Con su habitual mezcla de irresponsabilidad y desparpajo, el presidente Donald Trump ha declarado al periódico “The Daily Telegraph” que estaba valorando seriamente la posibilidad de que EEUU se retirara de la Organización del Tratado del Atlántico (OTAN), que nunca le había convencido. “Siempre supe que era un tigre de papel y Putin también lo sabe, por cierto”.
Antecedentes
El 4 de abril de 1949 se firmó en Washington, a instancias de EEUU, el Tratado del Atlántico Norte, del que fueron asimismo signatarios Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal y el Reino Unido. Según su art.10, las Partes pueden invitar a que se adhieran al Tratado cualquier Estado europeo que esté en condiciones de promover sus principios y de contribuir a la seguridad de la zona del Atlántico Norte. De conformidad con esta disposición, se fueron incorporando a la Alianza Grecia y Turquía (1952), Alemania (1955), España (1982), República Checa, Hungría y Polonia (1999), Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumanía (2004), Albania y Croacia (2009), Montenegro (2017), Macedonia del Norte (2020), Finlandia (2023) y Suecia (2024).
La OTAN fue creada por EEUU en plena Guerra Fría para hacer frente a la Unión Soviética y al peligro de la expansión del comunismo en Europa. Su 1° concepto estratégico adoptado en 1950 señalaba como su principal objetivo disuadir la agresión de la URSS e indicaba la disposición de la Organización a recurrir al uso de la fuerza militar si fallaba la disuasión. A partir de ese momento, la Alianza fue modificando sus objetivos para adaptarse a los cambios que las circunstancias políticas y geoestratégicas aconsejaban. En su 2° concepto estratégico (1952) se preveía “garantizar la defensa del área de la OTAN y destruir la voluntad y la capacidad de la Unión Soviética y de sus satélites para hacer la guerra”. El 3° (1955) contemplaba la represalia masiva –“destrucción mutuamente asegurada”- que implicaba el recurso a todas las armas disponibles -incluidas las nucleares-, y otorgaba a la Alianza una cierta función política. En su 4° concepto estratégico (1968), la Organización preconizaba dar una respuesta flexible, combinando medidas militares con otras diplomáticas, políticas y económicas, para disuadir un ataque enemigo más allá del uso de las armas. Estos cuatro primeros conceptos se basaron en la disuasión y en la defensa colectiva, si bien fueron dando entrada gradual al diálogo y a la distensión. Era lo que su secretario general, Anders Rasmussen calificó de OTAN-1, una alianza meramente defensiva.
Con la reunificación de Alemania, la desintegración de la URSS y la disolución del Pacto de Varsovia, la situación cambió de forma radical, ya que la Organización se quedó de pronto sin enemigo y tuvo que acomodar su estrategia a esa realidad. En el 5° concepto estratégico (1991) se introdujeron los principios de cooperación y de diálogo político, y se amplió el ámbito de acción de la Alianza, que el art. 6 del Tratado limitaba al Atlántico Norte y al Mediterráneo. En 1997, la OTAN y Rusia firmaron el Acta Fundacional sobre las Relaciones de Cooperación y Seguridad Mutuas, por la que las Partes se comprometían a construir una paz verdadera, basada en los principios de democracia, seguridad y cooperación, y a desarrollar una asociación estable sobre la base del interés común, la reciprocidad y la transparencia. Esta concepción se plasmó en el 6° concepto estratégico adoptado en la Cumbre de Madrid. Se creó un Consejo Conjunto Permanente para la consulta del sobrevuelo de su espacio aéreo y la toma en común de decisiones, y en 1998 Rusia estableció una Misión permanente ante la OTAN. Las relaciones se deterioraron cuando la OTAN bombardeó Kosovo en 1999 sin autorización del Consejo de Seguridad y Rusia cerró su Misión en Bruselas.
