“Ríos de color púrpura 2: Los ángeles del Apocalipsis” rompe drásticamente con la trama de la primera entrega, no teniendo en la práctica nada que ver con su predecesora. Fruto del éxito comercial de la anterior, decidieron continuar con nuevas entregas, y ésta en cuestión, sería el nexo de unión de una virtual trilogía, pero ante las fuertes críticas recibidas, desecharon dicha idea.
En contraste con la primera parte, ésta nueva entrega de la franquicia se caracteriza por elementos sobrenaturales a simple vista, aunque, con menor presencia de misterio y mayor dosis de acción.
Destaca la presencia de dos grandes actores como Jean Reno y Christopher Lee. El primero repite como protagonista, aunque se aprecian elementos que exteriorizan su cambio de personalidad, ya que se le ve mucho más cansado y reservado, apenas hablando, con desesperanza y desencanto en su rostro ante todo lo que ha visto en su trabajo, que constituye la peor cara del ser humano. Concibe su trabajo como un simple cumplimiento del deber, sin esperar atrapar al culpable de los asesinatos, siendo alguien con menos autoconfianza de la que pudo haber tenido en el pasado.
El personaje que, en efecto, interpreta Jean Reno, es el comisario Pierre Niemans, una leyenda de la policía francesa, y la elección de dicho apellido no es causal, ya que evoca a “Niemmand” (en francés, nadie), que alude a alguien solitario y casi anónimo.
Es reconfortante ver a un gran maestro de la interpretación como Christopher Lee, que, desafortunadamente no puede desplegar todo su potencial en este film, mostrando a un personaje de aspecto circunspecto, frío, duro y cruel, enfatizando su negativa a empatizar con los demás, lo que le retrata como un maquiavélico extremo para quien el fin justifica los medios.
Como publicita la propia política, el filme combina la intriga del Código Da Vinci, parte de la trama de “Seven” y los modernos métodos de investigación de “CSI”, creándose un thriller sólido y entretenido, en el que abundan los tonos grises y azules para representar un mundo sin redención.
La trama comienza cuando un monje se hospeda en un monasterio, y al clavar un crucifijo en la pared de su celda, éste empieza a sangrar. La Policía acude al lugar a investigar los hechos, y por medio de unas gafas de rayos X pueden observar que, tras dicha pared, se encontraba un cuerpo recientemente emparedado.
Los asesinatos se siguen sucediendo, siendo perpetrados por una serie de monjes con un hábito ocre, que presentan fuerza y velocidad sobrehumanas, así como inmunidad ante disparos en el pecho, no pudiéndose ver su rostro, lo que les confiere un aire fantasmagórico.
Todas las víctimas tienen un patrón en común: tienen los mismos nombres y profesiones que Jesucristo y los doce apóstoles, y todos ellos habían sido monjes en el monasterio en el que han comenzado a suceder tan aterradores hechos.
Aparece en escena Erich von Garten (Christopher Lee), director de la Oficina de Asuntos Culturales y Religiosos del gobierno alemán, siendo el cerebro de la operación, desvelando que todo es mucho más mundano de lo que aparenta, y al que no pueden detener a riesgo de provocar un conflicto diplomático.
Cuando el antagonista era un joven oficial de la Wehrmacht nazi, exploró el lugar, pero no pudo concluir sus investigaciones al terminar la guerra, siendo convertido en un monasterio con la comunidad de los doce que serían asesinados. Von Garten, a través de un tercero, compró el lugar y puso a su frente a un monje de su confianza para que custodiase el lugar y que nadie accediese a lo que pretendían encontrar.
El objeto en cuestión era el tesoro de Lotario II, que fue hallado por los doce, de modo que su muerte estaba orientada a eliminar a todos los testigos.
La película apenas explica el origen y las características del culto que está detrás de todos los hechos, como inicialmente estaba previsto, ya que, de manera deliberada, buscan hacerlo más ambiguo y perturbador. En cualquier caso, los monjes al servicio de Von Garten, los denominados “ángeles del Apocalipsis”, son fanáticos reales que se creen herramientas divinas.
