Una de las frases con las que más me identifico fue pronunciada por una de las mentes más preclaras de la derecha norteamericana como es el caso de Barry Goldwater, que dijo literalmente: “En la defensa de la libertad ni el radicalismo es un vicio ni la moderación es virtud”.
En línea con lo anterior se pronunció en una entrevista Víctor Sánchez del Real, uno de los mejores oradores de VOX y de la política española cuando tan alta categoría discursiva escasea al reconocerse como radical en muchos aspectos, entre ellos, en el cumplimiento de la ley. En efecto, la noción de democracia está vinculada al cumplimiento de la ley porque es la garantía de nuestras libertades y cuenta con una legitimidad democrática al haber sido refrendada por los representantes políticos elegidos por los ciudadanos, de modo que la democracia se basa en una serie de cauces y procedimientos, al contrario de lo que se cree tan comúnmente de que es democrático todo aquello que ha sido votado pero, no debe olvidarse que la democracia llevada hasta sus últimas consecuencias puede acabar con la propia democracia y los ejemplos son numerosos, desde un Sócrates condenado a beber cicuta porque así lo decidió una asamblea a un Hitler elegido en las urnas.
Ser radical hoy se considera sinónimo de extremista pero en su sentido más profundo significa que va a la raíz, ya que existen categorías morales absolutas intrínsecamente vinculadas a la noción del bien y el mal, de modo que si alguien pierde la brújula moral, no tiene más que remitirse a aquella atinada frase de Leonardo Polo que define el mal como “el sufrimiento del inocente”. En este sentido, a largo de la primera mitad del siglo XX, los partidos que se definían como radicales era porque propugnaban transformaciones radicales de la sociedad, siendo el caso del PRR de Lerroux en la etapa republicana, que abanderaba el centro político de la época, del mismo modo que en épocas más recientes, UPyD en su acto fundacional en 2007 recuperaba esa definición originaria o en Francia, el Partido Radical (que se integró en la vieja UMP) es una formación socioliberal cercana al centro-derecha, el espacio que trató de ocupar Ciudadanos.
Como decía previamente, Víctor Sánchez del Real era preguntado de manera tendenciosa si se sentiría más feliz si 52.000 inmigrantes en situación irregular fuesen metidos en camiones y devueltos a sus países, como si se pretendiese trazar un repugnante paralelismo con los judíos conducidos a campos de exterminio, ya que es curioso que esa forma tan macabra de enunciar las preguntas no se la hacen a los representantes de izquierdas y los ejemplos son más que abundantes pero me centraré en uno solo: en este país de tan corta memoria, dudo que muchos recuerden el drama social que supusieron los desahucios, parte de la herencia envenenada que recibió Rajoy frente a muchos que nos querían vender que en el momento de tomar posesión abrió a España las espuertas de las siete plagas bíblicas como si antes de su llegada no hubiese ningún problema. En este sentido, los anti-desahucios (utilizados por Ada Coalu como una escalera para trepar a la alcaldía de Barcelona) cercaban los domicilios particulares de los políticos del PP al grito de “asesinos” profiriendo insultos y amenazas, a pesar de que los desahucios que sucedían con Rajoy eran ejecuciones hipotecarias con Zapatero, de modo que el PSOE en el gobierno, mientras IU y ERC proponían la dación en pago, los socialistas la tumbaban en el Congreso sin que nadie pusiera el grito en el cielo y nadie les preguntase a los representantes socialistas de manera análoga si se sentirían más felices si 25.000 personas fuesen desalojadas por los bancos y se quedasen en la calle sin un lugar para vivir.
Hay una serie de verdades eternas e inmutables de la misma manera que el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste, y por ese motivo ser de derechas es lo más noble que se puede ser frente a la dictadura del relativismo que nos quieren imponer, de modo que VOX es el único que se atreve a defender verdades incómodas más allá de la retórica y las mentiras oficiales que buscan PP y Ciudadanos para que la izquierda les cuelgue la medalla de “moderados”, que equivale a ir a remolque de la izquierda y asumir lo mismo que la izquierda de antaño, siendo el centro un hueso que la izquierda le arroja a la derecha y una silla que perpetuamente le mueve, lo cual no deja de ser absurdo incluso como estrategia porque cuando la derecha se parece a la izquierda, ésta para diferenciarse se radicaliza.
¿El aborto supone acabar con una vida humana? Si es así, se está acabando con la vida del más indefenso miembro de la sociedad y se está abocando a una madre a asesinarlo sin ofrecerle alternativa alguna. Ante esta realidad, ¿por qué debe permitirse legalmente?
¿Los condenados por sedición en Cataluña infringieron las leyes? Si es así, ¿por qué hay que negociar con ellos? ¿Desde cuándo las leyes son objeto de negociación? Si un ciudadano corriente excede el límite de velocidad, ¿la policía va a negociar con él para no multarle? ¿Por qué el trato es diferente si es un político o un ciudadano normal? ¿No supone una vuelta al Antiguo Régimen y a los privilegios de la sociedad estamental promovida por los partidos de izquierdas?
¿ETA no ha asesinado a 858 (casi un millar de personas), se ha negado a disolverse, a reparar a sus víctimas y aún hay 326 asesinatos suyos sin resolver? Si es así, ¿cómo es que hay partidos que defienden a los terroristas y se niegan a condenarlos en las instituciones? ¿Acaso están al mismo nivel los demócratas que aquellos que defienden el tiro en la nuca como medio para conseguir sus propósitos? Es curioso que no se quiera hablar del historial criminal de la última organización terrorista que queda en Europa Occidental en cuarenta años de democracia y se hable de los muertos de los cuarenta años anteriores.
Soy radical por defender todo esto, ya que los que defienden lo contrario (PSOE, Podemos y separatistas) son extremistas al estar en el extremo contrario de la razón.





