Se piensa como se habla, por eso son tan importantes las palabras que utilizamos. Muchas van siendo prohibidas:
Prohibido decir que el hombre es más inteligente que la mujer (evidentemente falso); pero sí está autorizado sostener que las mujeres son más inteligentes que los hombres (otra falsedad).
Prohibido escribir en los periódicos, dando detalles y el nombre de la entidad, los abusos y engaños de tu banco (inténtalo si quieres comprobarlo).
Prohibido explicar que una fácil entrada de inmigrantes ilegales provoca un inevitable efecto llamada.
Prohibido demostrar que el sistema autonómico es una ruina para España al multiplicar por 17 los gastos del Estado: 17 gobiernos, 17 parlamentos, 17 Defensores del Pueblo, 17 Servicios Meteorológicos…
Recomienda la UE felicitar «las Fiestas» en estas fechas, pero queda desaconsejado nombrar a la Navidad.
Prohibida la utilización de palabras tan españolas como «honor», «honra», «valentía» (persona valiente), «noble» (alma noble), «rango».
Prohibido escribir Dios con letras mayúsculas.
Estos son los conceptos, vocablos y figuras que, al margen de prohibiciones propias de la sociedad pandémica, van desapareciendo del lenguaje común y ya sólo se usan por la gente que vive en la emboscadura.





