estrecho de Ormuz es un derecho establecido en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y el Estado ribereño no puede realizar negociaciones con otros Estados para garantizar el libre paso por el mismo, ni imponer peajes por su paso, pues socavaría ese principio jurídico. “Asistimos a un ensayo general de enfrentamiento bélico entre China y EEUU, que tendrá en el estrecho de Malaca su punto más caliente. El mar es la piedra de toque y el árbitro más difícil para un mundo gobernado según reglas compartidas. La fórmula geopolítica de nuestro mundo futuro dependerá de cómo se dirima la pugna por el control de los estrechos”.
En efecto, todos los buques y aeronaves que pasen por un estrecho utilizado para la navegación internacional gozarán del derecho del paso en tránsito, que no será obstaculizado. Por tal se entiende, el ejercicio de la libertad de navegación y sobrevuelo exclusivamente para los fines del tránsito rápido ininterrumpido por el estrecho -art.38-.
Al ejercer el derecho del paso en tránsito, los buques y aeronaves avanzarán sin demora por o sobre el estrecho, se abstendrán de toda amenaza o uso de la fuerza contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de los Estados ribereños del estrecho, o que de cualquier otra forma viole los principios del Derecho Internacional incorporados en la Carta de la ONU, y se abstendrán de toda actividad que no esté relacionada con sus modalidades normales de tránsito rápido e ininterrumpido -art.39-. No podrá imponerse gravamen alguno a los buques extranjeros por el solo hecho de su paso por el mar territorial -art.26-. Según Ana de Palacio, cuando un Estado pretende cobrar por el cruce de un estrecho, imponer requisitos políticos o utilizar la estrechura entre dos costas como instrumento de presión, no está introduciendo simplemente una fracción más en el intercambio comercial mundial, sino que está cuestionando una base fundamental del andamiaje multilateral que consagra el principio de libertad de navegación y de sobrevuelo, y altera la naturaleza misma del sistema establecido. “EEUU Sigue siendo la primera potencia naval, pero ha virado el sentido político de su supremacía y ya no la esgrime primordialmente en pro de la apertura, sino como medio selectivo de coerción”.
Con la política exterior de un Trump, hostil a cualquier orden internacional -incluido el marítimo- y al comercio global, se abre una brecha que otros Estados podrían aprovechar para chantajear a sus adversarios, y le valdrá a China para obstaculizar la presencia de EEUU en los mares asiáticos. Si prosperara la disparatada tesis del derecho de los Estados ribereños de un estrecho a exigir a los buques el pago de peajes por el tránsito por él, que resulta aceptable para Trump -EEUU no es Parte en la Convención de Montego-Bay-, Yemen, Eritrea y Yibuti podrían hacer lo mismo en el estrecho de Bab-el-Mandeb, Indonesia y Malasia en el de Malaca, y España y Marruecos en el de Gibraltar. ¡Sería delirante!
Como ha comentado Ignacio Fariza en “El País”, el cierre de Ormuz lleva causando estragos en las cuatro esquinas del mundo. La imposibilidad de importar recursos energéticos del Medio Oriente hace escasear el suministro de queroseno-para aviones-, de fuelóleo -para buques-, y de diesel -para la explotación en el campo y el transporte en carretera- en Asia y en Europa. Se ha producido un embudo que va a más, con un daño a medio y largo plazo que es exponencial y cada día resulta más dañino que el anterior -el precio del barril de petróleo ya ha alcanzado los $115 y “ancha es Castilla”-. Los mercados siguen instalados en la esperanza en que se mantenga un precio que no refleje la gravedad de una crisis del petróleo, que ha sido calificada por el presidente de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, como la mayor en la historia y más grande que todas las anteriores juntas. Los actores mundiales implicados no pueden permitir que esta situación continúe más allá de la primavera. En una primera fase, las exportaciones de Irán fluían y le proporcionaban ingresos fundamentales para su economía, pero -tras el cerrojazo de EEUU complementario al de Irán- la situación ha cambiado por completo para éste, que ha visto reducidas de forma considerable sus exportaciones de petróleo, gas, fertilizantes y acero, estrechando de forma notable su margen de maniobra. De ahí que aumenten los incentivos para que se llegue a algún tipo de acuerdo, que deberá pasar necesariamente por la reapertura de Ormuz. EEUU se ha visto beneficiado del cierre al ser productor y exportador de petróleo, pero eso no lo ha hecho inmune a la crisis, ya que se han disparado los precios de la gasolina y las elecciones parlamentarias de medio término están a la vuelta de la esquina. Las hemerotecas muestran que ningún candidato ha ganado unos comicios si el galón de gasolina superaba los $4 y, si Ormuz no se reabre, los precios se dispararán en otoño.
