¿Perdió la cabeza Pablo Casado el jueves día 17? ¿Quién podrá recomponer los destrozos que ha causado en el Partido Popular?
En mi última Tablilla de la pasada semana, a la vista de las elecciones en Castilla-León, escribí que Sánchez tenía ya perdido los comicios generales dentro de dos años, pero añadí al final que tal cosa ocurriría salvo que Casado siguiera ninguneando al partido de Abascal. Ese hombre (Casado) desconoce los dos principios elementales de la política, a saber: que los enemigos de mis enemigos son mis amigos y que el aliado necesario (sobre todo si es el único aliado) debe ser tratado con mucho mimo y no con insultos y cordones sanitarios.
El PP ha llegado a un punto sin retorno en su desastrosa dirección. Una cúpula carente de poder real, compuesta de mediocres atrincherados en Génova y alerta ante cualquier nueva figura que pueda hacerles sombra. Por eso, desde las últimas elecciones de Madrid, los atrincherados en la sede central del partido vienen maquinando la destrucción de Isabel Ayuso, que será cualquier cosa menos una mujer mediocre.
Hace un par de meses comenté en una tertulia de Canal Sur Radio cómo, si Casado no espabilaba, la gobernanza de Sánchez iba a durar veinte años. En verdad, solté aquello sólo como una butade. Los sucesos del día 17, sin embargo, han dejado abierto ese camino: dos décadas más.
Escribe Isaíah Berlin que hay problemas políticos y sociales que no tienen solución. Quizás la torpeza de nuestra derecha consuetudinaria sea uno de ellos. Recemos a manes y penates para que en los próximos dos años, ya sin Casado, el Partido Popular recupere la cabeza.