En 2008, la Alianza invitó a Georgia y a Ucrania a que se incorporaran a la Organización y Rusia lo consideró un ”casus belli”, invadió Georgia y reconoció la independencia de Abjazia y Osetia del Sur. Ucrania se libró por las pelos de una suerte similar por el acceso al Gobierno del pro ruso Viktor Yanukovich, que retiró la petición de ingreso en la OTAN, no firmó un Acuerdo de Asociación con la UE y prorrogó hasta 2042 la presencia rusa en sus bases navales de Crimea. Yanukovich fue derrocado en 2014 tras la revuelta del Maidán y el presidente Petro Poroshenko propició un nuevo acercamiento a la OTAN y a la UE. Ya en 2008, Barack Obama había iniciado una aproximación a Rusia, que permitió la asistencia el presidente Dimitri Medveded a la Cumbre de Lisboa de 2010 y la firma de una Declaración conjunta, en la que se acordó establecer una asociación estratégica “con el fin de contribuir a la creación de un espacio común de paz, seguridad y estabilidad en la zona euroatlántica”. Las Partes se comprometían a abstenerse de la amenaza o del uso de la fuerza entre ellas y contra terceros Estados. Al mismo tiempo, y en contraste, la Alianza adoptó su 7°concepto estratégico, por el que OTAN asumía la defensa de sus miembros frente a cualquier amenaza y el despliegue de fuerzas militares dondequiera que fuera necesario y cuando fuera requerido para su seguridad, con el fin de “promover la seguridad común de nuestros socios alrededor del globo”. El no poner límites a su ámbito geográfico, supuso el paso de una Organización regional a otra universal.
Los buenos deseos expresados en Lisboa tuvieron poco recorrido porque, en marzo de 2014, Rusia invadió Crimea y se la anexionó, tras un referéndum “fake” celebrado sin las mínimas garantías. Al mismo tiempo, apoyó militar y políticamente a los rebeldes ucranianos que se habían rebelado en el Donbass y respaldó la secesión de Donetsk y Lugansk. Ante la tenue reacción de la Comunidad internacional a esta agresión -que se limitó a una condena inocua de la Asamblea General de la ONU y a la aplicación de sanciones económicas de bajo nivel-, Vladimir Putin se envalentonó y, el 24 de febrero de 2022, invadió Ucrania bajo el falso pretexto de impedir una supuesta agresión de Rusia por parte de Ucrania con la ayuda de la OTAN, lo que dio origen a una guerra cruenta que sigue desarrollándose en nuestros días.
La OTAN había sido creada por EEUU y financiada principalmente por sus Gobiernos, que la controlaban militar, política y económicamente. Obama pidió a los países miembros de la Alianza que aumentaran su contribución económica e incrementaran sus gastos en defensa y, en 2010, el secretario de Defensa, Robert Gates, declaró que la crisis presupuestaria de la OTAN era un síntoma de cómo percibía la Organización las amenazas, formulaba sus necesidades y distribuía sus recursos. La desmilitarización de Europa suponía un impedimento para conseguir una seguridad real y una paz duradera. “Con la reducción de fondos y capacidad que se produce, se hace difícil operar y combatir juntos para hacer frente a amenazas comunes”. Para superar esta situación, la Cumbre de Newport (Gales) de 2014 instó a los socios a que subieran sus gastos en defensa al 2% de su PIB en un plazo de 10 años, al término del cual la mayoría de ellos no habían cumplido con su compromiso. Tras su acceso a la presidencia en 2017, Trump criticó a los miembros de la OTAN por la insuficiencia de sus presupuestos de Defensa, los instó a cumplir el compromiso asumido en Gales, y afirmó que EEUU no ayudaría a un Estado miembro que no lo cumpliera en el caso de que fuera atacado por Rusia, poniendo así en tela de juicio la aplicación del art.5 del Tratado, que prevé que, si un Estado miembro fuera agredido, los demás acudirían en su ayuda, utilizando la fuerza militar si fuera necesario.
La invasión de Ucrania por Rusia produjo una reacción positiva en la OTAN, de la que Emmanuel Macron había llegado a decir que estaba el encefalograma plano. La Cumbre de Madrid, celebrada unos meses más tarde, adoptó el 8° concepto estratégico, que consideraba a Rusia como “la amenaza más importante y directa para la seguridad de los aliados y para la paz y estabilidad en el área euroatlántica […] Su postura militar coercitiva, su retórica y su voluntad demostrada de utilizar la fuerza para perseguir sus objetivos políticos socavan el orden internacional basado en normas”. La Alianza subrayó la necesidad de reforzar significativamente la disuasión y la defensa como columnas vertebrales del compromiso del art.5 de defenderse mutuamente y acusó a Moscú de haber roto el ordenamiento de seguridad internacional vigente hasta entonces en Europa. Su invasión brutal e ilegal, las reiteradas violaciones del Derecho Internacional humanitario y los feroces ataques y atrocidades realizados habían causado gran sufrimiento y una destrucción indecibles. “Una Ucrania fuerte e independiente es vital para la estabilidad de la zona euroatlántica”. Pese a este inequívoco aserto, Trump suspendió la ayuda militar y financiera de EEUU a Ucrania y presionó de forma inmisericorde en la propia Casa Blanca al presidente Volodimir Zelenski para que pactara con Putin y aceptara ceder a Rusia Crimea y las regiones sublevadas del Donbass. Respecto a China, la Cumbre advirtió de su asociación estratégica cada vez más profunda con Rusia y de que “sus intentos de reforzarse mutuamente con el objetivo de socavar el orden internacional basado en normas van en contra de nuestros valores e intereses”.
