La presidencia de Trump ha dejado en muchos aspectos un balance brillante, ya que se ha alcanzado el pleno empleo, bajando la tasa de paro del 5 al 3.5 % (las cifras más bajas desde la década de 1960), en una sola legislatura el PIB ha crecido más que en dos legislaturas de Obama, la Bolsa ha alcanzado récords históricos, se ha llevado a cabo la mayor rebaja de impuestos desde Reagan (dando lugar a una oleada de subidas salariales), se han reducido en un 90 % las regulaciones y trabas burocráticas y se han desbloqueado los proyectos para construir oleoductos que Obama paralizó, obligando a que se construyan con materiales norteamericanos para impulsar sectores como el cemento y el acero.
En materia migratoria, aunque la construcción del prometido muro apenas ha avanzado unos 170 kilómetros más a lo largo de la legislatura, ha acelerado la expulsión de inmigrantes que habían cometido delitos y como medida de presión, ha retirado la financiación a los ayuntamientos que no colaborasen en la identificación de inmigrantes ilegales.
En materia de política exterior, ha sido el primer presidente en cuarenta años que no ha metido al país en ninguna guerra y ha obligado a sus aliados de la OTAN a que aumenten su gasto militar para sufragar el escudo antimisiles, ya que el grueso del gasto lo afrontaba Estados Unidos sin recibir contraprestaciones por ello.
En el plano moral, es el presidente que más ha luchado contra el aborto, ya que reactivó la orden de Reagan que prohibía financiar a las ONGs que sufragasen abortos en el extranjero, ha nombrado a jueces pro-vida en el Tribunal Supremo, Planned Parenthood ha cerrado varias filiales y ha garantizado la objeción de conciencia de los médicos, a lo que se suma que ha combatido la ideología de género como pocos gobiernos por medio de una polémica como razonable decisión de prohibir a los transexuales unirse a las Fuerzas Armadas, ya que en aras de esa ideología anti-científica y tributaria del marxismo, Obama dio orden de que los hombres y las mujeres se duchasen juntos en el Ejército para normalizar la presencia de transexuales y vender que hay “mujeres con pene” y “hombres con vulva” a pesar de ser un sector en el que se producen muchas violaciones, a lo que se suma que los transexuales son un grupo de población que presentan altas tasas de suicidio, siendo más propensos a la ansiedad y a la depresión, por lo que entrar en el campo de batalla supone ponerles en riesgo, añadiéndose que tienen que tomar tratamiento hormonal, lo cual no les hace aptos para unirse a las Fuerzas Armadas, del mismo modo que sucede con los obesos, los miopes o las personas de baja estatura.
Con este balance, Trump se ha convertido en uno de los mejores presidentes de la Historia norteamericana. Cuestión diferente de su ejecutoria es el propio personaje y su retórica incendiaria e irreverente, así como su personalidad ególatra, autoritaria, arrogante y narcisista, que le desacredita políticamente y da lugar a una ridiculización del personaje, lo cual contribuye a ayudar a su adversario en la tarea de crear animadversión, ya que sus formas han polarizado seriamente al país, lo cual ha dado lugar a una reflexión en las filas republicanas incluso entre aquellos que le apoyaron al considerar que se necesita a alguien con las mismas ideas (ya que su logro ha sido presentarse en el momento apropiado con el discurso apropiado) pero con un aura de respetabilidad y coherencia, es decir, aquello que en su día representó Reagan, que desde la derecha pudo articular un liderazgo moral sobre la sociedad.
La derrota de Trump ha tenido un efecto indeseable sobre el espacio que representa en el mundo, dejando huérfano de un espejo en el que reflejarse y proyectar lo que sería su acción de gobierno a las formaciones que desde planteamientos identitarios abanderan la derecha, ya que a día de hoy son las únicas que dan la batalla de la ideas contra las tesis de la izquierda.
