Son las 22, 45 del 4 de mayo y acabo de conocer los resultados electorales de Madrid. Antes de que los líderes de los partidos perdedores salgan en TV proclamando que son ellos quienes han ganado las elecciones; antes de que la prensa amiga ( periódicos, emisoras de radio y cadena televisivas) de los derrotados comiencen su campaña de intoxicación para oscurecer el triunfo de la libertad, y antes de que me pongan de malhumor escribo y publico esto: las primeras ideas que me sugieren lo que acaba de ocurrir.
Porque lo ocurrido es muy posible que vuelva a ocurrir en España dentro de menos de tres años cuando se convoque a las urnas en todo el país. No es Gabilondo (¿cómo puede un filósofo dejarse manipular de esa manera?) quien ha perdido las elecciones, sino Pedro Sánchez; y no es Pablo Casado quien ha conseguido la victoria sino Isabel Díaz Ayuso, una de las pocas figuras del PP sin complejo ni miedos reverenciales ante la izquierda. Una mujer que ha sabido darse cuenta de que Sánchez carece de todo discurso y de ahí la disparatada campaña del Sanchismo y sus terminales mediáticas resucitando el fantasma de un fascio que desapareció de Europa hace más de setenta años sin dejar rastro. «Peligrosa nazi», ha llamado alguien a la presidenta de Madrid y se han escuchado muchas risas.
Las mismas risas que se escucharon en ese patético empeño por presentar a Vox como un partido anticonstitucional y antidemocrático. ¿Cuándo, dónde? ¿Abascal un peligro para España? El único peligro real que tiene España, al borde de la ruina económica irreversible, es la triple alianza de Sanchismo, Podemos y Separatismo.
El 14 de abril de 1931, España pasó de monarquía a república. No fue en unas elecciones generales, sino en unos comicios locales que además no ganaron los republicanos; pero sí que ganaron en las grandes ciudades, lo cual fue suficiente para que Alfonso XIII tirara la toalla y marchara al exilio. Esta noche Sánchez no tirará ninguna toalla; su gobierno seguirá siendo legal, aunque ya de dudosa legitimidad.





