Pocos días después de la caída de la dictadura de Ferdinand e Imelda Marcos en Filipinas, en 1986, los militares de tropa que accedieron al Palacio presidencial de Malacañán descubrieron asombrados una colección de zapatos, bolsos y vestidos de alta costura que desbordaba toda imaginación: más de 1.200 pares de zapatos, 1.000 bolsos de mano y más de 500 vestidos, todo ello de los diseñadores y marcas más exclusivos de su tiempo.
Aquel inmenso ropero de “la mariposa de hierro” se convirtió en un símbolo de la disparatada y ostentosa vida del matrimonio, producto de más de 20 años de latrocinio y de malversación feroz en cuyo patrimonio se incluían inmensos terrenos, más de 30 palacetes esparcidos por Manila y sus alrededores, una infinidad de cuentas secretas en paraísos fiscales y hasta varios rascacielos en Nueva York.
El asombroso equipaje fue trasladado al museo nacional en una infinidad de cajas y luego expuesto a la curiosidad pública durante algún tiempo antes de ser empaquetado de nuevo y depositado en los almacenes de dicho centro cultural. Pasados los años, cuando una infeliz inundación en los sótanos del museo obligó a revisar los daños causados, se encontraron un amasijo de virutas y estropicios causados por las termitas, el moho y las polillas. Sic transit Blahnik mundi…
La falta de transparencia impuesta por el Gobierno en lo que se refiere a los usos suntuarios de Sánchez permite conjeturar casi cualquier cosa habida cuenta el ostensible uso que realiza del Falcon y la evidente egolatría en la que ejercita su megalómana manera de desplazarse, ya sea para sus vacaciones o para visitar alguno de esos foros sin preguntas incómodas en los que desgrana sin desmayo su retahíla de mantras de madera.
No estará de más que recordemos que en plena fiebre de demagogia en la oposición, el PSOE llevó a los tribunales a Mariano Rajoy siendo aún presidente del Gobierno cuando se supo que en la Moncloa tuvo alojado durante unos meses a su suegro aquejado de una larga enfermedad y la oposición quiso saber si los desayunos, gastos y cuidados del enfermo corrían por cuenta de su bolsillo o eran cargados en los gastos generales de Moncloa. Años después, la sentencia del juzgado desestimó la idiotez de aquel socialismo perturbado que ahora oculta y calla ante los serios indicios y evidencias de que el presidente veranea en palacios patrimonio del Estado con una cohorte de amigotes con todos los gastos pagados, incluido el inmenso despliegue policial que vimos el año pasado en torno a Doñana, a los que cabe sospechar que no se les prorratea el gasto de alojamiento y pensión.
De momento, que sepamos, la pandilla de secuaces continúa en La Mareta, disfrutando de los costosos arreglos realizados para adaptar la residencia, regalada personalmente por Hussein de Jordania al Rey Juan Carlos, quien a su vez la donó a Patrimonio del Estado, a las necesidades personales de Bego y sus amigos.
No sabemos si cuando abandonen la Moncloa aparecerán colecciones de Manolo Blahnik y de YSL como en el caso de Imelda Marcos, no lo creo, o si en un armario encontrarán un arsenal completo para sesiones de ‘bondage’ y sauna, pero no resulta ni medio presentable este guirigay anual de secretismos y ocultaciones manifiestas a costa del erario público, como si las vacaciones del presidente fuesen una Faffe de enchufados y el presupuesto de la Moncloa un capítulo más de los ERE de Andalucía.
He dicho.