En su día, muchos vimos que la victoria de Trump daría lugar a una subida de dichas fuerzas, pero a día de hoy, vemos resultados desiguales (algo que a su vez depende de las circunstancias propias de cada país), ya que en Hungría y Polonia están más que consolidadas, pero al no estar entre las principales potencias no reciben la misma atención mediática que cosecha Estados Unidos.
En Brasil, Bolsonaro se ha convertido en un presidente más popular de lo que antaño fueron Lula y Cardoso, creciendo el país a un 2 % anual tras cinco años de recesión y descendiendo ligeramente el paro del 12 al 11 % y a diferencia de Sánchez, ha dado a muchos sectores ayudas económicas para combatir la pandemia y ha conectado con las clases populares al terminar obras que comenzó la izquierda en zonas en las que le votaban, conectando con los sectores más humildes del mismo modo que Lula, a lo que se suma una estrategia inteligente que le diferencia de Trump al dejar a un lado sus ataques contra la prensa. No obstante, si Trump presentaba sombras en lo personal, las de Bolsonaro son elevadas al máximo, ya que hace un discurso contra la democracia, racista, machista y homófobo, por lo que por mucho que los resultados de su gestión sean positivos, dista mucho de ser el referente de una derecha que aspire a regenerar moralmente la sociedad desde valores cristianos.
En Francia, a un año vista de las elecciones presidenciales y con un Macron convertido en el presidente más impopular de la V República, la Agrupación Nacional de Le Pen, en su condición de segunda fuerza política, aunque por primera vez ganaría la primera vuelta (un hecho inédito), sólo incrementa sus apoyos en un 5 % pese a haber un clima tan desfavorable al gobierno, y es porque el miedo al viejo Frente Nacional sigue pesando mucho, y no tanto por el pasado de la formación sino por el programa que presentan, tan estatista y antieuropeísta que podría generar un desastre económico equiparable al que dejará en España el gobierno social-comunista, de modo que los lepenistas deben hacer la misma reflexión a la que están llamados los trumpistas: si aspiran a llegar al gobierno y llevar a la práctica parte de sus ideas, deben conectar con una parte de la sociedad para que sus tesis avancen y no retrocedan en el maximalismo, y para ello deben ser conscientes que cuando hablan de abandonar la Unión Europea, muchos franceses se ven en el precipicio porque por muchos fallos que presente, fuera hace mucho frío, debiendo ser la alternativa corregir dichos defectos que socavan la soberanía de las naciones en los delirios colectivistas de los eurofanáticos.
La Agrupación Nacional debe ser consciente de que su espacio de crecimiento está en la derecha, debiendo aunar elementos liberales y sociales para atraer por igual a trabajadores y empresarios porque ese espacio netamente proteccionista ahuyenta a los empresarios (que se refugian en el centro y la derecha), y mantener la misma línea en materia de inmigración, terrorismo y lucha contra la islamización, porque por mucho que Los Republicanos traten de competir virando a posiciones identitarias, Le Pen siempre tendrá la bandera de la coherencia y la credibilidad, pues su partido lleva cincuenta años haciendo el mismo discurso en la materia, pero todo apunta a que tras tres elecciones fallidas debe dar el relevo a su sobrina Marion Maréchal, rostro de la regeneración y por motivos generacionales y de parentesco, mucho más desvinculada del extremista fundador del partido, lo que podría abrir la veda a un escenario análogo al de Grecia, donde el mapa político se ha reconfigurado y Syriza ha desplazado al PASOK, siendo la socialdemocracia sustituida por un espacio más a la izquierda.
En Portugal, por el contrario, hay razones para la esperanza, ya que las elecciones presidenciales han convertido a CHEGA en la tercera fuerza política, aunque las encuestas más optimistas vienen de Italia por una serie de razones que es menester detenerse a analizar.