El politólogo iraní Daniel Bashandel, ha señalado que la República islámica basa su estrategia en la resistencia. El pulso con Trump está determinado por su nivel de motivación y por los costes que Irán está dispuesto a asumir en un contexto de reorganización del poder. El régimen trata de desgastar a EEUU, tanto en el frente bélico como en el diplomático. Las condiciones económicas de la población se han deteriorado de forma notable. La inflación supera el 70% y en algunos productos ha llegado hasta el 100%. La caída de la producción económica y el daño causado a las instalaciones industriales y energéticas han provocado 1 millón de despidos directos y 2 millones indirectos, lo que ha hundido aún más el poder adquisitivo de millones de familias. Los ataques han causado daños por valor de $200.000 millones y, en este contexto, las autoridades iraníes recurren a la intimidación y la violencia.
Para el profesor iraní Ehsan Rahimi, Irán no está perdiendo la guerra en términos convencionales, pero sí ha entrado en una fase de erosión estructural. El riesgo central no radica no tanto en un colapso inmediato, como en la acumulación de tensiones que refuerzan la securitización del sistema en detrimento de su eficiencia. A corto plazo, este modelo puede sostener una estabilidad relativa, pero a medio plazo erosionará la economía, la legitimidad interna y la capacidad de gobernanza. La cuestión no es quién prevalece, sino si éste equilibrio inestable puede sostenerse bajo una presión prolongada en un entorno regional adverso.
Entre sus muchas declaraciones en su “chat” preferido de “Truth Social”, extravagantes y contradictorias, figura la de que los dirigentes iraníes están divididos entre los que quieren negociar para llegar a un acuerdo y los que prefieren continuar la guerra. En consecuencia, el columnista norteamericano Mark Thiessen ha afirmado que “si el régimen iraní está dividido entre quienes quieren un pacto y entre los que no lo quieren, la solución es fácil: matar a la facción que se opone”, y el presidente no parece hacerle ascos a la propuesta. El problema es que no sabe quiénes son los halcones y quiénes los palomas, amén de que algunos de éstos han sido exterminados por Israel por la vía rápida. Para aumentar la confusión, el iluminado cruzado secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha declarado en el Congreso que los principales enemigos de EEUU no están en Irán, sino en las filas demócratas, pese a lo cual, las heroicas fuerzas armadas estadounidenses habían “obliterado” las instalaciones nucleares iraníes. El senador Adam Smith le contestó con sorna que si tal era el caso -y dado que el objetivo confesado del ataque a Irán había sido acabar con su poder nuclear y evitar que pudieran fabricar bombas atómicas- ¿por qué continuaba la guerra si se había conseguido el objetivo? Añadió que el Gobierno era incapaz de cumplir su propia Estrategia de Defensa Nacional, hecha a imagen y semejanza de Trump.
Según Losada, Irán ha pasado de una teocracia con fuerte estructura clerical a un sistema cada vez más militarizado. El barniz sigue siendo religioso, pero quien manda de verdad es la Guardia Revolucionaria. La guerra ha acelerado este proceso, radicalizado al régimen y dejado en una posición muy secundaria a los líderes menos radicales, como el presidente reformista Massus Pezeshkian. El sistema estaba debilitado por la fractura generacional y las protestas que cada vez se extendían más ante la pavorosa crisis económica, pero la guerra ha servido para cerrar filas en torno al Gobierno, reforzado los sectores más duros y concentrado aún más el poder en los aparatos de seguridad, con lo que se ha intensificado la represión.
Las alarmas por la situación han llegado hasta China, pese a que haya acumulado preventivamente importantes reservas de combustible, pero no serán suficientes si el bloqueo de Ormuz continúa, al que ser el principal importador de petróleo procedente del Golfo. Por eso, Xi Yinping, pese a ser aliado de Irán, ha exigido la inmediata reapertura de Ormuz. “El estrecho debe permanecer abierto a la navegación normal por el interés común de los países de la región y de toda la comunidad internacional”. Respecto a las monarquías del Golfo, también están sufriendo las consecuencias del cierre y solo Arabia Saudita puede aguantar que el cerrojazo se prolongue más allá del verano. El Primer ministro alemán, Frederic Merz, ha declarado que no ve qué estrategia de salida puede tener EEUU en un momento en que está siendo humillado por los dirigentes iraníes y carece de un plan al respecto. “La guerra está teniendo un impacto directo en nuestra economía y debe terminar lo antes posible”.
