A pesar de la euforia simulada por la aprobación de los Presupuestos Sánchez sabe que si hoy convocara elecciones generales las perdería. La alianza con Bildu (ETA) y los alardes chulescos de Rufián y Pablo Iglesias han desenmascarado la felonía del presidente del gobierno. De aquí el rumor premeditado y puesto en circulación por los publicitarios de la Moncloa a fin de tranquilizar a una opinión pública alterada.
El rumor es sencillo y claro: aprobado los Presupuestos, y a partir del mes de mayo, Sánchez iría despojando de todo poder a los ministros de Podemos para adaptarse a la política moderada que le exige la Unión Europea. El engaño se ensayó primero con la pobre Inés Arrimada, quien se tragó el anzuelo entero convencida de que Sánchez despediría a Pablo Iglesias nombrándola a ella vicepresidenta del gobierno. Luego, el rumor fue inoculado con gran éxito entre los militantes y votantes tradicionales del antiguo PSOE, cada día más inquietos por la debilidad y sumisión de Pedro ante Pablo. Hoy, ya buena parte del periodismo ha hecho suya la engañifa del próximo giro al centro del presidente; gente ingenua que desconoce la personalidad profunda de este personaje.
El caso Sánchez es un caso clínico y si no se ve así no se entiende nada. Una ambición patológica en la que, por la propia patología, no pueden estar presente los intereses de España. Cuenta únicamente la permanencia indefinida en el poder que sólo pueden garantizarle sus aliados de hoy.