La legislatura comenzó en el país transalpino con una coalición de la Liga de Salvini y el Movimiento Cinco Estrellas, dos partidos con visiones antagónicas en muchas cuestiones: mientras en el plano económico uno era más liberal, el otro era más estatista y en cuestiones morales, mientras uno era conservador, el otro era progresista, aunque claramente coincidentes en materias clave como la postura ante la inmigración y la Unión Europea, dando como resultado el primer Ejecutivo netamente soberanista de Europa Occidental, lo que suponía dar una vuelta de tuerca al escenario austríaco, en el que el centro-derecha de Kurz precisó del apoyo de los identitarios del FPÖ a la hora de gobernar, pero ese gobierno fue efímero, pues bajo la excusa de solicitar plenos poderes para gobernar, Salvini planteó una electoralista moción de censura para convocar elecciones al verse como potencial ganador de unos comicios en los que superase al Movimiento Cinco Estrellas, pero temiendo ese escenario, sus adversarios del Partido Democrático se unieron para apoyar al gobierno de Conte y darle la estabilidad de la que carecía ante un socio desleal.
El desgaste de gobierno de Conte dio lugar a la división de su propio partido con una posible escisión en el horizonte, ya que ha moderado muchos de sus planteamientos y se ha acercado al centro-izquierda, que era el socio natural que el primer ministro tenía en mente, lo que ha generado la ira de los grillinos, que en consonancia con el espíritu fundacional del partido prefieren a Salvini como socio al priorizar la lucha contra Bruselas y la inmigración masiva, y el líder de la Liga, consciente de esta situación, trata de cortejar a ese electorado que hoy se siente huérfano, siendo esa una de las principales razones para presentar la citada moción de censura: dividir al Movimiento Cinco Estrellas, que competía por el mismo espacio nacional-populista desde posiciones diferentes.
Las ambiciones de Salvini se han visto truncadas por la mala gestión que su partido ha hecho del coronavirus en Lombardía, a cuyo frente gobiernan, y para más inri con pocas justificaciones, ya que se trata de la región más rica del país y con un amplio margen para contar con una sólida estructura sanitaria, pero el hecho de que el crecimiento de Salvini se haya frenado no debe ser una mala noticia sino al contrario, ya que lo están capitalizando los Hermanos de Italia de Meloni, que a diferencia del oportunista Salvini (que de la noche a la mañana pasó de ser nacionalista padano a patriota italiano), siempre ha hecho el mismo discurso, manteniéndose coherente (ya que cree realmente en lo que dice), lo que la ha convertido en la segunda política más popular del país, a lo que se suma su tono moderado y razonable dentro de su firmeza de convicciones, demostrando sentido de estado y mano tendida ante la pandemia del coronavirus, siendo lo que en su día fue la Izquierda Unida de Anguita en la derecha, es decir, lo mismo que VOX representa en España al no aspirar a cargos ni a una parcela concreta de poder sino a influir sobre el conjunto de la sociedad y a que se lleve a la práctica su programa. En este sentido, se negó a entrar en el gobierno con el Movimiento Cinco Estrellas frente a las injustificables piruetas de la Liga y da la batalla en cuestiones morales cuando mucho han dejado ese terreno exclusivamente abonado a la izquierda, comenzando por el propio Salvini, que juega a la ambigüedad en aras de no perder electores a ambos lados del espectro.
Los últimos acontecimientos abren la puerta a que la derecha, de la mano de Salvini y Meloni, sumen mayoría absoluta, un escenario esperanzador en el que la derecha recobraría desde el conservadurismo nacional el referente que tanto en fondo como en forma necesita de la mano de Meloni, que cuenta como activo con su propia trayectoria personal, fruto del esfuerzo y la superación al ser una mujer hecha a sí misma a quien su padre abandonó, teniendo que trabajar como niñera, camarera y vendiendo discos en un mercadillo, lejos del elitismo que se pretende achacar falsamente a la derecha.
Si en el PP ha tenido como referente en sus horas altas a Merkel y Ciudadanos a Macron, el modelo de VOX puede ser Meloni, que cuenta con la ventaja de encontrarse en un país del sur de Europa, mucho más similar a España que las otras dos naciones occidentales, lo que demostraría que el programa de VOX puede llevarse a la práctica y repercutir muy positivamente en el interés de España.





