A estas alturas de partido, que dijo Rafael Amador, está ya uno para cortar la temporada, igual que el maestro cigarrero, que sueña capotazos imposibles a la orilla misma del río Grande. Este mundo, definitivamente, no está hecho para sensibilidades, emociones y miradas al ayer, sino para coces, servilismos, palmaditas en la espalda y el yo porque yo soy yo y detrás de yo, naide, que dijo el Guerra.
Y es que, aunque casi siempre nos faltan las ganas para alzar el vuelo, las fechas siguen amontonándose en esta ciudad bendita y cada vez más parecida a cualquier otra ciudad del mundo mundial. Porque se está poniendo la cosa de eventos y de historias que no nos queda tiempo para nada. Pero para nastideplasti, ¿eh? Este año de Bienal, como es habitual, la programación flamenca coincide un fin de semana con la feria de San Miguel en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Y este año ha tocado este fin de semana. Por lo que toros y flamenco se pisan. Y sobre todo en el Paseocolón, que va a quedar como la Palmera cuando dijo don Manuel (q.e.p.d) aquello de que estaba acolapsá.
Si en el coso del baratillo están anunciados, para hoy, mañana y pasado, Castella, Talavante, Luque, Manzanares, Borja Jiménez, Roca, Juan Ortega, Pablo Aguado y Pablo Hermoso, que se despide de Sevilla; en el Teatro de la Maestranza lo está Farruquito y Manuela Carrasco. Y Esperanza Fernández en la Isla de la Cartuja.
Flamenco y toros, toros y flamenco; primos hermanos, que dijo el poeta. Y nosotros, nos ponemos también poetas, y decimos que serán días únicos los que se acercan en los que sentirse torero y sentirse flamenco están más cerca que nunca, casi pared con pared. San Miguel y Bienal en el veranillo de los membrillos. El único pero –muy grande- es que en el patio de cuadrillas, en el que desemboca la calle Iris, nos va a faltar la ilusión, que José Antonio ha cortado la temporada y nos ha dejado huérfanos de sus cosas detodalavida. Ay, Morante, qué bien te entiendo y comprendo y qué poco te entiende y comprende el que va soltando gracietas por las redes –sociales, no la calle-, que atrapan la mala baba de tantos y tantos.
Este fin de semana, como hemos dicho, la ciudad va a ser toros y flamenco. Que si Joselito es el príncipe de los toreros, su madre la Señá Gabriela era la reina de los cafés cantantes, en competencia directa con La Mejorana, la madre de Pastora Imperio. Que si en la Maestranza tendremos toreo de mano baja y música maestro, en el Maestranza van a ser bailes gitanos auspiciados por las estrellas del cielo. Y la Carrera Nocturna del Guadalquivir, y la Velá del Arenal… y toma que toma, que en diciembre se celebra la procesión magna y no se va a caber en Sevilla.
-¡Qué agobio, hijo… qué mancha cosas!, que dicen en mi pueblo.
Que ya no tiene uno la juventud en la boca y es incapaz de enfrentarse a un sábado como aquel de dos mil seis, cuando tras ver a Manuel Jesús El Cid salir en volandas por la Puerta del Príncipe se fue al Lope de Vega –copa en el mítico Casino de por medio- a escuchar a Fosforito y a ver a Milagros Mengíbar, casi ná. Que no.
Que uno no está ya para tantos trotes y tantos toros y flamenco. ¿Aburrido? ¿Cansado? Algo será, será –que dice la canción de Evans y Livingston-. La única verdad es que a estas alturas de partido uno está ya para cortar la temporada. Y… y.
Postdata: Por cierto, y ya lo apuntamos anteriormente. En dos mil veinte y seis, que toca Bienal, se cumplirán cien años de la publicación de “Andalucía la Baja”, el primer libro de poemas de Fernando Villalón, poeta, flamenco y ganadero de reses bravas. ¿Se podría aprovechar que está la plaza de toros en funcionamiento y que siempre se solaparán un fin de semana la feria de San Miguel con la Bienal de Flamenco? Ahí lo vuelvo a dejar…