Giro en la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de EEUU de 2025
La ESN de 2025 ha supuesto un giro copernicano en la política militar seguida por los distintos Gobiernos estadounidenses desde el fin de la II Guerra Mundial. En su preámbulo, Trump afirmaba que se trata de “una hoja de ruta para garantizar que EEUU siga siendo la nación más grande y exitosa de la Historia de la Humanidad”. Mientras que la ESN de 2022 consideraba a Rusia como una amenaza inmediata y defendía el total apoyo a Ucrania el tiempo que fuera necesario, la de 2025 supuso un giro de 180° en la política militar norteamericana, pues llega a decir que el mayor riesgo no es ya Rusia, sino “una apuesta prolongada por una Europa desindustrializada, dividida y necesitada del apoyo de EEUU”. La UE aparece más como un problema que como una solución. Su transnacionalismo ha conducido a la erosión de la soberanía, el exceso regulatorio, las políticas migratorias descontroladas, la baja natalidad, la censura, la falta de libertad de expresión y la represión de la oposición. EEUU no debe alinearse con las élites europeístas integracionistas, sino con los partidos patrióticos y las corrientes nacional-conservadoras euroescépticas, que reivindican su propia identidad e imponen un renacimiento del orgullo nacional (¿?). Europa atraviesa una grave crisis interna que pone en peligro su propia existencia, pasando de ser un pilar del orden liberal a una civilización en riesgo, por lo que había que rescatarla de su propia deriva. Ha desaparecido el orden basado en normas y la diplomacia inspirada en valores, que han sido sustituidos por otras basadas en el poder, la soberanía, la presión y la creación de esferas de influencia. Las naciones europeas deberán asumir la carga de su propia defensa y aumentar hasta el 5% del PIB sus gastos militares, al margen de los EEUU. Quien quiera su apoyo, deberá alinearse con sus prioridades estratégicas, contribuir a su propia defensa y abrir espacios económicos que beneficien a la industria de EEUU .
Rusia no es -como estiman los europeos- una amenaza existencial, por lo que había que abandonar la retórica del enfrentamiento. No se debía buscar una victoria absoluta sobre Moscú a través de un flujo ilimitado de ayuda a Ucrania que prolongara indefinidamente la guerra, sino congelar el conflicto en términos razonables, restaurar un equilibrio de poder estable, y concertar un cese rápido y expedito de hostilidades para proteger la economía europea y “establecer una estabilidad estratégica con Rusia”. De esta manera, EEUU podría liberar recursos y evitar el colapso estratégico de una Europa debilitada y, a la par, no verse distraído de su verdadero teatro de operaciones, que ha pasado del Océano Atlántico al Pacífico. La Estrategia, por tanto, emplaza a una nueva relación con Rusia conforme a parámetros de equilibrio de poder y cooperación, en vez de confrontación existencial.
Desestimado el peligro ruso, la OTAN vería reducida su utilidad y su función primordial hasta entonces ejercida como dique a la expansión de Rusia y quedaba congelada. Se pondría fin a su expansión permanente, mediante la oposición al ingreso de Ucrania y otros candidatos y centrándola en los países europeos, que deberían asumir su propia defensa. Según el profesor James K. Galbraith, la ESN ha consagrado una cosmovisión distinta e importante, ya que ha marcado un cambio de rumbo al renunciar a la retórica centrada en la OTAN como gendarme mundial y artífice de la ”Pax Americana”, que han tenido los Gobiernos de EEUU desde la disolución de la URSS.
Otro tema en el que la ESN no ha estado muy acertada ha sido en la cuestión del Próximo Oriente, en el que EEUU trata de garantizar que los suministros energéticos del Golfo no caigan en manos de enemigos declarados y que el Estrecho de Ormuz permanezca abierto, debiendo encarar esta amenaza en forma ideológica, sin décadas de infructuosas guerras. “La era en la que el Oriente Próximo dominaba la política exterior estadounidense ha terminado, porque la región ya no es el irritante, constante y potencial origen de catástrofes inminentes como fue en otros tiempos”. La región se está convirtiendo en un lugar de colaboración, amistad e inversión. A pesar de estas alentadoras consideraciones, EEUU atacó a Irán arrastrado por Israel -al que apenas se mencionaba en la Estrategia-, iniciando “la madre de todas las guerras interminables”. Semejante actuación tampoco casaba bien con otra de las directrices del documento que aconseja “evitar guerras interminables que consuman energía estratégica, sin mejorar su posición relativa”, con el fin de “preservar su hegemonía interna y hemisférica frente a un sistema internacional multipolar”. Parece ser que a Trump se le olvidó consultar sus propias auto instrucciones antes de lanzarse a la aventura iraní.
