No sé por qué ustedes no lo entienden… Lo que propone el subcomandante Pablo Igeishas es bien sencillo: prohibir los piropos y naturalizar los insultos. Simple como un discurso de Juan Carlos Monedero o un tuit de Elisa Beni, ¿no? Pues eso.
En manos de este galopante zurdismo del NWO, la política se ha convertido en un videojuego repleto de opciones binarias que se reducen sólo a una: muerto o vivo, blanco o negro, de pie o de rodillas, o me besas la bota o te reviento el escaparate, conmigo o contra mí, On/Off… No hay más.
Con la excusa de la aglomeración y la superpoblación han terminado con todos los matices. La riqueza y la creatividad del ser humano, una vez digitalizadas, han quedado reducidas ya de manera definitiva a un debate de Pleisteichon, al dentro o fuera, al todo o nada (pero sin todo)…; o sea, a la nada.
El social/comunismo de Sánchez y Pablemos consistía en un pistolerismo de juez de la horca en el que no hay aire suficiente para dos y sólo uno puede quedar vivo: o ellos o nosotros, o el Gobierno o el pueblo. O no será. Pero llegará el día en que ese duelo al sol tendrá lugar entre ellos dos.
Lo que Patxi López nunca entendió en aquellas primarias con Susana Díaz y el propio Sánchez es que el «España es una nación de naciones» del ignaro no se refería a Cataluña, País Vasco, Galicia, Andalucía, etc., sino que incluía también a Camerún, Senegal, Argelia, Marruecos, Eritrea, el Congo, Pakistán… Por eso pretenden ahora nacionalizar a tres millones de extranjeros de un golpe, por parecido motivo al de que hay que naturalizar los insultos. Es decir, por cojones.
Un Estado al que le nazcan tres millones de ciudadanos de un golpe es un golpe de Estado. Más aún si vienen sin romanizar y no conocen las novelas de J. Félix Machuca sobre los emperadores italicenses ni han oído hablar del acueducto de Segovia, ni del canto gregoriano, ni del oro de las Indias, ni de la Dama de Elche o las murallas de Ávila… Adriana Lastra es un gran ejemplo de esa nueva normalidad.
Tres millones de irregulares naturalizados de un golpe no es un caballo de Troya, sino el arma secreta de Tezanos y del «Dr. No es no», la invasión de Tarik por Tarifa con los almohades y los almorávides a un tiempo sin el oro del país de los negros que describe con todo lujo de detalle el sabio profesor José Luis Villar en su espléndida e insólita obra al respecto.
A China, con más de 2.000 millones de habitantes, le nacen en un año unos 16 millones, pero si, encima, del país que hablamos tiene apenas 47 millones de vecinos, la cifra de 3 millones lo convierte en una orgía de sementales y odaliscas, Sodoma y Gomorra en una escena de Pasolini, un mestizaje forzoso de Tinto Brass en cada esquina de cada ciudad, Calígula sin homosexuales, todos contra todas, garañones contra fluideces, un paritorio desaforado, un putiferio como revolución cultural.
El argelino Houari Boumedien pronosticó (o mejor, amenazó) en los años 70 que el Islam conquistaría Occidente por el vientre de sus mujeres, pero por esa misma regla de tres al Islam se lo comerán con patatas primero los chinos y luego los hindúes, hasta que sólo queden sobre la Tierra pangolines y murciélagos rinolofos, que además son inmunes al Sida, al ébola y al covid19. Y cucarachas, claro, que sobreviven a la radiación nuclear. Habrá que inventar otra vez la rueda.
Pablo Igeishas se ha apresurado a repoblar el planeta Tierra por su cuenta, pero como el stress y la dedicación a los insultos no le dejan tiempo para sus quehaceres con su harén, quiere naturalizar a 10.000 menas por decreto y a otros tres millones de extranjeros ilegales, lo que constituye el intento más serio que recuerdo por hacerse con un ejército de «inmaculados» (no eunucos) y convertirse de una vez en la Daenerys rubia «madre de dragones» dispuesta a conquistar el trono de hierro: juego de tontos, juego de renos, juego de tronos… ¡Dejadme solo!
Sánchez ha eliminado de nuevo el portal de transparencia y ha declarado secretos los gastos del Falcon y el sueldo de Begoña, a quien dicen que tiene confinada en Doñana como Goya y Manuel de Godoy tenían en el Palacio de las Marismillas a Teresa Cayetana de Alba, para comer almejas y gambas blancas y para practicarle cunninlingus al mar.
Pero es sabido que donde no hay roce no hay cariño y con la distancia obligada por la pandemia es difícil que surja el amor de rozarse con los codos, lo cual agrava la convivencia entre la Casa Real y este sedicente Sánchez que aspira a colocarse la corona como un napoleoncito de brumario y sugiere que hay que revisar la Constitución para modificar el aforamiento del Rey emérito, pero no el suyo ni el de sus secuaces, que arrastran casi 50.000 muertos y un pogromo oculto y silenciado en las residencias de ancianos.
Es bueno que Doña Letizia se vista de Zara y que Felipe VI luzca con la camisa cubana, porque con ello a Teresa Rodríguez, también afanada en lo de Boumedien, le sube la bilirrubina y se pone de un clasista que parece monárquica de cuna y le luce el deseo de convertirse en Cayetana.
PS: Y C’s…, buscando guarde para el otoño.
He dicho.