La naturaleza de dichos monjes es mucho más terrena de lo que, en un principio, pudiera parecer, ya que se limitan a obedecer, sin mostrar compasión, considerando la misericordia una debilidad, siendo más similar al Ángel Exterminador, haciendo una interpretación literal y arcaica de la Biblia.
El secreto de la aparente invulnerabilidad de los monjes se debe al consumo de anfetaminas de guerra, que anulan la voluntad, garantizando obediencia ciega, multiplicando la fuerza y neutralizando el dolor. No obstante, resulta inverosímil que después de recibir tres disparos en el pecho, parezcan dotados de inmortalidad.
Dentro de ese culto, cada asesinato es un sello que se rompe, ya que consideran que el Apocalipsis es progresivo y no una explosión final, y el líder de ellos, el propio Von Garten, es considerado el único que realmente puede entender las Escrituras, aunque no pide adoración sino obediencia, lo cual lo hace ser más peligroso.
Aunque la película deja muchos cabos sueltos en torno a las creencias de este culto secreto, se puede deducir que creen que la Iglesia está corrompida y se ha desviado de su mensaje original, por lo que recuperar el tesoro de Lotario II (excomulgado y enfrentado a la Iglesia) permitiría activar el Apocalipsis.
Se aprecia un intento de volver a la Europa anterior a la modernidad, la Ilustración y el pluralismo, de hecho, cuando Von Garten viaja con un diputado alemán, el primero le dice: “Una Europa blanca y creyente, como siempre debió ser”, a lo que el personaje interpretado por Christopher Lee le responde: “Nuestra Europa, señor diputado”. A juzgar por sus declaraciones, dicho diputado podría ser del NPD.
Tan efímera frase constituye un pequeño hilo sobre el que tirar en lo que a la naturaleza de la sociedad secreta en cuestión se refiere. Serían un híbrido extravagante y, en no pocos casos, contradictorio, ya que no son neonazis al rechazar la Modernidad, pero sí son claramente etnonacionalistas europeos y supremacistas blancos que se oponen al mestizaje y la diversidad, pretendiendo la película trasladar el mensaje de que el fanatismo religioso puede llegar al mismo lugar que el fanatismo racial.
Es evidente que dicha secta pretende volver al cristianismo medieval, no siendo católicos, sino abrazando un herético fundamentalismo religioso cristiano de corte apocalíptico, ya que confieren un papel central al Libro del Apocalipsis, rechazando el libre albedrío, la redención y el amor al prójimo, considerando que Dios no salva sino castiga, todo lo cual choca frontalmente con el mensaje de Jesucristo.
El nuevo orden que proponen, se puede entender teocrático, feudal y simultáneamente anticomunista y anticapitalista, rechazando el mercado y el consumo, considerando, por tanto, que la desigualdad es natural al ser fruto del orden sagrado. En dicho orden, el trabajo sería un deber y no una elección, reduciéndose todo a lo que disponga la jerarquía y la obediencia.
No debe olvidarse, como se ha dicho antes, que este grupo se considera heredero de Lotario II, y todas las notas antes enumeradas los categorizan como tradicionalistas extremos que promueven una monarquía teocrática.
Dentro de toda la lógica de la película, se puede apreciar la dualidad humana entre ambos antagonistas. Por un lado, el comisario Niemans (Jean Reno) se caracteriza por una cierta ambigüedad moral, siendo alguien que no cree en lo sobrenatural, fuertemente empírico, de hecho, hay incluso una frase en la que incluso se burla de la fe, denotando su carácter agnóstico o ateo. Como contraparte, Von Garten (Christopher Lee) es un fanático religioso que está dispuesto a actuar sin límites morales en favor de sus creencias. Son antitéticos, como el negativo de una ecuación, algo que recuerda al contraste que representaban Neo y el Agente Smith en Matrix.
En esta entrega no aparece Vincent Cassell, que desempeñó un buen tándem junto a Jean Reno, de modo que no hay tanta química con la persona que le sustituye. No obstante, su ausencia está justificada, ya que en ese momento estaba rodando “Blueberry”, aunque la experta en simbología religiosa de la Policía que aparece en esta ocasión, da mayor nivel y verosimilitud a los hechos, especialmente en lo que a su comprensión se refiere.