Actitud contraria a la OTAN de Trump y su camarilla
La situación ha sido perfectamente descrita por Lluis Bassets en “El País”. Desde su primera presidencia, Trump mostró intenciones liquidacionistas. No había aliados y socios en pie de igualdad, sino vasallos que debían someterse y pagar las gabelas que exija el jefe y, en caso contrario, quedarse sin Alianza. Con la guerra de Irán, la OTAN ha sufrido una nueva embestida de Trump, despechado por la negativa de sus aliados a participar en ella o, al menos, a apoyarle política y logísticamente. Ha pretendido que la Alianza se comprometiera en la apertura el Estrecho de Ormuz al tráfico marítimo, después de que fuera su guerra unilateral de agresión la que provocó su bloqueo, ignorando el carácter exclusivamente defensivo de la Organización. En efecto, en el preámbulo del Tratado de Washington, las Partes se declaran resueltas a unir sus esfuerzos para “la defensa colectiva y la conservación de la paz y la seguridad”,y el art.5 obliga a los Estados Miembros a auxiliar militarmente a otros Estados que hayan sido atacados, pero no cuando son ellos los que atacan a terceros. Trump ha devaluado este artículo básico del Tratado y hecho perder credibilidad a la OTAN como elemento eficaz de disuasión, tal cual ha sido desde su creación. En un momento en que se cierne la amenaza de Rusia sobre países miembros de la OTAN tras su agresión a Georgia y a Ucrania -de conformidad con las ansias expansionistas de Vladimir Putin de restablecer el Imperio de los zares-, Trump le ha dicho a su colega que la Alianza es un “tigre de papel” sin capacidad de respuesta y que, si ataca a sus miembros, EEUU incumpliría los compromisos asumidos en el art.5 y no pasaría nada, como como no pasó tras la anexión de Crimea y del Donbass por Rusia.
EEUU se ha mostrado especialmente dolido porque algunos de sus aliados de la OTAN -a los que en ningún momento ha informado de sus aventuras bélicas y mucho menos consultado- han prohibido el uso de sus bases y el sobrevuelo de su espacio aéreo a las aeronaves que atacaran a Irán -como España, Francia, Italia o Gran Bretaña-, aunque en realidad han hecho la vista gorda y lo han permitido, cuando esas aeronaves hacían escala en otros aeródromos antes de intervenir en Irán.
Con su proverbial prepotencia, Trump ha dicho que no le importaba nada el desleal comportamiento de sus socios, porque no los necesitaba y solamente los había puesto a prueba, pero acto seguido ha afirmado que “a todos aquellos países que no pueden conseguir combustible para sus aviones debido al estrecho de Ormuz tengo una sugerencia:[…] número 1,compren a EEUU, tenemos de sobra; y, número 2, vayan al estrecho y simplemente TÓMENLO. Tendrán que empezar a aprender a luchar por sí mismos, porque EEUU ya no estará allí para ayudarlos, tal como ustedes no estuvieron allí con nosotros. Irán ha sido esencialmente diezmado. La parte difícil ya está hecha ¡Vayan a buscar su propio petróleo!”. El secretario de Estado Rubio añadió que “la OTAN no se creó únicamente para defender a Europa, sino también para permitirnos tener bases militares en Europa para nuestra seguridad nacional. Hemos llegado a un punto en que la Alianza de la OTAN implica que no podemos utilizar esas bases para defender nuestros intereses, por lo que entonces es una vía en un solo sentido“, y se preguntó “¿por qué gastamos billones de dólares y tenemos todas estas fuerzas estadounidenses desplegadas en la región sí, en nuestro momento de necesidad, no nos va a permitir utilizar esas bases?”. La respuesta radica -según el investigador del Instituto Hudson Daniel Kochis- en que EEUU no cuenta con 31 bases permanentes -y otras 19 a las que tienen acceso- y 84.000 soldados en Europa solo para proteger a los europeos, sino sobre todo para proteger sus intereses, ya que esas bases le proporcionan una ventaja de las que otras potencias como Rusia o China carecen, constituyen decisivos baluartes disuasorios frente a Rusia y le permiten además actuar en el norte de África y en el Próximo Oriente. Frente a este discurso victimista, cabe recordar que EEUU ha sido el único país socio que se ha visto beneficiado por la invocación del art.5 del Tratado, cuando se produjo en 2001 el ataque yihadista del 11-M.
