Sed de Reyes Magos
Se dice por estas tierras donde la Semana Santa va más allá de la religiosidad –poco menos que un modo de vivir en estas ciudades–, que tras la carroza de Baltasar aparece la Cruz de Guía de la primera hermandad del Domingo de Ramos. Y es verdad. Como que lo que más nos gusta verse perder en una esquina es la trasera de dicha carroza, tanto como la de un paso de Misterio o de palio. Ese candelabro de guardabrisas cimbreando como una flor movida por el viento. ¿Es o no es poesía?
Sin embargo, no voy a dirigir este trayecto literario por ese camino marcado por la cera de los cirios nazarenos. No. Voy a ir siguiendo la estela de la estrella que aún ha de verse por nuestro particular Belén que, por cierto, anda buscando Reyes Magos por Nervión. Qué curioso, ¿verdad?, en lugar de ser al contrario.
Pues sí. Se buscan ilusionadores, desde la Diputación de Obras Asistenciales de la Hermandad de la Sed, que para el cinco de enero hagan realidad los sueños, los deseos, las ilusiones y la felicidad de niños… y sus mayores. Y sus mayores, han leído bien. ¿O usted que me lee ha dejado de creer en esa magia? Si es así, le animo que vuelva a recuperarla.
Le animo, porque hay hombres y mujeres que aún tienen la esperanza de volver a sentir ese gozo ingenuo del regalo imposible del Día de Reyes. Aún hay adultos que quieren creer, ¡que creen!, por sus hijos, por sus nietos, por sus sobrinos, que existen esos tres trotamundos que vagan por nuestros cielos a lomos de imposibles camellos cargados de alegrías en forma de dádiva, mientras van leyendo con atención las cartas que se les han entregado y que comienzan, todas, con un Queridos Reyes Magos.
Quieren creer, ¡creen!, en ellos porque esos padres, madres, abuelos, tíos…, no pueden serlo como, quizás, lo sea usted o yo mismo. Son, eso sí, pajes de esa esperanza. Anunciadores de un día que, para sus pequeños, debe ser tan especial como para cualquier otro; ni más, ni menos. No me imagino lo duro, lo difícil y hasta trágico que debe resultar para esas personas llevar sacas vacías a sus espaldas.
Hay Sed de Reyes Magos. Hay, en estas fechas en particular, anhelos de Consolación para tanta familia sin recursos que, con más ansia que vergüenza, se acercan hasta estas puertas del desaliento. Sí, claro que hay Sed: Sed de caridad.
¿Habrá escena tan hermosa como aquella que se da en esa Pasión según Sevilla cuando por Eduardo Dato Cristo, desde su barrio, y la Giralda se miran de frente en la distancia la tarde del Miércoles Santo? ¡La hay! La de un crío la mañana de un seis de enero abriendo sus regalos.
Si quieren saber qué se siente siendo Rey Mago más allá de su Belén particular, sigan la estela de este artículo y, si pueden, apadrinen –acojan– la ilusión de un niño (obrasasistenciales@hermandaddelased.org).