Según Jorge León, investigador de Rystad Energy, la gran duda es quien va acabar cediendo, aunque EEUU es el que está en peor situación. Lo deseable sería que ambas partes lograsen un pacto de mínimos que pusiera fin a la guerra, y que Irán concluyera acuerdos bilaterales, país a país, que permitieran el paso libre de los buques, previo el pago de un peaje o de una contribución financiera para ayudar a la reconstrucción del país. Otra alternativa sería seguir con la guerra “sine die” y que el precio del petróleo podría alcanzar los $250. Con vistas a esta segunda solución, el Pentágono le ha presentado a Trump una panoplia de posibles actuaciones militares. No estoy de acuerdo con León, porque continuar con la guerra sería suicida, ya que cualquier persona sensata entiende que no hay una solución militar que consagre la victoria total de una de las partes, y violar el principio básico del Derecho del Mar de libertad de navegación y sobrevuelo por los estrechos utilizados para la navegación internacional no puede se aceptado por la comunidad internacional. La única solución viable es que se realicen negociaciones de buena fe y las Partes lleguen a un acuerdo -aunque sea de mínimos- que permita poner fin a este disparatado conflicto.
Negociaciones entre las Partes
En el violento y conflictivo ambiente del Oriente Medio, el “animus pacis” brilla por su ausencia, especialmente en el campo de los agresores -EEUU e Israel-, que, mientras estaban sentados en la mesa de negociaciones, bombardearon en dos ocasiones a Irán, en junio de 2025 y en febrero de 2026. No obstante, los beligerantes se intercambiaron -a través del mediador Pakistán- sus respectivos planes de paz -de15 puntos el estadounidense y de 10 el iraní-, que eran difícilmente acomodables por ser radicalmente antitéticos. EEUU pretendía la renuncia de Irán al armamento nuclear y la entrega a la AIEA de sus reservas de uranio enriquecido, la reducción de la producción de misiles, la libertad de tránsito por el estrecho de Ormuz, y el cese del apoyo a las milicias terroristas de Hizbollah, Hamas y Hutíes. Irán rechazaba estas demandas y exigía el reconocimiento de su derecho a la investigación nuclear con fines civiles y de su soberanía sobre Ormuz, la garantía de que no sería objeto de nuevas agresiones, el pago de indemnizaciones por los daños causados, y el cierre de las bases de EEUU en la región. La falta de un espíritu común de cooperación se veía alimentado por los desafortunados y contradictorios comentarios de Trump. Un día preconizaba la eliminación de la cúpula del régimen iraní y otro comentaba que había algunos dirigentes que deseaban la paz; un día, que EEUU iba a exterminar la civilización persa y volver al país a la edad de piedra y, otro, que la paz estaba al alcance de la mano; un día, que la guerra estaba a punto de terminar y, otro, que se prolongaría durante mucho tiempo…Daba amenazadores ultimatums, que prorrogaba a su término, hasta dictar una prórroga indefinida, lo que minaba su credibilidad. Tampoco ayudaba el belicismo de Netanyahu, los contínuos ataques de Israel a Hizbollah, la ocupación del sur del Líbano y la expulsión de sus habitantes. Aunque de mala gana? “Bibi” aceptaba la tregua en Irán, pero no en el Líbano, hasta que Trump le dio un toque amistoso, temeroso de que los iraníes cumplieran su amenaza de no acudir a la mesa de negociaciones hasta que Israel cesara sus ataques al país vecino.
Al fin, merced a la mediación del presidente paquistaní, Shehbaz Sharif, las delegaciones de EEUU -formada por el vicepresidente J.D. Vance, el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y el yerno de aquél, Jared Kushner- y de Irán -integrada por el presidente del Parlamento, Mohamad Qalibaf, y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi- celebraron el 11 y 12 de abril en Islamabad una reunión maratoniana de 19 horas, que terminó como había empezado, aunque su principal mérito fue el de que llegara a celebrarse. Los negociadores prometieron reunirse de nuevo, pero esto no ha llegado a producirse por la profunda desconfianza existente. Vance explicó el fiasco de la reunión porque Irán no había aceptado las condiciones de EEUU y existían diferencias significativas. Estaba prevista la celebración de otra reunión el 26 de abril, pero Irán condicionó su asistencia a que EEUU levantara el bloqueo de Ormuz y Araghchi abandonó Islamabad antes de que llegara la delegación norteamericana, por lo que Trump canceló el viaje, al considerar que podrían comunicarse por teléfono. La semana pasada, Irán envió una propuesta sobre un plan por fases, en el que se daría prioridad al fin de la guerra y a la reapertura a la navegación por Ormuz, y se dejaría para más tarde el tema nuclear y otras cuestiones controvertidas. Trump rechazó la propuesta e Irán entregó el 30 de abril otra propuesta, cuyo contenido aún se desconoce.
El profesor David Hernández no ve factible un acuerdo a corto plazo, dado el antagonismo de los actores, que buscan una victoria política que solo puede producirse si uno de ellos acepta que ha perdido el conflicto. Más que buscar un acuerdo de paz, procuran lograr un acuerdo que proporcione una imagen de que han sido ellos los ganadores, cuando no hay tales, porque todos están perdiendo. Cabe concluir con las palabras de León XIV, la voz que clama en el desierto: “Sigo alzando la voz contra la guerra y tratando de promover la paz y el multilateralismo con todos los Estados, para proveer soluciones a los problemas”.





