Sevilla volvió a ser Sevilla. Del cristiano fue su hogar
Sevilla es una. Única, indivisible y devocional. Una doble jornada vivió una ciudad que fue ejemplo de tarde y “Madrugá”. La gente lo sabía y el contexto era ideal. El ambiente era sinónimo de que todo debía volver a la normalidad.
Jueves Santo triunfal, de alegría y solemnidad. El paisaje bellísimo. Nadie lo pudo estropear. De mantilla las mujeres salieron a pasear. Qué hermosa eres Sevilla en un día que siempre fue, es y será único. Cada año queda para la posteridad. Templos, calles y bares a rebosar. Estilo sevillano en estado puro. Las estampas de la jornada son para enmarcar.
Todo circula en la línea ideal y en Recaredo hay un crucificado que Negritos se apoda. En su fundación su origen está. Elegancia y finura para recordar la cordura de que Cristo pronto morirá. Entramos en una fase en la que el cristiano debe profundizar. Para ello hubo ángeles que guiaron la estación de esta hermandad. Especialmente en la Cuesta del Bacalao. Mucho público y sus costaleros siguieron un mismo caminar. Qué contraste con la última de la jornada anterior. Ellos sólo quisieron admiración.
Si eso pretendéis, hacia Los Remedios la mirada hay que girar. Bajo el redoble de cornetas y tambores, por Plaza Nueva y Tetuán, la llegada al centro de la cofradía tabacalera se hizo notar. Las gracias a tus discípulos. Ellos, mejor que nadie, saben como la plebe te puede adorar. Atado a tu columna, y con lirios bajo tu andar, la victoria está segura. Cuánta fuerza demuestras cuando por tus hijos ofreces la vida. Para el creyente, no hay mayor fortuna. El mensaje se hace viral.
Atentos ahora. A la tarde poco le falta para expirar. El público lo entiende y, por ello, la Magdalena se expone abarrotá. No cabe un alfiler, todos quieren tener la misma oportunidad. Ver a Jesús descender por los santos varones. Un verdadero regalo para cualquiera que sea o no sevillano. Nicodemo y Arimatea cumplen con su cometido. Es quinta tu angustia y ya no estás sometido. Hacia carrera oficial un leve movimiento deja a todos sin hablar. No pierdan el tiempo. Vean y no olviden que siempre por alguien hay que rezar.
Incluso por los enemigos. Sean menos o más. Son personas que merecen un perdón aunque te coronen con espinas. Para nada es la mejor opción. Apuesten por ustedes mismos, crean en su bondad. Ni se les ocurra igualarse a los demás.
Porque siempre hay alguien que te puede sorprender. Para bien o para mal. ¿No hay verónicas por el mundo? Seguro que alguna tu rostro en algún momento empañará. Quedémonos con aquellas personas que saben ponerse en nuestro lugar. Nuestro Padre Jesús con la Cruz al hombro revive cada Jueves Santo esta imagen singular. El valle es bien amplio. No juzguemos prematuramente. Existe una virtud basada en esperar.
La paciencia se torna en pasión cuando el nazareno del Salvador toma parte de esta función. Si alguien duda de la Fe que miren a esta imagen. Disparará su devoción. Por Lasso de la Vega, duque o carrera oficial. El contexto deja de ser el mismo. Pasión rompe lo lineal. Lo mismo del palio hay que resaltar. Merced pasó por Orfila sin olivo al que destrozar. Que sirva de ejemplo para los que el miércoles la situación hacen estallar.

Críticas a un lado, paramos en San Pedro. El más grande de los pasos a puntito de llegar. No hay exaltación más grande que la que marca tu cuadrilla. Despacito, sobre los pies, el paso hay que rachear. Palillos redoblaron por la estrechez de Sales y Ferrer. Los del Sol lo sabían. Con mimo atravesaste y lágrimas tras tus pies. Dejaste al público expectante, menuda forma de afrontar dicho revés.
Problemas los hay a montones. Se suceden una y otra vez. Montesión enfila Santa Ángela. Una oración en el huerto por el enfermo, por el que está y el que se fue. “Sus heridas nos han curado”, un canto que las hermanas lanzan para creer. Hay amigos, hermanos, familia a la que uno tiende a escoger. Vela por el bien, querido ángel, que aquellos que creen en Dios nunca llegarán a perecer. A nosotros danos fuerza, Señor, para un Rosario cantar o rezar. Toda herida se cura. Siempre serás madre que ayude a su familia a cualquier dolor superar. Que este Jueves Santo no se puede suspirar. No hay reyes más gloriosos que los que durante décadas demuestran tener imperiosa fuerza de voluntad.

¿Sabéis por qué? Respuesta clara, concisa y evidente. La vida siempre es esperanza. Y el que diga lo contrario miente. Si la oscuridad supera la luz, Gran Poder para calmar nuestra inquietud. Sevilla es muda cuando San Lorenzo despeja cualquier amargura. Él es el que carga con nuestro sufrimiento, el que todo lo puede. Gracias Padre por descender a tu hijo hasta Sevilla. Su presencia triunfa. Su amor al odio vence. Cuánto honor verte en vida. Son muchos los que deseaban esta noche verte.
No hay mayor dolor y traspaso que olvidar el lugar del que uno viene. Silencio necesario que en Alfonso XII capirotes negros preceden al primitivo nazareno. Este año pudiste llegar sin carreras que en tu andar se entrometiesen. En segunda instancia, fuiste madre que concebiste una segunda oportunidad. Permitiste que la Madrugá volviera a su primera realidad.
¿La fiesta es necesaria? Por supuesto. Son muchos los motivos que hay que celebrar. Tampoco hubo problemas en el monte Golgota. El Calvario pudo en condiciones caminar. La cofradía no necesita ninguna presentación. Sabemos de sobra que su madre carga con nuestra oración. Este año el enemigo no estropeó la misión. Sí incordiaron las gotas que acrecentaron el paso de la procesión.
Precisamente, por culpa de ellas, los Gitanos tuvieron que retroceder. No sin antes que su salud al mundo ofrecer. No hay angustias que valgan. Su paso siempre es digno de embellecer. Lo único que mancha el discurso es la agrupación que golpea casi sin entender.
Tampoco en el andar está la riqueza ni en el tiempo de paso la virtud. Macarena y trianera tienen que potenciar esa vicisitud. Cada una a su manera son devociones sevillanas. No hay imágenes más populares de la pasión mariana.
La ciudad os ama desde la muralla hasta pureza. Ambas sois mujeres en cuya Fe reside la belleza. Abandonad pues el exceso de grandeza. No es más rico el que más tiene, sino el que con humildad revela su destreza. Las imágenes no merecen que las hermandades fallen ni hagan las cosas para fardar. El secreto reside en detenernos a la hora de enfocar. ¿Qué queremos festejo o cristiandad? No vale con exclamar que aquí la historia siempre ha sido igual.
Ahora es momento de pensar. Por lo pronto, este capítulo llega a su final. La tarde tornó a noche y la noche en Madrugá. La ciudad fue ejemplo cuando hizo falta de verdad. Ayer fue día grande y aunque el clima bailó por soleá, Sevilla fue otra vez Sevilla. Seguro que el que la viviera se volvió a “enamorá”.