La reacción del secretario general de la OTAN, Mark Rutte -totalmente entregado a Trump- ha sido lamentable, porque no ha defendido a los Estados miembros duramente criticados por los dirigentes estadounidenses, y ha ensalzado a “Daddy Trump”, justificado que EEUU no informara a sus socios de sus intenciones bélicas y afirmado que Trump ha hecho cosas cruciales para la Alianza, como forzar a los miembros a que aumenten sus gastos de defensa hasta el 5% de su PIB, conforme a lo acordado en la Cumbre de La Haya por todos los socios, salvo España. Pese a que un Estado miembro como Turquía haya sido alcanzado en varias ocasiones por misiles lanzados por Irán o sus “proxies”, Rutte no ha considerado necesario invocar el art.5 del Tratado, ni siquiera el art.4, que prevé que las Partes se consulten cuando la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de ellas se vea afectada por el ataque de un tercero. Claro que, en la paranoica estrategia de Trump, se ha llegado a la surrealista situación de que EEUU haya amenazado a un Estado miembro como Dinamarca. Rubio ha considerado decepcionante que, en un momento de necesidad para EEUU, países como España -miembros de una Organización a la que se ha comprometido a defender- denieguen el uso de su espacio aéreo y se jacten de ello. Tal es el caso de Pedro Sánchez, quien -autoerigido en las némesis de Trump-, hace gala por doquier de su antitrumpismo por motivos oportunistas de política interna. A juicio de Fabrice Pothier -ex-director de Política de Planificación de la OTAN-, la clave para resistir a la presión de Trump es que los socios se mantengan firmemente unidos ante las consecuencias de la ira “trumpiana”, como ocurrió en el caso de Groenlandia.
EEUU podrá invocar el art.13 del Tratado, que establece que las Partes pueden denunciarlo pasados 20 años de su vigencia, y el abandono se producirá un año después de la notificación al depositario. Es posible que no sea tan fácil como parece, pues -según la Ley Nacional de Autonomía de Defensa de 2025, de la que fue coautor el propio Rubio-, para poder abandonar la Alianza se requiere la autorización del Congreso adoptada por mayoría de 2/3. Prevé asimismo que no se podrá reducir el número de las tropas estacionadas en Europa por debajo de las 76.000 unidades. Los copresidentes del Grupo del Senado de Observadores de la OTAN, Jeanne Shaheen (D) y Tom Tills (R) han afirmado que la institución no va a autorizar la retirada de la OTAN, y los senadores Mith McCornell (R) y Chris Cohon (D) han manifestado que “el Senado seguirá apoyando a la Alianza por la paz y la protección que proporciona a EEUU, a Europa y al mundo”. A nivel popular, el 60% de la población apoya a la OTAN y -ante la creciente oposición de los ciudadanos a la guerra con Irán- las perspectivas de los Republicanos en la elecciones de noviembre no son demasiado halagüeñas, por lo que es harto probable que pierdan la mayoría en las dos Cámaras.
Altos dirigentes del Gobierno que son cristianos evangelistas radicales pretenden justificar la guerra por motivaciones religiosas. Así, el secretario de Guerra, Pete Hesseth, ha pedido al Señor que bendiga la violencia abrumadora contra quienes no merecen piedad, y organiza continuas jornadas de oración en las Fuerzas Armadas con este objetivo, lo que está en clara contraposición con el criterio de su compatriota, el Papa León XIV, quien ha hecho un llamamiento directo a Trump para que encuentre una vía de salida que ponga fin a la guerra en Irán. En su homilía “urbi et orbi” del Domingos de Resurrección, el Papa ha sido firme e inequívoco: “!Quienes tengan armas en sus manos, que las abandonen! ¡Quienes tengan el poder de desatar guerras, que elijan la paz!”. Ha lamentado que la gente se esté acostumbrando a la violencia, se resigne a ella y se vuelva indiferente. Instó a conseguir una paz no impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo, no con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo, y a abandonar todo deseo de conflicto y dominación. Imploró al Señor que concediera su paz a un mundo devastado por guerras que matan y destruyen. “La paz no busca el interés particular, sino el bien común, no pretende imponer su propio plan, sino contribuir a diseñarlo y a ponerlo en práctica junto con los demás”. ¡Que así sea!





