«Las comparaciones son odiosas», refrán español que nos recuerda que no es bueno contrastar personas o cosas entre sí, ya que cada una tiene sus propias características y valores, y si lo hacemos, ello nos lleva a enjuiciar y de ahí a emitir opiniones sobre la inferioridad de una de las partes con respecto a la otra, cuando nunca se cuenta con toda la información.
Hace algo más de un mes un artículo de mi admirado Fernando Iwasaki, periodista y escritor nacido en Lima hace 64 años, me llamó la atención, porque de una forma resumida comentaba las semejanzas entre dos líderes políticos cuyas decisiones nos afectan a todos los españoles: Donald Trump y Pedro Sánchez, un par de gobernantes políticamente incongruentes, y lo hacía a través de los gestos, palabras y niñerías de ambos.
Atrás queda esa añeja división entre derecha e izquierda, nacida de la Revolución Francesa, o esa otra más reciente preñada de ideología que brotó tras la segunda guerra mundial donde los políticos se declaraban demócratas cristianos, conservadores o liberales (hacia la diestra) o socialdemócratas o comunistas (hacia la siniestra), dejando a un lado a los anarquistas por su escasa relevancia en el contexto político.
- ¿Se han fijado en cómo cambiaron sus respectivos partidos cuando ambos llegaron al poder? ¿Quién habla hoy de ideología republicana o de ideología socialista o socialdemócrata? Los dos alcanzaron el máximo poder dentro de su formación de un modo hostil, disruptivo, purgando a aquellos rivales que les podían hacer sombra, y las siglas pasaron a ser una marca personal.
- Los dos personajes hablan de la necesidad de levantar muros y alambradas: en el caso del líder americano para evitar la entrada de emigrantes ilegales o de luchas contra los “anti patriotas”, y en el caso del español para gobernar contra la ultraderecha (todos aquellos que no le bailan el agua) y los ultra ricos, que, mirando los tipos impositivos del IRPF, se sitúa en los que obtienen ingresos por rendimientos del trabajo superiores a los 60.000 euros anuales. ¿Dónde han dejado ese principio fundamental que dice que un gobernante gobierna para todos, también para los que no le han votado?
- Ambos gestionan la política exterior en clave nacional, con declaraciones y medidas que rompen con una trayectoria de décadas o siglos: Trump se enemista con Groenlandia, y por ende con Dinamarca, y también con Canadá, y Sánchez lo hace con Argelia y el Frente Saharaui, y no digamos con Israel, y, curiosamente, ambos tienen debilidad por Marruecos, aunque es evidente que por distintos motivos.
- Cualquier demócrata podría suscribir aquella frase que decía “prefiero libertad sin prensa a prensa sin libertad”, sin embargo los dos políticos ven enemigos mediáticos por todos lados, menos en aquellos grupos que se pliegan a las preguntas que ellos les sugieren o que no se muestran críticos con ninguna de sus decisiones. Así, la Fox es la cadena amiga de Trump, y el New York Times es “un enemigo del pueblo”, mientras que en España el grupo PRISA (diario El País, la cadena SER…) es el más condescendiente con Pedro Sánchez, a diferencia de El Mundo, Onda Cero, ABC y la COPE, mucho más críticos, calificados como “la máquina del fango”.
- ¿Se han fijado en cómo los familiares de los dos, se han visto beneficiados con tratos de favor? Ahí están los casos de Ivanka y Jared Kushner (hija y yerno del americano) y Begoña Gómez y David Sánchez (esposa y hermano del español).
- Tanto Trump como Pedro Sánchez no han leído a Montesquieu ni creen en la división de los tres poderes (ejecutivo, judicial y legislativo), y por ello mantienen conflictos con jueces y tribunales, porque les estorba la independencia del poder judicial que investiga y se atreve a imputar a personas vinculadas al poder. En el caso de España ahí está la pérdida de prestigio del Fiscal General y del Tribunal Constitucional.
- Ambos políticos han favorecido la realización de documentales sobre “su persona”, eso sí, Trump con mucho más éxito: “The Apprentice” (NBC), “Trump: An American Dream” (Netflix), “The Trump Show” (BBC) y “Unprecedent” (Discovery Channel), mientras que el único documental realizado sobre Sánchez solo fue emitido por RTVE porque ninguna cadena se atrevió a programarlo.
- El currículum académico de los dos líderes da cierta grima: los dos no pasaron de ser mediocres estudiantes, sus calificaciones son inaccesibles, sus titulaciones han dado que hablar y se ha corrido un tupido velo sobre ellas, y por ello no es de extrañar que ambos sientan aversión por las universidades privadas.
Llegados a este punto, ¿tiene sentido calificar a los dos políticos como situados en las antípodas el uno del otro? Sus seguidores, más o menos influidos por ese sesgo mental propio de quien se siente dentro del endogrupo que representan, puede que sí, pero tras la lectura del artículo referido y que hoy traigo a colación, tengo claro que son más semejantes que diferentes.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
¿Unidad en la diversidad? quizás. Cosas de la política y para mal de todos.
Buenas comparaciones de Alberto Tobaja. Para él mi saludo.