
Curiosamente, el ministro Sartorios tenía un gran parecido con Silverio
Hace unos meses localicé una prueba irrefutable de que el cantaor sevillano Silverio Franconetti Aguilar era ya famoso como intérprete del género flamenco antes de emigrar a Sudamérica, que fue en el año 1857 y enrolado en la cuadrilla de un torero sevillano de poco fuste, amigo de su familia, en concreto de su tío Frasquito. Muy bueno tenía que ser ya Silverio con poco más de veinte años cuando con esa edad era el protegido del ministro Sartorius, de San Fernando aunque criado en Sevilla, dato que no se sabía. Damos aquí la primicia. Luis José Sartorius y Tapia, que así se llamaba, era al parecer pariente del cantaor y bolero Ramón Sartorius González, de San Fernando también y muerto en Sevilla en 1870, un clásico de los teatros y las academias de baile de nuestra ciudad a mediados del XIX. Un gran amigo de Silverio, por cierto, y seguramente fue el encargado de ponerlo en contacto con el polémico periodista, abogado y político andaluz. Entre otras cosas, creador del sello de Correos y de El Heraldo.
El político era al parecer amante del cante y daba grandes fiestas en su casa sevillana, en las que el joven Silverio era la estrella. Prácticamente vivía de las fiestas privadas de este señor y de su trabajo en las academias de los de la Barrera, con otros cantaores como Juraco el de Alcalá, José Lorente y el guitarrista Antonio Pérez. El ministro Sartorius, Conde de San Luis, tuvo que salir de naja de Sevilla llegando incluso los sevillanos a quemar su casa, emigrando a Madrid donde llegó a ser presidente del Congreso en tiempos de Isabel II. Silverio perdió seguramente a su mejor mecenas cuando el político se metió en negocios sucios. Seguramente. El cantaor vio clara la oportunidad de emigrar a Sudamérica para probar fortuna como picador de toros. Cuando regresó, en 1864, Sartorius ya no era tan poderoso y el ya curtido cantaor de la Alfalfa, criado en Morón, era lo suficientemente potente como para comenzar su aventura empresarial, primero con Manuel el Burrero y luego en solitario. Un año después, en 1871, murió su amigo y mecenas, el político de San Fernando.
Así que ya sabemos por qué Silverio era tan célebre cuando regresó de Sudamérica. Tuvo buen padrino, un aristócrata adinerado que vio en él un potencial artístico cuando dejó Morón para hacer carrera en la capital.





