“Señales” es una de las mejores películas de ese genio del cine sobrenatural que es M. Night Shyamalan, ya que es un filme con numerosas escenas que resultan perturbadoras y sobrecogedoras al jugar con el terror psicológico, a lo que se suma una extraordinaria banda sonora que sirve al propósito de inquietar y crear intriga, aunque lo que destaca es que presenta una fusión de géneros al combinar elementos de terror, drama, intriga y ciencia ficción, lo que hace difícil encuadrarla en una sola categoría.
Las cuestiones fundamentales que trata la película giran en torno al valor de la familia, la pérdida de un ser querido y el miedo a lo desconocido, jugando con el terror psicológico, ya que Shyamalan es un buen discípulo de Hitchcock y extrapola sus técnicas, pues el maestro del suspense decía que no tenemos miedo a una explosión sino a una bomba que va a explotar y no se sabe dónde ni cuándo, lo que la convierte en una película de extraterrestres muy diferente a las convencionales, como podría ser el caso de “Independence Day”, donde se ven explosiones y edificios destruidos y todo gira en torno a la visión del presidente, los científicos y los militares. Por el contrario, “Señales” va en una dirección muy diferente, ya que los acontecimientos se observan en torno a la perspectiva de una familia, de personas normales, aproximándose a la reacción que tendría cualquiera ante hechos extraordinarios como los que viven, demostrando el poder de lo que no se ve y ese miedo se insinúa por medio de siluetas, sombras, ruidos y amagos (como cuando se ve una pierna o una mano de dichos seres).
Es una película que no deja a nadie indiferente, ya que gusta o decepciona sin término medio, pues al elevarse a la fama por medio de “El sexto sentido”, los espectadores esperaban que todas las películas de Shyamalan fuesen en la misma línea, anhelando una película de terror que no les haga pensar sino pasar miedo, y consciente de ello, el director indio ha jugado con las campañas publicitarias, tratando temas comerciales con un estilo independiente.
En la película, se muestran principalmente las emociones de los personajes, siendo el momento clave la conversación entre los dos hermanos (protagonizados respectivamente por Mel Gibson y Joaquin Phoenix) en la que se afirma que ante un mismo hecho, las personas reaccionan de manera diferente, de modo que unos hablan de milagro y otros hablan de casualidad. Unos creen en el azar y que la suerte de la gente es aleatoria y otros ven señales y creen en el destino, creyendo que hay alguien ahí arriba que vela por ellos. No obstante, aunque pueda parecerlo, no es un trasfondo necesariamente religioso, simplemente apunta a una instancia superior que tendemos a llamar Dios.
El protagonista era un sacerdote protestante que perdió la fe y colgó los hábitos tras la muerte de su esposa en un accidente de tráfico y en una escena le confiesa a su hermano las últimas palabras que le dijo antes de morir. Consideró que eran frases sin sentido fruto de su estado moribundo, pero posteriormente esas palabras le marcarán, siendo el personaje decisivo en la trama, que evoluciona psicológicamente, ya que cuando el ataque es inminente le ofrece al resto de la familia preparar la cena favorita de cada uno porque cree que será la última cena al no tener esperanzas de que vayan a sobrevivir.
Cuando se encuentran recluidos en el sótano, el hijo sufre un ataque de asma y no tiene la medicación, de modo que el protagonista se enfada con Dios diciéndole: “No me vuelvas a hacer esto. Te odio”, es decir, no quiere volver a pasar por la tragedia de perder a un ser querido y después de perder a su esposa, no quiere perder a su hijo, lo que revela sus verdaderas creencias: sigue siendo creyente, es un “ateo por despecho” que no ha dejado de creer en Dios, sino que está enfadado con Él y ha cambiado su relación con el mismo, creyendo que no interviene, que ha dejado solos a los hombres y que no va a salvarlos. En claro contraste, su hermano sí tiene fe en que les protege y tiene esperanza en que van a salvarse, lo que le mantiene fuerte en los momentos más difíciles.
Al final de la película, cuando tienen que enfrentarse cara a cara con uno de esos seres, el protagonista recuerda las palabras de su esposa, que ahora pasan a cobrar sentido. Recuerda que le pidió a su hermano (un jugador de béisbol profesional) que batease fuerte, siendo la manera de combatir al amenazante ser, de modo que al igual que sucede en las novelas de Agatha Christie, se aprecia como todo detalle (por menor que sea) está conectado y tiene una razón de ser, viendo que la muerte de su esposa era el medio para transmitir un mensaje divino que sirve como guía para la salvación de la familia.
Por triste que pueda resultar, el fallecimiento de la esposa dio lugar a una nueva cadena de acontecimientos, pues ante la pérdida, su hermano se trasladó a vivir con ellos para ayudarles ante la difícil situación, y de no ser por él, no se habrían podido salvar, lo cual entronca con el récord de eliminaciones por golpes fuertes que tenía como jugador, pues ahora necesita hacer uso de la fuerza bruta y de manera casual descubrirá que un elemento simple como el agua es lo que acaba con ellos, sobre todo cuando la casa está llena de vasos de agua por las manías de la niña, proporcionándole las herramientas para vencerles. Se unen, por tanto, dos elementos clave: un bateador profesional y vasos de agua distribuidos por la casa, equiparable al motor de un coche dirigido por un conductor experto.
A todo lo anterior se suma el momento más tenso: cuando el extraterrestre cogió al niño y desplegó una especie de aguijón con el que pretendió inocularle veneno, y cuando lo llevan al exterior, el padre se da cuenta de que el veneno no ha entrado porque tenía los pulmones cerrados en ese momento, diciendo asombrado: “Por eso tienes asma”, llegando a la conclusión de que tiene una razón de ser, y cuando el niño despierta y le pregunta: “¿Alguien me ha salvado?”, le responde que sí a pesar de que no han hecho nada, en clara referencia a Dios, de modo que la película concluye con el protagonista volviendo a su condición de sacerdote, pues una experiencia excepcional le ha demostrado que no existe la casualidad sino la causalidad.





