Un discurso decisivo el que pronunciará Feijóo el próximo sábado 2 de abril en el cierre del congreso extraordinario del Partido Popular. Decisivo hasta el punto de que el nuevo presidente del PP deberá, por su propio bien, el de su partido y el de España, medir y pesar cada palabra; ni una sola palabra ociosa, ni nada de frases hechas, nada de lugares comunes que el pueblo español ya no soporta. O un lenguaje nuevo, o la condena a una oposición indefinida.
Cuando columnistas y tertulianos aconsejan a Feijóo que centre y modere al Partido Popular, en realidad lo que están aconsejándole es que continúe manteniendo la medrosa actitud hacia el progrerío que caracterizaron los años de Rajoy y Pablo Casado. Como si la progresía lo fuera a votar y a elogiar alguna vez. Ya lo estamos viendo estos días en que los medios gubernativos califican al líder gallego de nazi y agente de Putin.
Los cambios radicales de líderes suelen ser muy positivos si la opinión percibe que se trata de algo nuevo. En contra de lo que piensan algunos opinadores, la actual coyuntura por la que pasa el Partido Popular le resulta extraordinariamente favorable, y encuestas hay que ya señalan esa tendencia. Todo dependerá de si Feijóo puede transmitir en su discurso la imagen de un partido soberano, libre de miedos reverenciales, que tiene un lenguaje propio y busca sus aliados donde le da la real gana.





